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Un poco de historia

31/05/2013 Sin Comentarios

Ricardo Puglia

De reciente edición, el libro, “Cuando los civiles también juegan”, escrito por el periodista Álvaro Alfonso, realiza una nueva mirada sobre aspectos de la dictadura que hasta ahora no se habían profundizado.

Es muy poco lo escrito hasta ahora de la historia reciente y la mayoría de los libros publicados hacen especial énfasis en los DDHH, y en las organizaciones sediciosas.

En esta oportunidad voy a transcribir algunos pasajes del mencionado libro, sobre todo para el conocimiento de los jóvenes uruguayos y otros no tanto, algunos aspectos del proceso cívico-militar (27/06/1973-01/03/1985) referentes al Consejo de Estado y algunas obras de infraestructura que hoy son fundamentales en el día a día del Uruguay, sin que ello signifique una opinión a su favor o en contra sobre el Proceso en que un grupo de militares junto a un grupo de civiles gobernaron el Uruguay.

“El Consejo de Estado que había instalado Bordaberry el 19 de diciembre de 1973, aunque cueste creer y como por arte de magia, continuó aprobando proyectos de ley que tenían la firma del ex mandatario como si nada hubiera pasado en los meses que siguieron.

El cargo de consejero de Estado quedó con una mancha antidemocrática, y la definición en el acervo popular significa: “alcahuete de los milicos”.

Empero, en la fiel historia de Uruguay, narrada con documentación, arroja sorprendentes resultados.

Uruguay tuvo cuatro Consejos de Estado durante gobiernos de excepción en los siguientes años: 1846-1851, 1898-1899, 1942-1943 y 1973-1985; el último y más extenso.

Dirigentes del linaje de José Batlle y Ordoñez, Juan José de Amézaga, Tomás Berreta, Andrés Martínez Trueba, Elías Regules, Gonzalo Ramírez, Martín C. Martínez, Aureliano Rodriguez Larreta, Eduardo Acevedo Díaz, Carlos Berro, Justino Jiménez de Aréchaga, César Batlle Pacheco y José Arias, entre otros fueron consejeros de Estado. “

“Por el Consejo de Estado (1973-1985) pasaron la construcción de las represas de Salto Grande y Palmar, el Gasoducto del Este, la Boya Petrolera, la terminal petrolera de José Ignacio, la sexta unidad termoeléctrica de la Central Batlle. El diseño de un plan de electrificación rural, cubriendo casi el 90% del país, la planificación de la represa de Paso Severino, único embalse de agua de Obras Sanitarias del Estado, para abastecer y dar el servicio a más de la mitad de la población.

La creación de Antel, la compra de las centrales digitales, se instrumentó ASSE, las obras viales, más de 5.000 quilómetros de carreteras y 38 puentes. El Tratado de límites del Río de la Plata.

Los puentes Paysandú-Colón (se inauguró el 10 de diciembre de 1975), Fray Bentos Puerto Unzué (se puso en funcionamiento el 18 de setiembre de 1976, a un costo de 24 millones de dólares), la carretera y vía férrea sobre la represa de Salto Grande, los accesos a Montevideo, se restauró completamente la ruta 8, además de la construcción de la mayoría de las rutas nacionales.

Hasta se aprobó el medio aguinaldo para los trabajadores. Más de 1500 leyes que luego no fueron cuestionadas por la democracia.

El Consejo de Estado se dedicó a legislar. Nunca ejerció su rol político, ni llevó la bandera del llamado Proceso. No comprometió cientos de proyectos a las decisiones restrictivas, bajo la consigna de la seguridad nacional que emanaba de la cúpula castrense.

Durante 11 años, los roles estuvieron invertidos, los militares en la Junta de Oficiales Generales de las FFAA ocuparon el espacio del Parlamento.”

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