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Síndrome de Amodio

07/06/2013 Sin Comentarios

Fernando Lúquez

En mis treinta y cinco años de edad siempre he escuchado alguna voz, leído algún texto o visto alguna imagen relacionada con la execrable época que le tocó al Uruguay vivir: la dictadura y sus causas, esto es, la guerrilla “sesentista”. Época negra y execrable si lo fue.

Soy un amante de la historia como ciencia o estudio, no como una mirada retrospectiva que pretenda desenterrar del pasado, culpables y víctimas que, para el mundo actual, solo existen para la memoria y, en algunos casos, para la Justicia. El hurgar heridas que, con esfuerzo patriótico, han venido cicatrizando en aras del interés superior del porvenir del país, no hace otra cosa que, abrir nuevas heridas.

Sinceramente, como joven –que ama profundamente a este país, ergo, a su pueblo también- aprecio un excesivo desgaste de energías en temas pretéritos, del pasado reciente, cinética que debería concentrarse en el presente y más aún, comprometerse con el futuro.

Esto último podría verse como una frase vacía o hueca, sin contenido; pero no, es una exhortación al pueblo a trazar un sellado definitivo de una época muerta, que sólo tiene vida para la historia. Con esto, obviamente, no se pretende desconocer o despreciar sendas investigaciones judiciales que han obtenido procesamientos en casos de violación de derechos humanos en aquellos oscuros años.

Esta reflexión pretende abrir surco a un camino nuevo. ¿Una utopía verdad? Yo no lo creo, es cuestión de esmero y convicción. Senda que debe ser transitada por todos, velando por la tuición y goce de derechos humanos presentes y futuros.

El odio que le profesan Amodio (valga la rima) es sintomático de ese malestar intestino que un puñado de ex guerrilleros padecen, siendo el pueblo entero y, esta generación, un espectador de una especie de novela negra que se ha desempolvado.

Aquella generación sesentista parece que desea contagiarnos con una especie de síndrome o peste, que no hace otra que despertar cierta repulsión por aquellas atrocidades cometidas, por unos y otros. Así no se construye la prosperidad de un país. ¿Cuántas generaciones seguirán hablando del pasado reciente? ¿Es una especie de nostalgia o quedaron cuentas por saldar?

Es más, cuando se habla de traición yo creo que la hubo sí, pero no sólo de don Amodio Pérez, sino de todos quienes alguna vez faltaron al respeto y vigencia del Estado de Derecho, atropellando ferozmente contra la paz nacional. Por favor, demos vuelta la página.

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