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Entrevista de Búsqueda a Luis Lacalle Pou

07/03/2013 Sin Comentarios

Lacalle Pou propone “socializar el capital” de empresas públicas, apoyar una “reforma agraria” con “contenido” y mayor transparencia. “Los Lacalle Herrera, los Batlle, los Sanguinetti y también los Vázquez no van a existir más. Sin perjuicio del derrotero electoral que corre Tabaré Vázquez en la próxima elección, se extingue una forma de conducción”

entrevista de Valentina Giménez, Semanario Búsqueda – 07.03.13

En su despacho del edificio Anexo del Palacio Legislativo hay un gran papelógrafo colgado con todos los meses que quedan hasta junio de 2014. Ya está lleno de fechas marcadas con giras, actividades y actos que marcarán su campaña. El casillero de llegada es la elección interna.

El diputado Luis Lacalle Pou (Aire Fresco) asegura que “visualizar” el proceso le ayuda a entender la trayectoria de los hechos. Así planificó su tarea como candidato que aspira a la Presidencia, que comenzó formalmente cuando hace dos semanas fue proclamado postulante único de Unidad Nacional pero que responde al trabajo que inició hace más de un año, cuando empezó a lograr adhesiones en todo Uruguay.

En entrevista con Búsqueda, el legislador nacionalista afirmó que “la tabla ideológica” se rompió “hace años” y que hablar de ideología es “una forma de no hacer nada”. Por el contrario, durante su campaña propondrá un gobierno “de ideas, de agendas, hechos y acciones”, que haga énfasis en una gestión “eficaz y transparente”.

Tal vez por eso, entre sus propuestas hay ideas y palabras que en los últimos años han sido más mencionadas por dirigentes de izquierda que por miembros de los partidos tradicionales. El precandidato aseguró que el Estado debe “tratar como desigual a los desiguales”, añadió que aspira a “socializar el capital” de las empresas públicas, para que sus empleados sean accionistas, y dijo que un nuevo “reglamento general de la campaña” o “reforma agraria” le vendría “como anillo al dedo” al país para la situación actual del campo.

El legislador de 39 años indicó que el país debe mirar “hacia adelante” de una vez respecto a la dictadura militar (1973-1985) y añadió que visualiza un relacionamiento “político-ciudadano más corto pero más intenso”.

“Yo creo que los Lacalle Herrera, los Batlle, los Sanguinetti y también los Vázquez no van a existir más”, explicó.

Lo que sigue, es un resumen de la entrevista.

-¿Qué evaluación hace del proceso por el que llegó a ser el candidato de Unidad Nacional?

-Fue un proceso que todavía no terminó. Termina y se dispara otro el día que Unidad Nacional termine el proceso de selección el día del congreso, el 4 de mayo. Queremos una votación, que la gente se manifieste si está a favor o en contra. Luego vendrá una etapa superadora de Unidad Nacional que abarque otros sectores.

-En una gira en 2012, usted dijo: “hay gente que está muy preocupada por ser esto, ser lo otro”. Y añadió: “hay que preguntarse por qué y para qué se quiere ser”. Entonces, ¿para qué quiere ser presidente?

-Hay dos o tres elementos fundamentales. El respeto total a la Constitución y a la ley, que no es solo el respeto a las instituciones, es el derecho cabal del derecho positivo. No es solo decir que funcionan los poderes con separación ?no con divorcio? y cada uno con sus competencias. Significa la plena vigencia de la ley. Cuando la ley se torna un instrumento de utilización discrecional es peligroso porque el que la aplica es el gobernante. Eso es veneno para la democracia. Otro punto: es fundamental que obligaciones propias de la vida privada de los individuos sean obligaciones propias de un gobernante. Eficiencia, eficacia, transparencia y excelencia tienen que estar presentes en la gestión de los recursos públicos. Quiero un modelo de gobierno electrónico que diga dónde se recauda, cuánto, en qué se gasta. Hoy vemos presupuestos multiplicados por dos o tres veces y gestiones que han bajado su nivel en dos y tres veces.

-¿Dice que hace falta gestionar mejor, que el país funcione como una empresa más que instalar un modelo de país ideológico alternativo?

-Por supuesto. La tabla ideológica la rompieron hace años. Creo en el gobierno de ideas, de agendas, hechos y acciones. Si vamos a hablar de ideología es una forma de no hacer nada. Manejamos fondos públicos. La transparencia en la gestión ayuda a la gestión de los fondos públicos. Por supuesto que si bien creo que el Estado no es el mejor distribuidor de la riqueza, sí tiene que tener como meta o faro el concepto aristotélico de justicia, que es tratar como desigual a los desiguales.

-Usted propone gestionar al Estado como una empresa que funcione. Se ha dicho que el presidente de Chile, Sebastián Piñera, llegó a gestionar el país desde su experiencia como empresario. ¿Se siente identificado con su gobierno?

- No. No me siento identificado con Piñera. Hay que agregarle a los números, a la gestión, el carácter humano, la dimensión humana. Porque nosotros tenemos como elemento fundamental de nuestra tarea las esperanzas colectivas e individuales, los desvelos colectivos e individuales. Tampoco se puede hablar fríamente de gestionar una empresa. Pero sí hay conceptos y criterios del ámbito privado y criterios propios de un almacén, de un bar, de una gran empresa, de una unipersonal, en la cual entra tanto dinero y esos fondos hay que rendir cuentas de cómo se gastan. ¿Cómo se mide la eficacia? Por ejemplo en salud hay que fijar metas para la salud pública que no tiene. No parece lógico que ASSE haya perdido 300.000 usuarios, que haya crecido su presupuesto, y que su funcionamiento sea deficitario. Las cuentas no dan. En educación: no puede ser que en un mismo barrio de Montevideo, dos liceos, uno del ámbito privado y otro del ámbito público, los mismos docentes, educados en el IPA, tengan resultados totalmente distintos. Hay que hacer un mapeo de liceos, medir resultados.

-El primer paso como precandidato es tener una elección interna con Jorge Larrañaga. En una entrevista con Búsqueda, el senador dijo, al ser consultado por usted, que sabía que no es “el candidato de los grandes poderosos” pero que solo desde su candidatura se le podrá ganar a Tabaré Vázquez.

-A Jorge Larrañaga lo considero un buen blanco. Un buen dirigente político. No creo que piense eso, estoy convencido que no lo piensa. Pero sobre quién es mejor para ganarle a Tabaré Vázquez, creo que lo va a decidir la ciudadanía nacionalista.

-En una entrevista con “El Observador” usted dijo que revisaría del gobierno nacionalista de los 90 que encabezó su padre la discusión por la propiedad de las empresas públicas y que los consejos de salarios llegaron para quedarse…

-Sí, creo que hay que modificar algunos conceptos. Primero: no discutir la propiedad pero sí socializar el capital. Si nosotros mañana podemos hacer que las empresas públicas coticen en Bolsa, que los empleados sean posibles accionistas de las empresas públicas, seguramente los resultados sean mejores. Si mañana hay que darle una inyección de capital, que no sea necesariamente por rentas generales o por aumento de tarifas. Creo que si la empresa se sustenta con capitales obtenidos socialmente va a tener que generar resultados sin perjuicio de la influencia directriz gubernativa.

-En este contexto, ¿le gusta el proyecto de los empleados de Pluna para reinstalar la aerolínea?

-Una cosa es el aporte de capital y otra cosa la gestión. Que los empleados sean accionistas no quiere decir necesariamente que sean gestores. Y no me parece que el Estado tenga que seguir poniendo dinero en emprendimientos deficitarios, más allá de que todas las aerolíneas del mundo reciben algún tipo de asistencia mínima.

-¿Qué cosas le gustaría reivindicar o retomar de aquel gobierno?

-Una fuertísima vocación en inversión social, mejoras de hospitales, hay que tener una nueva red de ambulancias como hubo en aquel momento adecuado a las nuevas realidades y el “verano solidario”, porque muchos chiquilines cuando terminaban la escuela no solo no llenaban su intelecto sino que tampoco llenaban su panza.

-Antes dijo que la tabla ideológica ya no existe. Pero sí hay formas de identificar al electorado, como más liberal, conservador, de izquierda, derecha. ¿A dónde tiene que apuntar el Partido Nacional para crecer?

-Me atrevo a decir que si la propuesta es lo suficientemente atractiva, abarcativa, clara, posible y que genere ilusión y empatía, no tiene que afincarse en ninguno de estos extremos.

- En una entrevista con Búsqueda, el senador Jorge Saravia dijo que el Partido Nacional no crece porque desde los 90 “confunde su matriz ideológica” y “sigue proponiendo un modelo neoliberal”. ¿Qué opina?

-La vuelta de Saravia al partido es buena. Estuve entre los que pugnamos para eso. Quizá no comparta del todo la generalización. Lo de neoliberal no estoy de acuerdo.

- Él hacía mucho hincapié en la raíz wilsonista en el Partido Nacional, mucho más removedora y menos conservadora. Y usted acaba de hacer un acuerdo programático con el Espacio 40, un sector que se define como wilsonista. ¿Estaría dispuesto a tomar alguna propuesta de corte más wilsonista o más renovadora, como por ejemplo una reforma agraria?

- Creo que la reforma agraria hoy es un titular; hay que darle contenido. Si la reforma agraria supone que los Estados extranjeros no puedan ser titulares de tierra estoy de acuerdo. Si supone no evaluar tanto la propiedad sino la actividad de un predio rural, estoy dispuesto. Si supone estímulos para que familias jóvenes, parejas jóvenes o productores jóvenes se radiquen en el campo a través de procesos de colonización con metas, exigencias y con controles, estoy dispuesto. Pasa que a los titulares hay que ponerle contenidos. Un reglamento general de la campaña, una reforma agraria por ponerle títulos antiguos y algunos más históricos, vendría como anillo al dedo en el momento que está viviendo la campaña.

-En el acuerdo programático con el Espacio 40 manifestaron que aspiran a “aceptar la diversidad” como una “riqueza de la sociedad” y restablecer el protagonismo del individuo por encima del Estado. ¿Qué significa en los hechos?

-Es una visión integradora social. La sociedad está compuesta de seres diversos y vemos que desde el gobierno poco se ha tratado de hacer por la unión nacional. Hay que entender que las diferencias aun en el desacuerdo son la fortaleza de una sociedad. No creo que para que haya más ricos tiene que haber más pobres, es un pelotón en el que por supuesto el que se esfuerce más va a liderar.

-Cuando se habla de diversidad y de respetar las opciones de los individuos, se suele hablar de respetar los derechos individuales, por ejemplo de los homosexuales. Y pese a eso, usted no votó la ley para habilitar el matrimonio homosexual.

-Y sostengo ese voto. No creo que la palabra matrimonio se pueda usar en un orden jurídico para dos instituciones distintas. La Real Academia Española habla de una “unión de hombre y mujer”. Creo en el otorgamiento de derechos. Pero el término matrimonio es otra cosa.

-Durante la dictadura pasada, usted era un niño. ¿Cómo ve el debate que se generó en la sociedad en estos días a partir del fallo de la Suprema Corte de Justicia de inconstitucionalidad de la ley “interpretativa” de la “caducidad”?

- Lamentablemente seguimos hurgando en la historia para dividirnos. Aquí hubo una salida con una trilogía de leyes (de “Caducidad”, de “Amnistía”, y de “restitución de los funcionarios públicos”) que como toda creación humana fue imperfecta y con una cuota de injusticia. Pero tendieron al bien social. Yo respeto el dolor de muchos ciudadanos. Resalto la opinión de Javier Miranda enseguida de conocido el fallo. Su dolor, su desazón. Pero apela al respeto de los fallos. Hay que mirar hacia adelante.

-¿Coincide con la idea que manifestó el presidente José Mujica respecto a que el tema se acabará cuando se mueran todos sus protagonistas?

-No. Es la aceptación de que el ser humano no es capaz de perdonar en vida. Lo que hay que hacer es cumplir con la ley, y la “ley de caducidad” está vigente.

-Usted se presenta como una renovación generacional. ¿Qué significa ser joven en política?

- Hay una generación intermedia en nuestro país que es propia de otra velocidad de gobierno y de la política. Actualmente la política es cada vez más intensa, los políticos están cada vez más expuestos y el relacionamiento político-ciudadano quizá sea más intenso pero más corto. Yo creo que los Lacalle Herrera, los Batlle, los Sanguinetti y también los Vázquez no van a existir más. Sin perjuicio del derrotero electoral que corre Tabaré Vázquez en la próxima elección, creo que se extingue una forma de conducción. Bill Clinton es un ejemplo de lo que creo que será la política nacional. Fue un presidente exitoso de Estados Unidos, pero está alejado de la carrera electoral. Entendió que el mandato, que ser primera figura era para ocho años. Y después afuera.

Tiene que “quedar claro quién es el candidato”

-¿Qué lugar va a ocupar su familia, su padre, su madre, en la campaña, teniendo en cuenta el lugar destacado que ocupan en la historia del Partido Nacional?

-Mi mujer tiene su trabajo, y por ser una outsider de la política la escucho mucho. Mis hijos son muy chicos. Y Lacalle tiene la participación como el dirigente más importante de Unidad Nacional pero él respeta y entiende que los tiempos políticos son otros y que si bien su opinión es valedera, en base a su experiencia, somos otros los que decidimos.

-Pero en una campaña electoral, ¿tiene planificado qué tan cerca o lejos estará su padre?

-En el afecto siempre cerca, en la campaña política lo que creo es que tiene que quedar claro quién es el candidato, cuáles son los equipos, cuál es el tiempo y cuáles son las generaciones que les toca gobernar. Es muy importante que nadie vote ni deje de votar equivocado. Que no se tenga una actitud positiva ni negativa de una percepción equivocada.

-Hoy las encuestas de opinión pública indican que la mayoría de los votos blancos están con Jorge Larrañaga, seguido por el ex presidente Lacalle pese a que dijo que no será candidato. Muchos dirigentes consideraron que usted era el “sucesor natural” y el más apto para captar el voto lacallista…

-Esto último puede ser. Quizá alguno haya pensado que era el más apto. Pero está comprobado que no hay herencias políticas. Yo las rechazo por inmerecidas. Yo nunca comparecí electoralmente dentro del oficialismo de Lacalle. Hubo una distancia prudente y conveniente para que ni mis acciones perjudicaran a Lacalle, y en el caso a la inversa, que ni las acciones positivas de Lacalle me beneficiaran injustamente ni alguna negativa me perjudicara. Respetamos los tiempos y modernidad de cada uno.

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