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“Los maestros dejaron de corregir las faltas y fue una catástrofe”

14/06/2013 Sin Comentarios

Pablo Zanocchi, El Observador – 08 de junio de 2013

¿Usted nota que el nivel de lectoescritura en los profesionales de Uruguay ha decaído?

No puedo dar una respuesta más que anecdótica al respecto, sí puedo decir que se nota, sin duda, en el ingreso a la universidad. Estamos en una especie de tierra de nadie. Antes se pensaba que enseñar las bases de la lectoescritura, y del cálculo, era una tarea de la escuela y del liceo, y las universidades partían del supuesto de que esa condición efectivamente se verificaba. El problema es que la escuela y el liceo dejaron de cumplir esa tarea en la mayor parte de los casos. Y en buena medida, las universidades siguen funcionando como si la escuela y el liceo la siguen cumpliendo. Entonces el resultado es que nadie la cumple.

¿En qué momento notó que tenía que hacer algo al respecto?

Hace más de diez años que dimos ese giro.

¿Por qué cree que sucedió esto?

El sistema educativo uruguayo vivió un proceso de masificación de la enseñanza secundaria. Eso en cierto sentido es muy bueno, se está democratizando el acceso a los niveles más altos del sistema educativo, pero encierra una amenaza. Si tú simplemente ensanchás la puerta de entrada y no hacés nada más, es inevitable que la calidad del aprendizaje se reduzca. Y básicamente, Secundaria sigue funcionando con los mismos planes y programas de los 40. Todo lo que se llama nuevos planes en Secundaria en Uruguay son cambios cosméticos de una estructura de base que sigue siendo la misma hace 80 años. A eso se agregan malas políticas y malos mecanismos de rendición de cuentas. Desde fines de los 90, hasta hace no mucho, hubo una moda que fue no corregir las faltas de ortografía en la escuela. La idea era “lo importante es que los alumnos se expresen, que haya un clima de libertad, de respeto y la corrección tiene un factor represivo que atenta contra el autoestima, y cosas por el estilo. Y de manera muy generalizada, las maestras dejaron de corregir las faltas de ortografía y las inspectoras lo aceptaron; eso fue una catástrofe.

Entonces hay una falta en ese sentido, pero además, hay un problema de rendición de cuentas; nadie se hizo cargo, nadie renunció como resultado de esa pésima política. Nadie da la cara públicamente y dice “yo soy responsable de este desastre”. Tenemos un sistema educativo que no rinde cuentas a la ciudadanía. Ahora está pasando lo mismo con repetición en Primaria. Hay una política informal de hacer pasar de año. El resultado es que los chicos, terminan egresando sin haber aprendido prácticamente nada; es una catástrofe con efectos acumulativos. Y dentro de diez años, los que impulsan esto, van a decir que fue un error, pero nadie va a pagar nada.

¿Por qué nadie rinde cuentas?

Porque tenemos un sistema educativo rarísimo. En todo el mundo, uno de los puestos más importantes del gabinete, es el del ministro de Educación, que siempre tiene a un peso pesado, y donde el tipo siempre está sometido a control parlamentario. En Uruguay el ministro se ocupa de cosas muy raras, del correo, de los registros; en educación directamente se ocupa de las guarderías y universidades privadas, que son muy chicas para el sistema educativo en su conjunto. Para todo lo demás, el verdadero ministro de Educación es el Codicen. Además, esa falta de rendición de cuentas se repite hacia adentro. Los inspectores departamentales, que son personas con un enorme poder, no responden por los niveles de deserción ni de aprendizaje, no tienen ninguna consecuencia sobre su carrera.

¿Por qué es importante que en una sociedad los profesionales tengan un buen nivel de lectoescritura?

Por muchas razones, en primer lugar, para que hagan bien su trabajo de profesionales. Porque incluso en un mundo de tantas imágenes el grueso de las cosas que hay que aprender para el ejercicio de cualquier profesión, está escrito. Y además, hay que agregar ahora que está menos escrito en español y más escrito en inglés. De manera que, si uno quiere tener un médico que se mantenga actualizado, esa persona tiene que estar en condiciones de leer inglés, y tiene que tener un ritmo de lectura y una capacidad de comprensión alta, para poder seguir la marcha del conocimiento. Por esto, es importante para nosotros, que dependemos de los profesionales. Pero además es importante para la sociedad, porque se supone que los profesionales son un sector de la sociedad altamente calificado al cual la sociedad puede recurrir para tomar decisiones correctas en una serie de áreas en donde hay un componente técnico muy importante.De modo que también nos estamos hipotecando como sociedad. Una sociedad que no tenga buenos economistas va a tener dificultades para tener buenas políticas económicas, y así sucesivamente… En la base de todo eso está la lectoescritura y la capacidad de cálculo, son el abc.

Lo que varios profesores y especialistas dicen es que el profesional sigue siendo igual de bueno que antes, pero notan que sí existen problemas de lectoescritura. ¿Usted lo ve de esta manera?

Me cuesta aceptar ese razonamiento, no creo que las capacidades básicas de lectoescritura sean un agregado para tener profesionales que sean intelectualmente coquetos. Creo que es una herramienta fundamental especialmente en un mundo donde el hecho de ser profesional ha cambiado mucho. Alguien que tenga dificultades para manejarse en la lectura, cuesta creer que pueda responder a ese desafío adecuadamente.

Los que le buscan una explicación a esto dicen que esto sucede porque vivimos en un mundo más visual, y que se lee menos que antes. ¿Qué opina usted?

Yo no creo que el mundo haya cambiado tanto. Es verdad que la imagen ha ganado un espacio enorme, pero no estoy para nada seguro que lo discursivo y lo textual haya perdido tanto terreno como se dice. Durante años, un montón de educadores que decía eso, que lo discursivo había sido sustituido por lo icónico, y de golpe aparece una señora que se llama Rowling y comienza a publicar libros (Harry Potter) de 600 páginas y los adolescentes hacen colas para comprarlos. ¿No era que lo discursivo había pasado y que la imagen lo era todo?

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