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Falta de respeto a José Artigas y los valores históricos

21/06/2013 Sin Comentarios

 Jaime Mario Trobo

La decadencia del tratamiento a los símbolos nacionales y a las conmemoraciones de hechos históricos, es un proceso que no parece tener pausa. Y lamentablemente en este proceso de degradación de valores comunes de los orientales, las autoridades tienen mucho que ver. En estas horas asistimos a una situación lamentable, nada mas ni nada menos que la suspensión de los eventos o actos de conmemoración del natalicio de nuestro gran José Artigas. Los 249 años del nacimiento de quien consideramos el fundador de la nacionalidad oriental pasaron sin pena ni gloria.

Dos circunstancias han pautado la jornada del 19 de Junio de este año, en el lugar donde tradicionalmente se realizan los actos de conmemoración del nacimiento de nuestro prócer; la organización de una serie de protestas o manifestaciones por reclamos diversos y la decisión de las autoridades- no se sabe bien si departamentales o nacionales- de suspender abruptamente la realización del evento oficial sin alternativa.

Lo grave de esta circunstancia, se acumula a otras situaciones anteriores que se suceden desde hace tiempo, y que revelan desinterés en estimular la consideración y la importancia de fechas patrias, respeto a símbolos nacionales y desestructuración de identidades históricas que durante cientos de años conformaron los valores y vínculos de la familia oriental. Quizás la manifestación mas grotesca de este transito, sea la supresión lisa y llana del escudo oficial de la República, propiciada por el vértice de la administración pública el Poder Ejecutivo, uno de los tres poderes del sistema institucional, sin duda el que mayor estructura y poder económico tiene, con innegable impacto en la opinión pública en todos los rincones del país, aún los mas lejanos.

En este panorama lo del Miércoles 19 de Junio de 2013, puede considerarse natural, pero admitirlo sería adherirnos a las bondades de la decadencia que se propicia o se admite, de la conmemoración de nuestra historia. Por ello reaccionamos frente al hecho.

Lo primero que constatamos es la falta de ubicación de grupos de intereses particulares, y no emito juicio de valor sobre su legitimidad, que han resuelto realizar sus protestas o demandas introduciéndose en los eventos oficiales conmemorativos de nuestra identidad nacional. Que un grupo de maestros, o funcionarios de un gobierno departamental, o ciudadanos que rechazan una forma de producción resuelvan usar un evento patriótico para amplificar su reclamo está fuera de lugar, constituye una presión injusta sobre la ciudadanía y desnaturaliza el acto, lo sitúa como un simple escenario de amplificación de una demanda. Deja en un segundo o tercer plano la razón de la convocatoria y demuestra una insensibilidad respecto de un valor colectivo, simbólico, pero de mucha importancia en la identidad nacional. Es una manipulación inaceptable. Que pensarían los mismos manifestantes, si los militares que deben desfilar rindiendo honores a nuestros próceres o sus gestas, aprovecharan la ocasión para decorar sus equipos con reclamos, demandas o cualquier tipo de expresión que no condiga con la importancia y solemnidad de la circunstancia ?.

Lo segundo, es la falta de carácter y responsabilidad de las autoridades departamentales y nacionales que resolvieron suspender las ceremonias, ante la amenaza de los manifestantes de realizar sus demandas en el marco del evento. Triunfaron las amenazas sobre la importancia de la conmemoración del 249 aniversario del nacimiento de nuestro padre José Artigas.

Los hechos están a la vista, no hay duda que el derrotero de la insensibilidad creciente que ha ido ganando al país en relación a las fechas patrias, el desprecio por los símbolos y atributos que nos unen a todos los orientales, y el desinterés de las autoridades de impulsar una política comprometida los valores tradicionales y sus expresiones públicas y colectivas, dan estos resultados.

Pretender utilizar un acto público de conmemoración histórica para desnaturalizarlo es un arrebato injustificado, y suspender su realización ante esa amenaza es una muestra de debilidad y desinterés en el valor que entraña su contenido.

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