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Una nueva acumulación política

14/06/2013 Sin Comentarios

Editorial, diario El País – 14 de junio de 2013

Durante años el Frente Amplio fue sumando apoyos que terminaron por darle la mayoría absoluta en 2004. Desde hace algún tiempo, la lógica es exactamente inversa: la izquierda viene perdiendo apoyos de figuras relevantes que deciden adherir a otros partidos.

Es una realidad de la que poco se habla en los análisis de politólogos. Es como un tabú, porque seguramente muchos de ellos, afines a estos gobiernos de izquierda, perciben la gravedad del asunto y prefieren no decir nada porque creen que, de hablar, estarían perjudicando al proyecto frenteamplista. Pero lo cierto es que la desilusión generada por la izquierda en el ejercicio del poder se está transformando en un sostenido fortalecimiento de distintas opciones.

Ya en las elecciones de 2009 compareció por fuera del Frente Amplio la izquierda radical de Asamblea Popular, disconforme con el rumbo tomado por la administración Vázquez. Luego, en la administración Mujica, el senador Jorge Saravia, que había permitido al sector del presidente sumar adhesiones desde el Partido Nacional, decidió retirarse por un tema de fondo y grave vinculado al respeto de la voluntad popular en torno a la ley de caducidad.

Hace poco tiempo, tocó el turno al líder de la reforma del Estado en tiempos de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto dirigida por el vazquismo, Conrado Ramos, quien fue duramente crítico del actual proceso de burocratización y clientelismo del Frente Amplio en el poder y decidió adherir al Partido Independiente.

Finalmente, hace pocos días, la última y notoria ilustración la dio Graciela Bianchi con su decisión de sumarse al espacio que lidera el precandidato presidencial Lacalle Pou en el Partido Nacional: una votante frenteamplista desde 1971, vinculada al senador Germán Araújo en los ochenta, jerarca de la educación pública de importante protagonismo en la administración de Vázquez, y sobre todo, convencida militante de izquierda de toda la vida.

Todos estos conocidos casos, seguramente, estén siendo acompañados de miles de decisiones anónimas en el mismo sentido.

Cuando la candidatura de Vázquez ganó en 2004, la fuerza de la izquierda era arrolladora. Hoy, cuando los partidos se preparan para las instancias de 2014, el Frente Amplio parece a la retranca. Sin duda, sigue recibiendo un apoyo importante de la ciudadanía medido en todos los sondeos de opinión de estos meses. Pero sin duda también, aparece demasiado expectante por la vuelta de Vázquez: la noticia de su confirmación de candidatura es esperada con la ansiedad religiosa propia de la buena nueva de un mesías. Y sobre todo, como fuerza política, ya no puede mostrar esa lógica de acumulación que hace diez años atrás hacía creer su triunfo como inevitable.

Hoy, la nueva acumulación política está del lado de los partidos de oposición. Ya no solo porque reciben nuevamente a quienes habían partido al Frente Amplio, sino porque también están siendo capaces de albergar a frenteamplistas de ley decepcionados de estos gobiernos de Vázquez y Mujica: hombres y mujeres de izquierda que mantienen su esperanza de construir un país mejor.

Aquí está la novedad política: la esperanza convocante no radica más en el Frente Amplio. Llevado al escenario de la Intendencia de la capital, en mayo de 2010, más de 100.000 montevideanos prefirieron votar en blanco antes que hacerlo por Olivera, o antes que apoyar a un candidato de los partidos tradicionales. Tres años más tarde, la esperanza es la opción de una concertación de partidos tradicionales que, tras ideas bien planteadas y candidatos atractivos, presente una alternativa que permita creer en que se puede tener una ciudad mejor.

En el escenario nacional, hasta hace poco tiempo la cultura izquierdista dominante lograba convencer a muchos de que era éticamente reprobable cambiar. Ni siquiera amargado por constatar que era un mito aquello de la superioridad moral frenteamplista se podía adherir a los partidos tradicionales. Hoy, el coraje y la decisión de una frenteamplista de todas las horas como Graciela Bianchi están dejando en claro que vivimos un tiempo político distinto.

La esperanza y la acumulación política han cambiado de signo. No lo ve quien no quiere verlo.

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