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La insoportable levedad del ser

15/03/2013 Sin Comentarios

Hernán Bonilla

El siguiente artículo no es un comentario literario, sino un sencillo intento de dejar en evidencia una estrategia política que ya por evidente estar desenmascarada. Me refiero a la actitud del astorismo, del equipo económico oficial y de buena parte de los sectores moderados del Frente Amplio, tan funcionales al triunfo de su fuerza política (no partido) como a la derrota de las ideas que dicen defender.

Se ha criticado hasta el cansancio el doble discurso del presidente Mujica, que tiene la camaleónica capacidad de defender posiciones contrarias sobre un mismo tema sin parpadear. Es un hecho ampliamente reconocido, que seguramente encuentra buena parte de la explicación en su populismo ramplón y el deterioro cultural que el país sufre desde hace tiempo. En el Uruguay del que una vez nos enorgullecimos Mujica no hubiera sido presidente, o al menos su incongruencia sería inaceptable.

Pero hay otra constante de nuestra política mucho menos analizada e incluso a veces soslayada, el rol que juegan Astori y sus seguidores en el complejo equilibrio frentista. Muchas veces –hoy por ejemplo respecto al estancamiento del Mercosur o las críticas a las políticas sociales– las opiniones del vicepresidente son compartibles. Sobre economía, relaciones exteriores, aspectos institucionales, educación, impuestos, anulación de la ley de caducidad, entre muchos otros, las opiniones del astorismo son mucho más parecidas a la de los partidos tradicionales que a las del resto del Frente. Pero, hete aquí, que siempre termina acompañando con sus votos en el Parlamento lo contrario a lo que dicen y presuntamente piensan. El amable lector puede repasar ejemplos de los casos mencionados para comprobar que esto es un hecho estilizado de la realidad.

Luego se sucede un circo montado por el propio Astori, Valenti, algún ministro y/o legislador en que dicen que ya no están dispuestos a aceptar que les pasen por arriba. Se quejan por los medios de comunicación (los mismos que suelen llamar opositores) y dicen que así no van a seguir. Acto seguido les pegan unos gritos y se callan y se quedan y siguen votando alegremente cualquier disparate, incluso lo que en campaña se comprometieron a no acompañar. Esta y no otra es la historia y el triste papel del astorismo.

Astori y Lorenzo no están conformes, lo han dicho, con los números macro de las finanzas públicas y de la inflación, cuando se supone que son los que manejan la economía ¿cómo se entiende si no es por ceder ante el MPP? Astori dijo que no iba a derogarse ni anularse la ley de caducidad y se hizo con su concurso ¿por qué? El astorismo estaba en contra del impuesto al campo pero lo acompañaron ¿cómo lo justifican?

La dinámica descripta va a seguir funcionando, porque a esta altura del partido no pueden caber dudas de que el Frente Líber Seregni sufre una suerte de síndrome de Estocolmo o, por alguna otra razón que desconocemos, tienen que acompañar todo en lo que no creen. Y es un tema que no sólo concierne al partido de gobierno, porque sus consecuencias las sufrimos todos los uruguayos y conduce a que prevalezca en el país un proyecto de tipo kirchenrista que la mayoría rechaza de plano y sólo se explica por ingenierías electorales perversas. La levedad de Astori, en consecuencia, termina siendo nefasta para el país y compromete seriamente su futuro.

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