Portada » Actividad Legislativa

Sobre las Islas Malvinas

07/06/2013 Sin Comentarios

Exposición del Diputada Jaime M. Trobo – Cámara de Representantes, 4 de junio de 2013

Sr. Presidente, hemos solicitado a la Cámara de Representantes la autorización para exponer nuestras impresiones sobre la visita que realizamos a las Islas Malvinas o Falkland en el mes de Marzo pasado. Creemos de importancia que el Parlamento de Uruguay preste atención a un tema de indudable interés para la región, pero que lo haga desde la perspectiva de la visión de los intereses de nuestro país.

Notoriamente, una vez que se pone este tema en análisis y discusión, hay una tentación o una inercia a encararlo como la “cuestión de las islas Malvinas”, con toda la carga histórica del diferendo o la disputa de soberanía entre la República Argentina y el Reino Unido, y naturalmente que en ese marco, la discusión se dirige a la legitimidad de los reclamos, el proceso histórico y los hitos de un largo proceso, donde no faltan los puntos mas álgidos y peligrosos de confrontación bélica, así como los períodos de acercamiento, negociación y búsqueda de solución pacífica y negociada de la controversia.

Seguramente algunos colegas estén tentados a ingresar al debate con el propósito de realizar un alegato del reclamo argentino, y desde una posición legítimamente planteada, pretender oponer a nuestro análisis un cerrojo, en una especie de dilema de hierro, en el entendido que no es posible estudiar las relaciones con el territorio de las islas, hasta tanto no se resuelva el diferendo entre aquel país y Gran Bretaña.

Nuestra propuesta, y es la perspectiva desde la que queremos informar a la Cámara, es sin perjuicio del reconocimiento al reclamo de que no puede desconocerse la condición americana del territorio de las islas y sus consecuencias. Este asunto, de larga discusión, será definitivamente resuelto mas allá o mas acá, seguramente de la mano de una voluntad de dialogo y negociación que deberán proclamar y practicar las partes en conflicto con el apoyo y el compromiso de la comunidad internacional, y nuestra comunidad regional, que deben exigir que se recorra ese camino. No es admisible el radicalismo, la actitud negativa, el propósito de obstaculizar, en la solución de un diferendo cuya historia estará pronto cercana a los 200 años. Debe ser resuelto.

Y debe ser resuelto por varias razones. Por razones de seguridad. En primer lugar porque la tensión que implica un episodio que puede generar espasmos de confrontación presenta inseguridad en una región que debe apostar permanentemente a la paz. Por razones económicas, porque nuestra región debe procurar que los recursos que posee sean explotados racionalmente y con beneficio para la misma. Porque no podemos eludir que el concepto de integración que declamamos permanentemente, también incluye a los territorios de las islas y sus habitantes. La vecindad nos condiciona y obliga.

Nuestra región debe expresar sumo interés en un proceso de dialogo y negociación, y Uruguay en particular, sin perjuicio de la posición histórica de reconocimiento de la soberanía argentina sobre el territorio de las islas, debe reclamar a las partes con quienes mantiene una larga e intensa amistad y relación la mejor buena voluntad a esos fines. Uruguay, también comprometido desde la historia con el desarrollo económico y social de las islas no es un convidado de piedra, tiene mucho que ver su opinión y su actitud, porque sus intereses también cuentan.

Nuestra relación con las islas y su realidad se puede analizar desde varios tópicos. Indudablemente como decíamos desde el de la seguridad de la región, no olvidemos que en 1982 ocurrió un episodio bélico gravísimo, cuyas consecuencias podrían haber sido mayores aún a las dolorosas que causó. El de la economía, porque es indudable que las riquezas pesqueras y mineras del Atlántico sur son un factor que puede provocar desequilibrios y también adecuadamente canalizados pueden servir a la prosperidad en la región; en este aspecto hay innumerables datos históricos de la importancia de Montevideo y Uruguay en la economía de las islas y hoy día su relación con Uruguay resultaría importante. El social, teniendo en cuenta que la comunidad que vive en las islas, muchos de cuyos antecedentes familiares llegaron a la región a mediados del S XIX, han tenido en algunas épocas una intensa relación con nuestro país, con su educación, con sus servicios médicos, con la provisión de bienes y en ocasiones también en la actualidad con la inversión en nuestro territorio.

Esas personas, sujetos de derechos como cualquier otra, y es increíble tener que afirmar esta obviedad, merecen que se les respete su aspiración de vivir y desarrollarse en un territorio en el que viven en algunos casos desde hace más de 170 años, y hacerlo de acuerdo a sus aspiraciones, con el mayor nivel de autonomía que reclamen.

A riesgo de ser acusado de utilitarista, el Uruguay debe mirar sus relaciones con las islas, desde la óptica del buen vecino, del estado o territorio que es cercano, debe ser amigable y su actitud no debe derivar en adhesiones radicales e intransigentes ya no a las reivindicaciones o los derechos, sino a las estrategias, las lógicas de otros estados y sus prácticas, menos cuando estas se parecen a los condenados bloqueos que despreciamos en otras áreas de nuestra región americana.

Nuestra visión nacionalista nos obliga para con los intereses del país primero, procurando que la solidaridad con nuestros vecinos no se mezcle con sus prácticas o lógicas condicionadas por el talante de los gobiernos o gobernantes ocasionales. No renunciamos al apoyo de ninguna reivindicación cuando proclamamos nuestra independencia para conducir nuestra política exterior y el tenor de las relaciones con otros vecinos. Nosotros no dejamos de mantener las mejores y más profundas relaciones con Bolivia y Chile, aún cuando estas dos patrias hermanas mantienen intensos diferendos territoriales. Uruguay tiene un largo contencioso con Brasil por territorios fronterizos cuya dimensión afectan infinitesimalmente más nuestra patria que al gran vecino y no por ello cerramos nuestras fronteras. Hay varios ejemplos en la región de estas características y no son obstáculo para que desarrollemos nuestras mejores relaciones con los litigantes. Quiere decir entonces que el talante de Uruguay y es por ello que hemos resuelto plantear este tema en la Cámara de Diputados, debe ser resuelto con seriedad, inteligencia, la mira puesta en el interés nacional, la seguridad de la región y nuestra apertura a las mejores relaciones con los vecinos.

Estas primeras reflexiones resultan de la experiencia que recogimos en la visita que realizamos a las Islas durante una semana entre el XX y el XX de Marzo de 2012. Estuvimos en ocasión de un episodio importante para sus habitantes, sobre el que cayó un juicio descalificador por parte de muchos países y especialmente de nuestra región incluyendo el de las autoridades de gobierno de Uruguay. La instancia de “referéndum” que los ciudadanos de las islas habían resuelto realizar fue señalada como improcedente y falta de legitimidad alguna, sin siquiera reconocerle el valor de una expresión democrática, realizada en plenas garantías para el ejercicio del sufragio secreto y libre, que recoge una opinión ciudadana. Tanto fastidio causó que un pueblo resolviera consultarse sobre una cuestión relevante a su vida, que en Uruguay, algunos acostumbrados a cumplir rápidamente mandados de intereses ajenos, calificaron nuestra asistencia con vulgaridad despreciable y sin sustento argumental. Para nuestros críticos, sobre las islas Malvinas debe establecerse un cordón sanitario infranqueable, y sus habitantes no merecen ni siquiera expresarse democráticamente sobre sus intereses, son seres humanos de segunda o de tercera, merecen vivir en un gueto.

No asistimos a convalidar nada, participamos de una misión internacional, que verificó la calidad de los procedimientos electorales y nada más. Allá los habitantes de las islas con su opinión y sus decisiones, a ellos corresponden y a ellos obligan.

La realidad indica que una visita que podría haber satisfecho nuestro interés con una estadía de tres o cuatro jornadas, se extendió a siete, y esto fue así porque la única vía de llegada a ese territorio austral de 12.173 km 2 en el que un clima severo de frio, vientos y una persistente llovizna, es un vuelo semanal que llega desde aeropuertos chilenos. Un viaje que desde Uruguay nos hubiese insumido apenas 2 horas 30, supuso 22 horas y una travesía desde Montevideo a Santiago, luego a Punta Arenas, una escala en Río Gallegos en la provincia de Santa Cruz aunque parezca paradójico, antes de llegar a Stanley.

En el correr de la semana que vivimos allí, compartiendo con personas de otras nacionalidades de la región y especialmente con académicos y periodistas argentinos que asistieron al evento y aprovecharon a conocer la sociedad, su economía, su cultura, sus territorios, nos acercamos a una realidad sumamente interesante, que muestra con particular énfasis la larga relación de Montevideo y de Uruguay con las islas y su comunidad. La existencia durante muchos años de una línea regular entre la capital Stanley y Montevideo fue creando en varias décadas del Siglo XX una fuerte relación social y cultural y naturalmente el comercio de productos de consumo desde Uruguay hacia las islas, una asociación de intereses positiva. Ya en el S XVIII y XIX el puerto de Montevideo era el principal nexo de la islas con el continente y la conexión con Europa. La historia es larga e intensa.

Conocimos la idiosincrasia local, el temor y la prevención que la resilencia de las experiencias de la guerra generan y como esto condiciona el ánimo de los habitantes en su relación con los vecinos. Nos sorprendió el nivel de autonomía que el gobierno de los recursos y los servicios tienen, la calidad de las prestaciones sociales, la salud, la educación, las condiciones de empleo, el apoyo a la producción tradicional, la preocupación por el medio ambiente, la seriedad en el control sobre la explotación de los recursos marinos y del subsuelo. Pudimos intercambiar con la Asamblea Legislativa sobre la realidad del gobierno y sus aspiraciones hacia el futuro. Nos llamó especialmente la atención conocer que el funcionamiento de las actividades públicas y servicios en las islas son financiados con sus propios recursos sin recibir ningún subsidio o financiación del Reino Unido.

Trasmitimos la impresión que recogimos de un aprecio especial por nuestro país y su gente, por las posibilidades que Uruguay puede ofrecer a los isleños en todo sentido. Somos un lugar para ofrecer educación a sus hijos, como ocurrió no hace mucho. Somos proveedores de calificados servicios de salud y la más amplia variedad de productos de consumo para una sociedad con alto poder adquisitivo como lo es la isleña. Podemos integrar la cadena de producción agropecuaria y ser proveedores de tecnología en la producción ovina, vacuna, lanas, mejoramiento de pasturas, pudiendo industrializar algunos de sus productos. Somos posibles receptores de inversión en diversas áreas, teniendo en cuenta especialmente el turismo y la adquisición de bienes inmuebles para su desarrollo. Nuestros puertos están en condiciones de ofrecer los mejores servicios para las embarcaciones dedicadas a la pesca del calamar, la merluza negra y otras especies de alto valor comercial. Hoy día muchos de los barcos que operan en aquella zona llegan a puertos de Brasil sin ningún inconveniente cuando en el pasado no muy lejano lo hacían aquí y por una inadecuada interpretación de la normativa internacional sobre el registro de buques, y la celosa adhesión a una proclama interesada de otros estados, temporalmente no lo hacen. Sólo la llegada de cada embarcación de pesca de esa zona a Montevideo a realizar operaciones de descarga, aprovisionamiento, cambio de tripulación y otras cuestiones, supone ingresos para la economía del Uruguay del entorno del millón de dólares. Y pueden realizarse hasta un centenar de operaciones de estas características hasta dos o tres veces al año.

Pero también recogimos la preocupación de que Uruguay debe ofrecer seguridades, certezas, abatir las incertidumbres sobre como serán tratados aquí quienes requieren de nuestros servicios o productos.

Saben los Señores Representantes que un vuelo entre Montevideo y Stanley, como mencionábamos antes puede insumir 2 horas y media, y ello acercaría notablemente el lejano territorio de las islas al continente y a nuestra plaza? Saben que si, sin subterfugios pudiera contarse con una línea comercial regular entre las islas y Montevideo nuestro país podría desarrollar una corriente comercial muy interesante, con una comunidad que goza de un ingreso per cápita anual del entorno de los U$S 40 mil?

El Uruguay, a nuestro entender debe analizar en profundidad este importante tema de la relación con las islas, su población, su economía y sus aspectos culturales y sociales. No admitimos que nuestro país se sume a la lógica del bloqueo y se niegue a reconocer que el territorio americano de las islas Malvinas, es un territorio vecino, donde vive una pequeña comunidad vulnerable, que en su momento sufrió una agresión militar y a la que debemos tratar como vecinos, identificando nuestros intereses comunes, desarrollando nuestras estrategias de convivencia. Como lo hace Chile, con más de 300 connacionales viviendo en ellas, ofreciendo un puente aéreo, sirviendo con una línea regular entre sus puertos y Stanley, o Brasil admitiendo sus barcos pesqueros sin hesitación.

Para ello, sin perjuicio de la solidaridad con el reclamo soberanista de la Republica Argentina, debemos realizar un camino inteligente, pragmático, solidario y comprensivo de la comunidad isleña, fortaleciendo nuestros lazos, facilitando la cooperación, alimentando el interés recíproco y sobre todo practicando una política de buena vecindad enmarcada en los principios que han caracterizado a nuestra política exterior desde siempre.

No podemos ni debemos admitir el bloqueo. No podemos admitir que se desprecie la calidad humana de los habitantes de las islas. Debemos procurar reconstruir la vecindad lo que ayudará a nuestros intereses y con el tiempo también ayudará a la resolución del prolongado conflicto.

Permítanme Señores Representantes que termine estas palabras transmitiéndoles la emoción que me causó al ingresar a la Cámara de Comercio de las Islas ver sobre una mesa destacada en el centro del salón de reuniones una enorme réplica en bronce de La Carreta de José Belloni orgullo del arte nacional, como testimonio de admiración y amistad de esa comunidad con nuestra Patria.

Envíenos su comentario

Agregue su comentario, o trackback desde su sitio. También puede suscribirse a estos comentarios vía RSS.