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Derecho a la vida

28/12/2012 Sin Comentarios

Francisco Gallinal – 26 de octubre de 2012

Reconocemos el derecho a la vida en toda su dimensión o aceptamos que tiene excepciones y que existen casos en que no debe ser reconocido. ¿Ser o no ser? Esa es la pregunta.

¿El derecho a la vida es un derecho principal, fundamental, que no admite limitaciones de ninguna naturaleza, o puede colocarse en la estatura jerárquica de muchos otros y, como consecuencia de ello y por razones de interés general, admite excepciones?

A mi juicio, y a juicio del el Partido Nacional, el derecho a la vida es un derecho principal que no admite excepciones y, en consecuencia, debe ser defendido absolutamente en todas sus manifestaciones. El derecho a la vida es un derecho principal y es el primero de los derechos humanos. Todos los derechos humanos que se van incluyendo –derechos que se van haciendo cada vez más comprensivos en esta política, en esta cultura y en esta concepción que va ganando al mundo– adquieren una posición importante y de enorme jerarquía, pero siempre secundaria, un escalón más abajo del derecho a la vida, que es el primero de todos los derechos, por una razón muy sencilla: sin el derecho a la vida pierden razón de existencia todos los demás derechos.

Si no se defiende el derecho a la vida sin excepciones, dejan de existir y no tienen razón de ser los demás derechos, y por eso nuestra responsabilidad es fortalecer, blindar el derecho a la vida de manera que no tenga ningún escape, orificio o puerta de salida que pueda vulnerarlo. Por eso no es justo denigrar el derecho a la vida diciendo que se lo coloca en un pie de igualdad con el derecho a la libertad, por otra razón muy sencilla y lógica: no hay libertad si no hay vida, pero sí hay vida sin libertad.

No debe haber materia más rica que los derechos humanos, porque cada vez más derechos son humanos y cada vez más se hace necesario incluir en esta categoría superior nuevos derechos que forman parte de la protección del ser humano en todas sus manifestaciones vitales. De todas formas, en primer lugar está la vida, porque no hay otros derechos si no hay vida, aunque sí hay vida sin otros derechos.

Afiliados a esta concepción, llegamos a la sesión del Senado a defender ese concepto cultural en todas sus manifestaciones. Esa es la posición con la que el Partido Nacional ha comparecido en todas las instancias y esa es la concepción con la que llegamos a la sesión. Sorprendidos por la posición de partidos políticos o coaliciones de partidos que en el transcurso de los últimos años levantaron con mucha fuerza la bandera y los principios de los derechos humanos, pero que hoy tienen un quiebre de esta dimensión en la defensa de esos derechos al impulsar un proyecto de ley que interrumpe la vida.

En Sala se manifestó que la aprobación de esta norma significa un avance en la defensa de los derechos de género, en la defensa de los derechos de la mujer, por lo que nos preguntamos lo siguiente. Si existe vida desde la concepción –lo que efectivamente es así–, ¿qué pasa con el derecho de la mujer embarazada si lo que lleva en su vientre es otra mujer? ¿Dónde está el avance en los derechos de la mujer? ¿En optar entre una mujer u otra? ¿En optar entre una mujer que lleva ya años de vida u otra que está naciendo a la vida?

Cuando se evocan argumentos de estas características, terminamos pensando que se parecen mucho más a razones político-electorales que a razones de principios, que son las que nos deben guiar en estas circunstancias. En efecto, ¿el equipo interdisciplinario que se crea por ley para que la mujer embarazada lo consulte, tiene potestades para decidir si la mujer está comprendida en esas causales, esto es, si se justifica la penuria económica, la razón social, familiar o etaria? No, porque aun si el equipo interdisciplinario llega a la conclusión de que no hay razones de penuria económica, sociales, familiares o etarias, el trámite sigue adelante por la sola voluntad de la mujer. Quiere decir que por una vía oblicua se termina obteniendo lo que se quería desde un primer momento, que es que la posibilidad de terminar con la vida que lleva en su vientre quede librada exclusivamente a la voluntad de la mujer sin razón de naturaleza alguna. ¿Esa es una razón de género? No, más bien se ha establecido el disfraz de una eventual consulta porque en todos los casos –repito, en todos los casos, sin ninguna excepción– el trámite termina en que decide la sola voluntad de la mujer.

En los próximos días vamos a presentar un proyecto de ley que termine de consagrar la verdad científica, de que hay vida desde la concepción. Ese proyecto de ley dirá, sencilla y contundentemente: “sujeto de Derecho se es desde el momento mismo de la concepción”.

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