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El silencio de los corderos

02/05/2013 Sin Comentarios

 Ricardo Chiacchio Sayagués, Ecos del Diario El País

“En el mes de septiembre se van a cumplir dos años de mi vuelta a Uruguay. Estuve 25 años en Argentina y 10 en España. Fueron 35 años que hicieron que, erróneamente, pensara que todo había cambiado en mi país. El tiempo fue demoliendo esta percepción. Sí han habido cambios, es verdad. Pero no los suficientes ni esperables. Pero lo que más me llama la atención, y me subleva, es la indolencia de este pueblo. Han perdido la capacidad de reacción ante la injusticia, el atropello y la mala gestión. Todos los días al ir al supermercado veo como suben los precios de los productos. Hoy un peso. Mañana dos. Y así, como quien no quiere la cosa, van acumulando aumentos sin piedad. Y nadie reacciona.

Siento al salir a la calle que cada día es una aventura de la cual no se sabe si se volverá. Pueden rapiñarnos, robarnos, matarnos sin que el Estado nos proteja a través de los instrumentos legales que están a su disposición. Por ejemplo, la Policía. Vivimos en un país en donde se juzga a la víctima y no al delincuente. El país del revés. Y nadie reacciona.

Veo cómo la educación se cae a pedazos. Con maestros y profesores disconformes con sus sueldos, pero, lamentablemente en una gran proporción, sin la formación necesaria para impartir conocimientos y valores. Y nadie reacciona. Padezco la mala atención sanitaria a una población que no puede pagar una salud privada y tiene que depender de la salud pública. Con falta de infraestructuras adecuadas, material técnico y humano. Con casos de muertes evitables con solo invertir en medios como ambulancias, helicópteros para transporte de casos urgentes, tomógrafos, camas, médicos especialistas, etc.

Y nadie reacciona. Camino todos los días por una ciudad capital infestada de basura, calles rotas, tráfico sin control, carritos a caballo repletos de basura contaminando el ambiente con olores nauseabundos y que ya han producido más de un incidente. Y nadie reacciona.

Observo, indignado, cómo los funcionarios de este gobierno nos mienten en la cara, diciéndonos que todo marcha bárbaro. Una inflación que comienza a descontrolarse, índices de desempleo que comienzan a subir, una industria cada día menos productiva, una construcción estancada, un agro que advierte del retroceso a través de impuestos que castigan en vez de premiar por haber apostado a la producción y la tecnología para lograr volúmenes de exportación récord en la historia del Uruguay, precios internacionales cada vez menos competitivos con la retracción en las exportaciones consecuentes. Y nadie reacciona.

Casos de corrupción propios e importados de vecinos países con una Justicia cada vez menos efectiva. Fantochadas como la de Pluna, que dan risa pero deberían hacernos hervir la sangre por la falta de respeto a nuestro raciocinio. Se nos burlan y nos mienten en la cara… Y nadie reacciona.

Ahora, me pregunto, ¿qué nos pasa a los uruguayos? ¿Hasta cuándo vamos a seguir sin reaccionar? En cualquier país del mundo civilizado esto justificaría una salida espontánea de la gente a la calle para manifestar su descontento y exigir cambios inmediatos. Y digo espontánea, ya que las manifestaciones sindicales no son para nada representación del sentimiento popular. Son marchas muy organizadas por dirigentes sindicales que manipulan a sus asociados para reclamar asuntos que hacen exclusivamente al interés del gremio.

Pero, del interés general. ¿Quién se ocupa? La famosa ‘garra charrúa’ me parece que ha quedado en el olvido. Ahora solo se escucha el suave balar de los corderos. Una pena. ¡Reaccionen uruguayos! Unámonos para protestar por nuestros derechos”.

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