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Hacia el Colapso Económico y el Nuevo Ajuste Fiscal

22/02/2013 Sin Comentarios

Ricardo Puglia

Desde 1995 Montevideo tiene una Administración frenteamplista que en tantos años no ha sabido siquiera recoger la basura y mantener una ciudad limpia y ordenada. Es un caos insalubre y visual. Los carros tirados por caballos pululan por la ciudad y los limpia parabrisas continúan con su negocio al amparo de las autoridades. La permisividad se difunde erróneamente como solidaridad.

Ya el primer Intendente de izquierda prometió y no cumplió erradicar todo esto. Sin embargo, una de las primeras medidas de su gobierno fue clasificar a Montevideo en zonas 1, 2 y 3 para aumentar los ingresos de la contribución inmobiliaria primero y luego la patente de rodados por la que los propietarios de vehículos comenzaron a huir al interior del país.

El primer presidente de izquierda en 2007, llevado de la nariz por el ministro de economía de la época, incrementó en una forma desmesurada y demencial la carga tributaria de los trabajadores del Uruguay que hoy aportan algo más de us$ 1.000 millones por concepto de IRPF y IASS.

No contentos con ello, la actual Administración con el Ministerio de Economía en las “sombras”, (léase OPP), propuso a la mayoría parlamentaria de yeso otro impuesto para realizar las obras de camineria que debieron hacer con el presupuesto corriente que mal gastaron en el denominado gasto social que admite cualquier derroche hasta la compra de sillones de lujo, viajes a Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador de los cuadros dirigentes.

Al declararse inconstitucional el referido impuesto, se habla de cambiar la Constitución y anteriormente el jefe del Ejecutivo había manifestado que lo político está por encima del marco jurídico. Vaya Presidente!!! Vale recordarle que el conglomerado de izquierda llegó al poder con el 48% de los votos de los uruguayos habilitados y fue elegido entre otras cosas para gobernar dentro del marco constitucional vigente y el marco jurídico que lo acompaña.

Hoy nos encontramos que todos los elementos que ayudaron a crecer a la economía desde el exterior desde 2005 se vienen achicando, sean los precios de las commodities que exportamos, sean los volúmenes, sean los propios productos cuya estructura no ha cambiado mucho durante los últimos 50 años. Los monumentales déficits fiscales heredados de la Administración Vázquez y los que lleva la actual nos muestran que la izquierda es una pésima opción a la hora de gestionar los ingresos públicos, su administración y los magros resultados obtenidos hasta el presente. Las intendencias departamentales como Canelones y Maldonado avalan lo anterior.

Nunca en la historia ninguna administración ni blanca ni colorada dispuso de tantos recursos. Y sin embargo, estamos a punto de colapsar a mediados del próximo invierno, ya sin el Ministro Lorenzo, con una rendición de cuentas que no respetará las ecuaciones económicas, con una tasa de interés internacional a la suba, con precios internacionales a la baja, con más de 40.000 empleados públicos nuevos, con remates sin resolver (Plunagate), con un dólar planchado, una inflación sin control y un gran déficit 2013 en camino nuevamente.

Obviamente, el nuevo ajuste fiscal se está proyectando y tendrá como slogan que paguen más los empresarios que ganan más. Esta vez les tocará a los empresarios financiar el derroche presupuestario de la izquierda. Bajarán los beneficios a las inversiones, introducirán alguna retención a las exportaciones de granos y carnes, gravarán con más virulencia a los productos suntuarios consumidos por la élite gobernante y sus amigos del Hotel Conrad, que dada la desastrosa temporada 2012/2013 hará vivir un duro invierno en términos de delincuencia.

2013 no será un buen año para los uruguayos. No se resolverán los problemas que afectan a la Educación ni a la Salud después del triste episodio “Venegas”. Tampoco tendremos mejor seguridad y continuaremos enrejados los que estamos libres y se mantendrán libres los que deberían estar entre rejas. La vivienda social la esperamos.

2005/2015 será recordada como la década que gobernó la izquierda con todo a favor, incluidas las manos de yeso parlamentarias y desembocó en un gran colapso social y económico que marcó el rechazo hasta de sus propios votantes.

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