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Gobernados por los más viejos

18/07/2013 Sin Comentarios

 Antonio Mercader, diario El País – 18.07.2013

Si Tabaré Vázquez se convirtiera finalmente en candidato del Frente Amplio y ganara las elecciones del año próximo sería el presidente más viejo de la historia nacional pues asumiría con 75 años y abandonaría el cargo convertido en octogenario. Eso es algo raro en el mundo de hoy, pero no tan raro en un país avejentado como el nuestro que viene de elegir a dos presidentes como Jorge Batlle y José Mujica que superaban los 70 años cuando llegaron al poder.

Esa cifra revela una actitud conservadora de los uruguayos que a la hora de votar tienden a desconfiar de la juventud y optan por premiar la experiencia. Acostumbrados como estamos al elevado promedio de edad de los candidatos, Luis Lacalle Pou nos parece un adolescente a pesar de que si triunfara llegaría a la presidencia con 41 años, es decir cinco años más de los que tenía, por ejemplo, Baltasar Brum, ungido primer mandatario un siglo atrás.

Ni que hablar de lo que pasa en el mundo en donde Dimitri Medveded fue presidente de Rusia a los 42 años y David Cameron primer ministro del Reino Unido a los 44. Por poner otro ejemplo, Felipe González, uno de los artífices de la democracia española, gobernó desde los 40 años sin que a nadie se le ocurriera vaticinarle un fracaso en atención a su edad. A la vista de estos datos no parece que rusos, ingleses o españoles anden todos despistados y que los uruguayos estemos en la línea correcta.

Si bien los años garantizan un mínimo de sabiduría y prudencia, es claro que también minan el interés por lo nuevo así como la capacidad de asimilar los cambios e incluso de promoverlos. Tal vez por eso en la mayoría de las democracias el electorado suele volcarse hacia candidatos de edad intermedia, entre los cuarenta y los cincuenta años, y no muchos más.

Eso ocurre en sistemas democráticos, claro está, pero no en los dictatoriales en donde se esclerosan gobernantes octogenarios como Raúl Castro, heredero vitalicio de la dinastía que gobierna Cuba desde hace más de medio siglo. En esos regímenes abundan los carcamales aferrados al pasado, recelosos de la innovación y partidarios del status quo, lo que condena a sus países al atraso. En cambio, las sociedades abiertas deben atender a las nuevas tendencias así como a un proceso de negociación constante en donde la adaptación a las transformaciones resulta indispensable.

Aunque la historia muestra casos de ancianos que fueron brillantes estadistas —Konrad Adenauer gobernó Alemania hasta los 87 años— una seguidilla de septuagenarios al frente de nuestra Torre Ejecutiva con el cierre de un Vázquez octogenario merecería un estudio por parte de sociólogos y antropólogos para saber qué nos pasa. De concretarse esa posibilidad quedaríamos en situación similar a la China post-Mao en donde los dirigentes más añosos se hicieron con el poder, cosa que últimamente Pekín está corrigiendo.

Ya en la Grecia antigua se valoraba a los consejos de ancianos (gerontocracia) más por su condición de asesores que como responsables supremos. Aunque escuchar su consejo y aprovechar su experiencia es algo que se practica con éxito en algunos países, la anomalía consiste en entregar de modo sistemático el bastón de mando a los gerontes. El hecho de que Uruguay ostente un alto promedio de edad en su población no implica que su presidencia deba parecerse a un cotolengo.

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