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Herrera

19/07/2013 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

El Uruguay asiste a las conmemoraciones de los 140 años del nacimiento de Luis Alberto de Herrera, lo decimos así porque, en nuestro país, aún quienes no lo saben o no lo conocen, deben agradecer la lucidez del derrotero de una figura que venció prejuicios, adversidad, justificados temores y también venció al tiempo. Desde el último cuarto del S XIX hasta la segunda mitad del XX con la mirada fija en los nobles ideales del nacionalismo, recorrió una sinuosa vida política, dejando grabado en el carácter nacional su gran contribución a la defensa de lo nuestro y de los intereses de los orientales.

El mejor elogio que hoy sentimos que podemos ofrecer a Herrera, es proyectar sus ideas, inyectarlas en la realidad actual y la futura, participando de la acción política del Uruguay a través del Partido Nacional y en la corriente que orgullosa y comprometida lleva su nombre, el Herrerismo.

Corriente, sublema, estilo, impronta, conducta, pensamiento, en fin, estas son algunos de los adjetivos que pueden acompañar al Herrerismo, de tanta significación en la vida del País y en la del Partido Nacional. Lo cierto es que en ambos espacios nos parece imprescindible su vigencia y actuación, y en esta tarea muchos ciudadanos y compañeros tienen responsabilidad. Tarea que no ofrece licencia ni esperas.

El Uruguay vive una etapa inédita en su crecimiento económico, y si bien esto no ha garantizado la erradicación de la miseria que golpea tras la puerta día a día, mucha gente parece olvidar que la prosperidad individual o familiar del momento, no garantizan por sí que la sociedad en el futuro la tenga asegurada. Máxime cuando tras el derroche de recursos públicos  administrados a favor de las cuotas políticas de los grupos del partido en el gobierno, la ineficiencia y el dogmatismo se resisten a organizar una enseñanza pública  que se cae a pedazos y que somete a los más pobres a su dictadura. Tampoco los ríos de recursos más los impuestos destinados al estatizante sistema de salud han resuelto sus problemas y por el contrario los han agravado. Que decir de la crisis de inseguridad, que orienta a los ciudadanos a descreer del estado en un fin primario como es este, y que arroja a las personas a la autodefensa como único y último recurso a practicar.

Este panorama, que ofrece un flanco de debilidad muy grave para una sociedad que cree estar ingresando al desarrollo, exige de la alternativa que es el Partido Nacional, una actitud de franqueza, que no se distraiga, que asuma compromiso en sus definiciones, aunque cuando sean públicas puedan aparecer como disonantes o poco simpáticas. Y en nuestro Partido, cuyas definiciones ideológicas son invariables, no hay duda que el Herrerismo ha sido a lo largo de la historia el custodio.

Amor por la libertad, como  principio y como derecho, subsidiariedad del estado como garantía de prosperidad, identificación clara del interés nacional como respaldo a los orientales la satisfacción de sus aspiraciones y su orgullo nacional, sensibilidad ante el drama de la pobreza como condicionante de su accionar, pragmática en la acción identificando claramente el fin sin enamorarnos del instrumento para lograrlo. El Herrerismo, no más blanco que nadie pero tampoco menos, ha sabido abrir puertas a nacionalistas de todos los partidos y ciudadanos de otras corrientes, gracias a su claridad de objetivos, precisión conceptual y franqueza para asumir sus posiciones.

El Uruguay necesita al Partido Nacional, pero no dicho como una frívola apreciación cuyo único horizonte es un episodio electoral, cuestión que lamentablemente a algunos desespera. Lo necesita para que cumpla el rol que le corresponde, el de decir lo que no se oye sobre la fragilidad del presente y la imprevisión con la que se proyecta el futuro. Lo necesita para que la sociedad asista a una confrontación al discurso oficial, que pretende anestesiar la capacidad de crítica y de formulación de alternativas. Lo necesita para que se fortalezcan las capacidades de optar y de alternar que una ciudadanía sanamente critica merece tener.

Y el Partido Nacional para cumplir ese rol no puede privarse de su histórico anclaje, el Herrerismo, que no ha perdido a lo largo de cien años sus cualidades ejemplares, aún con el paso de los hombres y del tiempo.

Viva Herrera, su ideario, su pragmática, su enorme contribución a la patria!!!!

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