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140 años de Herrera

25/07/2013 Sin Comentarios

El 22 de julio se cumplen 140 años del nacimiento del Dr. Luis Alberto de Herrera. Sobre su personalidad mucho se ha dicho y escrito. Cientos de miles de uruguayos lo vivaron y admiraron, mientras para otros fue el enemigo, más que el adversario, al que combatir y destruir.

El Herrera que conozco es fruto de la lectura y del relato de sus contemporáneos. Cada fuente aporta una faceta que termina integrándose y conformando un todo de dimensión imponente. Una personalidad, nacida pasados apenas tres años de terminada la guerra de la Triple Alianza, y muerto cuando los antibióticos erradicaban enfermedades milenarias. Nació cuando aún se ponía en duda el derecho del Uruguay a existir y murió cuando Uruguay, consolidada su personería, contribuía desde los foros internacionales al nacimiento de los nuevos estados de la postguerra.

Fue revolucionario, periodista y legislador, pero por sobre todo un político; y por sobre todo un caudillo de una magnitud impresionante: Muerto Saravia será el Jefe Civil del Partido. Esta es una de las facetas de su personalidad que más despierta la atención, y que al unísono con su pensamiento, profundo en el contenido pero sencillo en la expresión, explica su vigencia en el sentimiento de las generaciones que no lo conocimos.

Herrera, el hijo de una estirpe patricia, el “doctor”, que llegó a convertirse en el caudillo de miles de uruguayos de toda condición que esperaban su palabra, en la que confiaban y depositaban su esperanza. La historiografía nacional, tan amiga de ubicar a las figuras de nuestra historia en los perimidos casilleros de ”la izquierda” y “la derecha”, siendo ésta última, por supuesto, para muchos la síntesis de todo mal, ha querido denostarlo tachándolo de conservador, de un patricio al servicio del interés de los poderosos, un político liberal ajeno a las causas populares.

Algunos le conceden su convicción y coherencia americanista y antimperialista, pero les es imposible aceptar que el herrerismo fuera, y siga siendo, una expresión política de honda raigambre popular. Para salir de su error bien harían en repasar las incontables iniciativas que Herrera impulsara en pos de desarrollo nacional. Entre ellas, sus decisivas intervenciones en los programas de principios del Partido Nacional, comenzando por el emblemático de 1906.

Como caudillo popular que era, Herrera no conocía la realidad, entre ella la de los más necesitados y desposeídos, como resultado del estudio académico universitario, sino a partir del contacto directo con los hechos. Para él, las situaciones, cualesquiera fueran, tenían un rostro, un nombre y un apellido. Entonces, el pequeño productor obligado a malvender su tierra por ausencia de crédito rural y condenado a vivir en un “pueblo de ratas” o a emigrar a Montevideo; o el obrero explotado por la codicia del capital, o el empresario que pujante apostaba a mejorar la producción, no eran entelequias, cifras de una estadística.

Para Herrera eran seres con rostro y con historia, ubicables en el espacio y en el tiempo. Por eso por Herrera se sentían comprendidos y representados en sus esperanzas y anhelos. Cumplió a plenitud su misión de interpretar y conducir. Ejercer esa responsabilidad le hizo conocer más derrotas que victorias, el amor y el reconocimiento, sin escapar a la incomprensión, la ingratitud y la traición. Supo levantarse una y mil veces.

Fuente: diario El País

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