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Compromiso con el Uruguay

22/03/2013 1 Comentario

Ricardo Puglia

Hace un poco más de 28 años que en el Uruguay volvió a regir la Constitución de la República y los diferentes períodos de gobierno, colorados por tres veces, blancos por una y la coalición frenteamplista casi por dos han trabajado por la estabilidad social y política del país a través del fortalecimiento de las instituciones.

El primer período colorado se destacó por aquel slogan del “cambio en paz” y sus actores políticos, colorados y blancos (mayoría), y frenteamplistas fueron tejiendo el reencuentro de todos los uruguayos en un mundo que basaba la economía mundial en la dominación de los países desarrollados por la explotación de las materias primas baratas exportadas por los llamados países del tercer mundo y por las fuentes de financiación escasas y caras que se ofrecían en el mercado financiero mundial.

El período blanco en que gobernó el Partido Nacional fue un período de grandes transformaciones impulsadas por el noble propósito de reconstruir un país que décadas atrás supo ser la Suiza de América en todos los aspectos de la vida ciudadana y se destaco como ejemplo para todos los países latinoamericanos. Sin embargo, colorados y frenteamplistas se opusieron a las grandes transformaciones proyectadas por el entonces Presidente Lacalle, quien inspirado en las reformas europeas de la época en los países desarrollados propuso el camino de la transformación y cambio de las más importantes empresas públicas como ANCAP, UTE y ANTEL que pasados los años y muy lentamente han incorporado. El corporativismo y la clientela política no permitieron conseguir tan noble propósito. Sin embargo, la ley de puertos y otras leyes que permanecen hasta el día de hoy confirman el éxito de aquella cuasi frustrada excelente propuesta que incorporaba al cambio en paz, el cambio institucional al desarrollo productivo.

Luego vinieron dos nuevos período colorados que se destacaron por sendas crisis regionales como la devaluación de Brasil en 1999 o la desastrosa gestión del Ministro Bensión, quien no supo interpretar las señales negativas que el modelo Cavallo estaba produciendo en la Argentina y luego de la mayor pérdida de reservas internacionales de la historia del país, devaluó en el invierno de 2002, produciendo un ajuste a la baja de la calidad de vida y el bienestar de todo el pueblo uruguayo. Blancos y colorados, nuevamente mayoría en el Parlamento, con sendas leyes y mucho trabajo supieron poner al Uruguay en la senda del crecimiento, la estabilidad y el cumplimiento nacional e internacional de sus obligaciones. No fueron acompañados por la oposición frenteamplista quien gritaba a los cuatro vientos por el no pago de la deuda externa y otras atrocidades que llegados a la administración en 2005 olvidaron.

La campaña electoral del Frente Amplio en 2004 puso el énfasis en los defectos que a través de los 170 años de historia los partidos tradicionales habían incurrido y en especial se esforzaron en remarcar una y mil veces la crisis de 2002 y el revisionismo histórico de una situación laudada por el pueblo en 1989 y reafirmada en 2009.

Desde 2005, ya en el poder las veintisiete vertientes que forman la coalición gobernante se encontraron con un país que estaba reutilizando la capacidad productiva ociosa y proyectaba nuevas inversiones privadas y la terminación de otras como la Planta de Celulosa de Río Negro. Con precios de nuestros productos de exportación en pleno crecimiento gracias al trabajo de nuestros productores y a un mercado externo ávido de nuestros productos de exportación tradicional a partir del sideral crecimiento de la economía China, India y sus vecinos, en 2007 asistimos a una reforma tributaria que gravó el trabajo de todos los uruguayos, mantuvo el IVA y modificó los impuestos a la Renta y al Patrimonio sin haber brindado una cobertura de calidad y bienestar a los uruguayos. Cada año desde 2005 la recaudación de la DGI ha venido creciendo en función de que el país también lo hace. No obstante, el gasto y la administración de los recursos del pueblo uruguayo no están bien asignados a la apuesta de construir un país del primer mundo y no han dado respuesta a los problemas de la gente.

Los dos principales partidos políticos tradicionales y la coalición gobernante se encuentran abocados a preparar los programas de gobierno que cada uno presentará al soberano en 2014. Sin duda, todas serán propuestas programáticas honestas que contendrán el sentir ideológico de cada colectividad, pero la mayoría parlamentaria de hoy ya no la tendrá ninguna colectividad, al menos en el 2014.

La grandeza del espíritu patriótico se formará con aquellas colectividades que sus sectores encuentren coincidencias programáticas entre ellas a través de un Compromiso con el Uruguay, de forma que las promesas se transformen en leyes para alcanzar el bienestar nacional e integrar el selecto club de los diez primeros países del planeta en Desarrollo Humano en diez o quince años. Para ello, es una aspiración la inclusión y participación de los más capaces aunque no coincida con el color del gobierno ganador, dejando el contralor de gestión de las empresas públicas a las auditorias, sea el Tribunal de Cuentas, sean auditorias privadas e integrar los directorios políticos para que juntos sus integrantes desarrollen planes quinquenales consensuados.

1 Comentario »

  • Loreto Moreira Rivas :

    Los que como yo tenemos un sentimiento de frustración por la equivocación de la gente en derogar leyes fundamentales para el desarrollo del país, y luego al elegir tan mal a sus gobernantes en el 2004, lo menos que pretendemos es esperar un sentimiento patriótico de parte de los PPTT poniendo todo su esfuerzo al servicio del interés general. Filicitaciones por el artículo.

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