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¿Dónde está el patrullero?

17/05/2013 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

 La caza de brujas desatada por el Ministro Bonomi luego de los episodios originados en una inconducta de funcionarios de la Seccional 14 de Montevideo, es de ripley. Bonomi quiere encontrar chivos expiatorios de su insolvencia para conducir un tema tan importante y sensible como la seguridad, y lo que debería hacer es dejar el camino libre para una reconstrucción de la pésima imagen que ofrece hoy el Ministerio del Interior.

El Jefe de Policía de Montevideo, un ciudadano honesto y profesional competente que puso la cara a los problemas no solamente dictando órdenes, sino también conversando con los angustiados montevideanos en diferente barrios en reiteradas ocasiones, fue la victima de un Bonomi que para no asumir su incapacidad, le pasó por encima denunciando judicialmente a funcionarios policiales de sus dependencias, antes de realizar la investigación interna que correspondía en primer lugar. Y lo hizo acosado por la publicidad de una inconducta policial que se parece mucho a la práctica de la desidia en la que ha caído la Policía desde los tiempos de José Díaz y su estimulo a la sindicalización. La ruptura de los códigos de respeto a la jerarquía, en un organismo jerarquizado, tiene efectos corrosivos y lo estamos viendo a diario.

Pero la cosa no quedó allí, como su incapacidad debe ser disfrazada, Bonomi inventó la imagen de una “gran conspiración” de “ciertos” funcionarios jerárquicos que viven inventando acciones desestabilizadoras para impedir el buen funcionamiento policial que él ha diseñado y que si no tuviera esas amenazas convertirían a Uruguay y a Montevideo especialmente en un paraíso de seguridad.

Cuando ya decapitó al Jefe de Policía, despreciando su autoridad, a pesar de que anuncia que le dará otra gran tarea en el futuro, se le ocurre culpar al Cuerpo de Radio Patrulla de las deficiencias en la respuesta móvil cuando sabe que allí no está el problema sino en el funcionamiento de las comisarías con carencias de personal y medios, con escases de equipamiento móvil. Cuando hay motos no hay motociclistas o cuando hay vehículos están rotos o destinados a otros fines que no sea el patrullaje o la respuesta, o en algunos casos con órdenes expresas de mantenerse en la puerta de la casa de un jerarca o destinados a tareas ajenas a las propias de seguridad. En realidad en la seccional no había vehículos en ese momento, pero lo que ha hecho Bonomi es darle más importancia a la respuesta del funcionario, que reprobamos por irrespetuosa, que a esta realidad.

El día del episodio del la Seccional 14 que tan graves consecuencias causó, porque un policía adujo falta de medios para responder a una denuncia ciudadana, a metros de la residencia del segundo de Bonomi, Jorge Vázquez, dos vehículos policiales montaban guardia con órdenes expresas de no moverse de allí en ninguna circunstancia.

Patético, pero cierto. Mientras en la Seccional 14 no había vehículos disponibles para responder a los ciudadanos, en la misma jurisdicción, uno de ellos, jerarca del Ministerio de Bonomi contaba con dos vehículos para su custodia.

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