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¿Y dónde está el piloto?

05/07/2013 Sin Comentarios

Editorial, diario El País – 05.07.13

Improvisación, talenteo, falta de rumbo, eran ya características propias de este gobierno de José Mujica. Pero la discusión de estos días sobre los cambios en materia impositiva, han elevado la sensación de absoluto desgobierno a puntos de exasperación.

Y hacen temer que los meses que quedan hasta el final de esta administración, sean un “carrousel” delirante en el que nadie sabe bien qué esperar.

Todo empezó en medio del furibundo e irracional conflicto encabezado por los gremios de la educación y de los funcionarios públicos, que pese a tener convenios vigentes que determinaban fuertes aumentos salariales, salieron a exigir más y a incendiar las praderas. Todo eso “adobado” con versiones delirantes, pero a esta altura creíbles, de que el presidente Mujica les habría dicho: “ustedes pidan, que hay”. Apretado por este enfrentamiento con dirigentes gremiales políticamente afines, al gobierno se le prendió la lamparita: ¿cómo tirar un hueso a los gremios “compañeros” sin terminar por desbalancear las cuentas públicas? Simple, aumentar impuestos.

Primero se anunció que no se devolverían los excedentes del Fonasa. Y hasta el circunspecto vicepresidente Astori, garante de la seriedad en el manejo del dinero público, salió a justificar la medida con el poco creíble argumento de que se usarían esos recursos para mejorar la salud de “los más débiles”. Pero la noticia generó una tormenta entre los castigados sectores medios de la sociedad uruguaya, que se empiezan a cansar de ser los financistas de todas las aventuras y despilfarros de este gobierno. Además de que la genial idea tenía el pequeño detalle de ser ilegal por todos lados, por lo cual, con la misma pompa que se había anunciado, se dio marcha atrás.

Así salieron el secretario y el prosecretario de Presidencia, Homero Guerrero y Diego Cánepa a informar que no se tocaría el excedente del Fonasa, y que en cambio se aumentaría la franja de ingresos altos a las que se carga con el máximo de IRPF. Todo con el viejo argumento de “que pague más el que tiene más”, como si ello fuere un cheque en blanco que admita hacer cualquier cosa con nada menos que el esquema tributario del país. Ese que tras la última reforma se dijo que daría estabilidad, justicia y previsibilidad a la economía nacional.

Pues bien, no pasaron 24 horas más, que se vuelve a dar marcha atrás y a anunciar que la intención del gobierno es volver a intentar apropiarse de los excedentes del Fonasa. A ver, no estamos hablando aquí de versiones de prensa, de rumores maledicentes, o de comentarios del “duende” de Presidencia. No. Hablamos de que en menos de 48 horas, los principales jerarcas del gobierno hicieron tres anuncios totalmente contradictorios. Y, como si fuera poco, referidos a una de las cuestiones centrales para cualquier país, como es su sistema tributario y su respeto a las leyes vigentes.

Es claro que esto no sucede porque se necesiten fondos para financiar algún programa marginal del Mides, o alguna clínica en barrios carenciados, como sugirió con su habitual nulo respeto por la capacidad intelectual de los ciudadanos el vicepresidente Astori. Las razones de todo este desvarío e improvisación parecen ser dos y muy claras. Por un lado el persistente reclamo del ala más retrógrada del gobierno por aumentar los impuestos a los “ricos”, no para financiar alguna actividad pública, sino como método de igualación hacia abajo, tal como prevén sus oxidadas biblias ideológicas. Un ala que lo que carece en votos, lo tiene de sobra en capacidad de presión sindical, cosa que para un gobierno de “izquierda” es duro de tragar.

Por otro lado está el tema de los números en rojo de la administración, que por culpa de sus irracionales expectativas a futuro, y su despilfarro de los recursos públicos, ya avisó que el déficit de este año será del 2,7% del PIB. O sea que en un momento de bonanza histórica, con el señor que dirige la DGI anunciando todos los meses récords de recaudación, el gobierno sigue gastando mucho más de lo que ingresa. Gastando no en inversiones a futuro, sino en cargos de confianza, en embajadores itinerantes, en dudosos proyectos de “autogestión”, en seguros de paro de 40 meses para comprar votos. Y ese agujero, de alguna forma hay que taparlo.

Entonces, nuevamente, el sablazo cae sobre los sufridos contribuyentes, sobre las castigadas capas medias, sobre “los nabos de siempre”. La gran pregunta es ¿hasta cuándo?.

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