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Lacalle Pou quiere “exorcizar” los demonios de la vieja política

18/04/2013 Sin Comentarios

Observador, 18.04.2013

Con unas pocas palabras, el viejo dirigente blanco Juan Árraga desarticuló, por un instante, la prédica de tolerancia por las opiniones ajenas que Luis Lacalle Pou, se había dedicado a sembrar durante media hora. “¡Hay que sacar cuanto antes a estos tupamaros del gobierno!”, gritó el representante de la antigua y alicaída lista 8.

Más precisamente, esta arenga sonó en la noche del martes 20 de marzo durante un acto en la sede de Aire Fresco de la calle 18 de julio. Pero Lacalle Pou ha escuchado en otras varias ocasiones cómo a los dirigentes más veteranos les cuesta asumir como suyas las aspiraciones del precandidato presidencial de 39 años.

Por eso, el líder de Aire Fresco que le disputará la interna blanca al senador Jorge Larrañaga (Alianza Nacional) ya ha tomado sus precauciones para, al menos, reducir al mínimo, estas salidas de libreto.

“Nuestro deber de unir y conciliar nos es hacia el gobierno o hacia el Frente Amplio; se lo debemos a la gente. Los uruguayos están podridos, cansados de peleas que luego quedan disimuladas con el paso de las elecciones”, le dijo Lacalle a un grupo de allegados en los últimos días. Estas palabras, y otras similares, son repetidas “casi como un exorcismo” ante la violencia verbal que, en ocasiones, practican los dirigentes con más años encima, dijo a El Observador uno de los dirigentes cercanos a Lacalle Pou.

“Quien no es capaz de unir, no es capaz de gobernar para todos”, es otra de las frases que el dirigente blanco viene desgranando en sus recorridas por los barrios de Montevideo y por el interior del país. Más que como una propuesta, Lacalle Pou repite esa prédica “como si se tratara de una forma de ser, de una forma de entender el gobierno”, señaló uno de su asesores.

El mismo día en que el senador Luis Alberto Heber declinó su precandidatura para dejarle el camino libre a su competidor en la interna herrerista, Lacalle Pou había advertido que el país “atraviesa por una crisis espiritual y de confianza” a la que no es conveniente alimentar con palabras hirientes. “Todo esto puede desembocar luego en otro tipo de crisis. Por eso queremos que el gobierno sepa que, para buscar caminos de paz, siempre nos encontrará a las órdenes”, dijo aquel 23 de febrero.

Las razones.

En un documento de circulación interna al que tuvo acceso El Observador y que se titula “Razones para un discurso de no confrontación” se advierte que “el Uruguay está cansado de confrontaciones, descalificaciones y acusaciones cuyo origen, en muchas ocasiones, vienen de décadas pasadas”.

En el escrito elaborado por asesores del postulante blanco se avisa que la candidatura de Lacalle Pou “busca innovar la forma de hacer política” ya que esta actividad no se puede dividir “entre buenos y malos o entre iluminados y equivocados”. “Qué Uruguay se puede construir si durante la campaña electoral se edifica la personalidad de un candidato en base a agravios, palabras duras, descalificaciones o gritos de tribuna de partido de fútbol? ¿Qué innovación representa para un político subirse a un estrado a denostar a quienes, en el error o en el acierto desde el ejercicio del gobierno, aprobaron leyes, firmaron decretos, acordaron negociaciones o políticas con las que se está en desacuerdo?”, se preguntan los nacionalistas de Aire Fresco.

En el documento se dice que “causa dolor ver lo divididas que están sociedades como la venezolana o la argentina: sociedades partidas precisamente por el discurso duro y agresivo de quienes supuestamente tienen que traer paz, confianza, credibilidad, tolerancia y unión a sus ciudadanos”.

Lacalle Pou no solo ha heredado, por decisión de sus compañeros, el liderazgo de su padre, el expresidente Luis Alberto Lacalle. También tiene que hacerse cargo de una estructura política que arrastra vicios y virtudes desde que Luis Alberto de Herrera la echó a andar a principios del siglo XX. Lacalle Pou fundó su grupo Aire Freso por fuera de la estructura del Herrerismo pero, a partir de su confirmación como precandidato debe lidiar con las pretensiones y las costumbres de todos los integrantes de esa ala nacionalista. En ese camino deberá enfrentar a Larrañaga y, después de junio del 2014, se sabrá si sigue de largo en sus aspiraciones.

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