Portada » Actualidad

El hombre mediocre

05/07/2013 Sin Comentarios

Carlos Berrutti

A 100 años de la publicación de una de sus mejores obras recuerdo hoy a Giuseppe Ingegnieri.

Nació en Italia en 1877 y llegó con sus padres de muy pequeño a Argentina. Estudió en Bs. As.y se recibió de Médico. Falleció en Bs. As. en 1925 a los 49 años.

Se le conoce como José Ingenieros y es el autor de “El Hombre Mediocre”, libro éste que publicó en 1913.

Algunos de sus conceptos fueron tomados por el español José Ortega y Gasset, para construir su conocida antinomia entre el hombre-masa y el hombre-noble, plasmada en su libro “La rebelión de las masas”.

Parece que lo hubiera publicado ayer.

Extraído de “EL HOMBRE MEDIOCRE”

Cada cierto tiempo el equilibrio social se rompe a favor de la mediocridad.

El ambiente se torna refractario a todo afán de perfección, los ideales se debilitan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida.

Los gobernantes no crean ese estado de cosas; lo representan.

El mediocre ignora el justo medio, nunca hace un juicio sobre sí, desconoce la auto-crítica, está condenado a permanecer en su módico refugio.

El mediocre no se atreve a confrontar, con el que piensa distinto, es fundamentalmente inseguro y busca excusas que siempre se apoyan en la descalificación del otro.

Carece de coraje para expresar o debatir públicamente sus ideas, propósitos y proyectos. Se comunica mediante el monólogo y el aplauso.

Esta actitud lo encierra en la convicción de que él posee la verdad, la luz, y su adversario el error, la oscuridad.

Los que piensan y actúan así integran una comunidad enferma y más grave aún, la dirigen, o pretenden hacerlo.

El mediocre no logra liberarse de sus resentimientos, viejísimo problema que siempre desnaturaliza a la Justicia.

No soporta las formas, las confunde con formalidades, por lo cual desconoce la cortesía, que es una forma de respeto por los demás.

Se siente libre de culpa y serena su conciencia si disposiciones legales lo liberan de las sanciones por las faltas que cometió.

La impunidad lo tranquiliza. Siempre hay mediocres; son perennes. Lo que varía es su prestigio y su influencia.

Cuando se reemplaza lo cualitativo por lo conveniente, el rebelde es igual al lacayo, porque los valores se acomodan a las circunstancias.

Hay más presencias personales que proyectos.

La declinación de la “educación” y su confusión con “enseñanza” permiten una sociedad sin ideales y sin cultura, lo que facilita la existencia de políticos ignorantes y rapaces.

Envíenos su comentario

Agregue su comentario, o trackback desde su sitio. También puede suscribirse a estos comentarios vía RSS.