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Hablando claro

22/02/2013 Sin Comentarios

Eugenio Baroffio Abadie

Con escaso rigor semántico y sospechosa intención política, está extraordinariamente difundida la utilización de términos de significado unívoco pero cuyo empleo se hace siempre con sesgos ideológicos al servicio del sectarismo de la izquierda. De a poco, todo esto va consagrando una tesitura desdichadamente extendida, que deseo deliberadamente refutar porque incide en acontecimientos tan peligrosos para la democracia republicana, como los que hoy mismo están aconteciendo en Uruguay.-

Muchas veces me he referido al uso deformado del adjetivo “progresista”, destinado a calificar a quienes sostienen, precisamente, teorías que –una vez aplicadas- demuestran que convierten a los países y sus habitantes, en los que menos han progresado.-

También se aplica por muchos comunicadores la expresión “presos políticos” con una ligereza imperdonable, cuando en vez de referirse a los perseguidos por razones meramente ideológicas (que los hubo y en gran forma y estilo durante la pasada dictadura), lo hacen aludiendo a guerrilleros que se alzaron en armas contra la democracia y fueron condenados por las instituciones creadas por ésta para defender a la República.

En ocasiones, me he indignado con el mal empleo del concepto de “defensa de los derechos humanos”, por boca de quienes en cuanta ocasión han tenido, sólo se han ocupado de pasarles por encima como con aplanadora.

De más está decir que cuando alguien sostiene que en materia de tales derechos, con los dos últimos gobiernos del Frente Amplio ha habido una mejora, no puedo menos que inquietarme. La mayoría de los derechos consagrados en el artículo 7 y siguientes de la Constitución, así como las garantías que se constituyen jurídicamente para salvaguardarlos, se pisotean día tras día por parte de unos gobernantes y sus correligionarios que sustentan y ponen en práctica tesis que violan la Carta Magna, niegan la separación de poderes e imponen limitación a las libertades individuales.

Como dijera con tino indiscutible Don Manuel Flores Mora en una de sus recordadas “Contratapas”, no sólo alcanza con oponerse a la caza de brujas, sino impedir -además- que las brujas salgan a cazar. Porque ahora resulta que los grandes violadores de derechos de otrora: guerrilleros, Comunistas, revolucionarios violentos de toda naturaleza (que bien subsisten en la generosa cobija que la democracia liberal les brinda), se solazan con el enjuiciamiento de unos cuantos militares acusados de delitos cometidos hace 40 años, (y en vez de admitir que es indisimulada venganza declaran que defienden derechos de víctimas y familiares), mientras que descuidan derechos individuales y sociales del presente, como los de los postergados estudiantes de una instrucción pública perversa; o los seudo beneficiarios de planes sociales condenados a depender para siempre del “cheque del Estado”; y la ciudadanía trabajadora y honesta que vive en la mayor de las inseguridades, padeciendo día tras día el hurto, la rapiña, las lesiones y el homicidio de una minoría (que por desgracia crece) prácticamente impune.

No hay buenos servicios de salud para quienes los necesitan y no pueden costearlos. No existe política de vivienda ni quien se ocupe de proveerla a quien no puede acceder a ella por sus propios medios. El derecho de propiedad está poco menos que mal visto (si es ajeno, por supuesto). El derecho al trabajo no es garantizado para quien no quiere adherir a una huelga decidida, entre gallos y medias noches, por minorías sindicales fuertemente partidizadas.

Del propio gobierno han provenido ataques a la libertad e independencia de los magistrados, como aquel paradigmático caso de un legislador que les recordaba, a los jueces, quiénes votaban su presupuesto. A lo largo de los años, debimos ir acostumbrándonos –aunque no lo compartiéramos- que a la menor indagación de un probable delito, dirigentes sindicales se movilizaran y obstaculizaran el funcionamiento de la Justicia o la presionaran y amenazaran en defensa de sus asociados.

Se han sostenido las posiciones más antiliberales y menos garantistas, para justificar procesos de quienes habían sido amnistiados mediante una ley que luego de regir 20 años, se derogara aún contra la voluntad del soberano manifestada por dos veces en las urnas.

Se viola la seguridad jurídica y la promesa de no imponer más tributos, pasando –por si aquello fuera poco- por encima de la Constitución, como la Suprema Corte de Justicia acaba de declararlo con relación al ICIR.

Se convoca y hace una asonada o se comete el delito de atentado o desacato, como ocurriera contra el Poder Judicial en ocasión de la jura, al asumir su cargo, de más de una decena de jueces, hace pocos días.

“Feo, feo”, se limitó a responder el presidente José Mujica cuando le preguntaron acerca de lo sucedido el viernes pasado en la sede de la Suprema Corte de Justicia. Si se hubiese impuesto mayor coherencia intelectual, habría debido admitir que cuando él ha llegado a justificar la violación del Tratado del Mercosur porque “lo político está por encima de lo jurídico” abrió la caja de Pandora y habilitó que estas cosas ocurrieran. Porque sin el respeto y aplicación de la norma jurídica, aunque inicialmente esto ocurra en casos aislados (pero cada vez más frecuentes), toda garantía se va perdiendo. La convivencia social se traba. El camino rumbo a la arbitrariedad y el autoritarismo se facilita.

Tanto da exponerse a los devaneos de un Poder Ejecutivo que hoy te dice (o hace) una cosa y mañana la otra, como quedar librado al atropello de turbas de manifestantes que pretendan imponer su voluntad, contra las instituciones.

Hablando claro, entonces: desde el ya impuesto y malintencionado uso de las palabras, hasta las claudicaciones institucionales que se ponen de manifiesto con el desembozo de algún senador que pide explicaciones al Poder Judicial acerca de las designaciones de jueces (que sólo a éste le competen), hay un sendero por el cual el Frente Amplio ya ha transitado. Y desde estas claudicaciones al abismo, solo un paso resta. Paso que espero que una ciudadanía muy alerta y militante pueda evitar.-

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