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Salud Pública y la objeción de conciencia

12/04/2013 Sin Comentarios

Jorge Azar Gómez

El Colegio Médico del Uruguay manifestó su posición contraria a la propuesta de reglamentación de la objeción de conciencia, como estudia aplicar el Ministerio de Salud Pública luego de que varios médicos utilizaran ese recurso para no practicar abortos.

La propuesta del Ministerio de Salud Pública ,entiende que los ginecólogos que rechacen hacer abortos o recetar medicación abortiva deberán firmar un formulario que contendrá la definición de objeción de conciencia, sus “alcances” y sus “límites”.

Dentro del show del gobierno le ha tocado al ministerio de Salud Pública , en manos del Partido Comunista, hacer de primer actor.

Han dicho cosas curiosas y sorprendentes, aunque la sorpresa es menor si se tiene en cuenta la elevada conciencia de superioridad que muestran estos ministros de un gobierno desvencijado pero siempre impertinente. El ministerio ha dicho que no ha lugar a la objeción para los médicos en el caso del aborto. Al parecer esto le parece una cosa religiosa enteramente fuera de lugar en el ámbito civil, que es en el que él manda, aunque por delegación.

Esto me recuerda a una estupenda anécdota de Lenin que cuenta Martin Amis en su excelente libro sobre Stalin y el comunismo. El partido de Lenin siempre se había opuesto a la pena de muerte en tiempos de los zares y, como ya en el poder, habían ejecutado a unos miles, un dirigente le hizo notar a Lenin la contradicción y Lenin le contesto: “¡Bah, paparruchas!”, aunque no recuerdo si hizo algo más.

Pues bien, a nuestra izquierda le parece que son paparruchas los principios que defendieron para llegar al poder, y entre ellos, la objeción de conciencia. Con ello denotan una enorme desvergüenza, pero también algo más profundo, a saber, que nada les importa lo que puedan pensar los demás, que no respetan la conciencia ni la libertad ajena, y no lo hacen porque tienen una idea meramente instrumental de la libertad y de la conciencia.

Puede decir la ministra lo que quiera, que para eso es ministra y comunista, pero cualquier persona con un mínimo de conciencia de su dignidad sabe con claramente que uno de los rasgos de la democracia liberal es el respeto inherente a la conciencia individual, respeto del que nacen todas las libertades que, de otro modo, pierden completamente su sentido. No hay en esto ni el más mínimo atisbo de religiosidad, es un asunto puramente civil, pero es una cuestión decisiva.

En ello reside, precisamente, la diferencia entre una democracia liberal y un régimen absolutista, aunque la ministra aparente ignorarlo porque se lo mande su partido.

Tiempo al tiempo, la prepotencia y atropello no demuestran autoridad, es solo el próximo disfraz del que abusarán hasta que causen risa.

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