Portada » Destacado

El contrato

19/07/2013 Sin Comentarios

Luis Alberto Lacalle Herrera

Con claridad razonaba el Jefe de los Orientales cuando, advirtiendo acerca de la veleidosa probidad de los hombres, reclamaba “las seguridades del contrato”. La mención contractualista referida a la Constitución puede parecer anticuada y superada por otras concepciones , pero nada puede superarla en cuanto a lo gráfico del contenido. Nos comprometemos a vivir en comunidad nacional y nos regimos, para esa misma convivencia, por los términos del contrato o sea, el pacto acerca de los derechos que se nos reconocen como seres humanos, las formas de legitimidad del poder y las atribuciones y límites con que se desempeñan los poderes del Estado. Fuimos nación antes que país. Se gestó la personalidad nacional alrededor de la potencialidad portuaria de Montevideo, adquirió conciencia de su poder en las invasiones inglesas, se congregó junto al Jefe de los Orientales en 1811 y marchó en pos del mismo, cuando el Éxodo. La partida de nacimiento definitiva fue la de 1828 y las mencionadas “seguridades” se plasman en 1830.

En julio, mes de ese aniversario, conviene que reflexionemos hoy acerca de nuestra Carta fundamental, de su verdadera vigencia. Nos apresuramos a recordar que de la letra a la realidad siempre hay una distancia, que no alcanza con enumerar derechos, si los mismos son nada más que enunciados. En ello hemos pecado como sociedad, más amiga de la declamación que del ejercicio. Seguramente que ahí esta uno de los faltantes mas notorios de la vida nacional la constatación que del escrito al hecho, media una considerable distancia. Cuando la diferencia entre lo prescrito y la realidad se hace mas evidente, es en el muy importante capítulo de los controles a la administración conferidos a un órgano de la máxima jerarquía como es el Tribunal de Cuentas. Estudiando sus competencias, así como las de la Corte Electoral y las del Tribunal de lo Contencioso Administrativo, algunos especialistas han señalado que entre nosotros , se puede agregar a los tradicionales tres poderes, un cuarto, constituido por estos tres órganos a los cuales se podría agrupar alrededor del concepto de “poder de contralor”. Pero en el caso del T.C.R, se trata de un poder prácticamente impotente. Los funcionarios de dicho órganos , en Ministerios, Entes e Intendencias , controlan la legalidad de los gastos o inversiones, comparándolos con las correspondientes habilitaciones legales. Lo hacen a conciencia y luego de su labor, el máximo nivel del T. C. R, resuelve observar el acto administrativo y comunicarlo a la Asamblea General, “a sus efectos “. Agreguemos que el jerarca observado puede reiterar el gasto , a pesar de la observación y seguir adelante . El “a sus efectos” concluye en un cajón del Poder Legislativo, sin más consecuencias. Vale decir que lo que en la letra de la Carta aparece como una garantía de control , se convierte en la nada jurídica en cuanto a sus consecuencias . Grave es que esto ocurra cuando se olvida que la hacienda publica debe de ser cuidada. Inútiles han sido hasta ahora , los esfuerzos por legislar interpretando la Constitución y afinando algún mecanismo de sanción para las actitudes contumaces de quienes hacen caso omiso a las advertencias del T.C. Un caso emblemático del país real y el de papel .

En el pacto de convivencia se logró establecer un régimen especial de mayorías muy difíciles de obtener -a de 2/3 – para modificar la legislación electoral. El objetivo buscado es simple y defiende las garantías del sufragio. Que no se pueda, por mayoría simple y por antojo de quien ejerce el poder, cambiar las reglas de la expresión popular. Fue una conquista que como Partido Nacional, logramos introducir, terminando para siempre con la posibilidad de leyes “de medida” en una materia tan delicada. Así lo creíamos hasta la legislatura pasada. Durante la misma, el Frente Amplio con su mayoría simple en ambas cámaras, violó claramente la Constitución al aprobar la creación y elección de intendentes y consejos municipales. De nada valieron las advertencias de la oposición. Se siguió adelante con la soberbia que ha caracterizado a estos gobiernos. Las normas valen si no se oponen a lo que esta fuerza, desde el gobierno, quiere. Mal antecedente que nos hace reflexionar y estar alerta ante otras posibles aventuras en materia de derecho al sufragio y eventuales resultados no gratos a los señores que ejercen el poder.

Finalmente, recordemos la necesaria armonía y equilibrio que deben guardarse en las relaciones entre los tres poderes y sus diferentes funciones. Nos referimos especialmente al mecanismo de declaración de inconstitucionalidad de las leyes , competencia privativa de la Suprema Corte y ultima garantía de los ciudadanos. Recordemos que contrariamente a lo que ocurre en otros estados, la Corte – entre nosotros – no se elige a propuesta del Poder Ejecutivo, sino que ello es competencia exclusiva de la Asamblea General, salvo el transcurso de un plazo, al cabo del cual ingresa el Ministro de Tribunal más antiguo. No hay participación del PE, no hay Ministros que le deban el cargo al Presidente de la República y la mayoría exigida para nominarlos en la Asamblea General es garantía de amplio consenso. Ante estas sabias estipulaciones se han levantado airadas voces de legisladores frentistas, cuando no les ha “gustado “ alguna decisión de la Suprema. Otra vez la actitud de que si nos sirve la legalidad la consentimos, pero si no nos gustan las decisiones hablamos de reforma. Hacemos a estos desaforados compatriotas la gracia de no vincular sus actitudes con las de los vecinos K, convencidos por la Sra. Fernández de Kirchner que las autoridades judiciales deben de votarse en listas de los partidos. Pero , aunque parezca mentira , así lo han propuesto destacadas autoridades frentistas . La mejor reforma de la Constitución es cumplirla, ponernos de acuerdo para perfeccionarla y asumir cada uno las responsabilidades que en esa materia le correspondan.

Publicado en el diario El País

Envíenos su comentario

Agregue su comentario, o trackback desde su sitio. También puede suscribirse a estos comentarios vía RSS.