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Matrimonio igualitario

14/12/2012 Sin Comentarios

Ricardo Berois

Desde que comenzó a tratarse el tema del matrimonio igualitario u homosexual, no he tenido una postura única, más bien dubitativa, y lo digo francamente, he cambiado de posición. Es de hombres inteligentes cambiar de posición, porque he actuado siempre con libertad, sin pre-conceptos; eso es parte de los que somos integrantes de una colectividad de hombres libres.

Puedo compartir que la génesis de la palabra “matrimonio” es la unión de dos personas de diferente sexo, que emana de la raíces de la civilización, tal vez eso fue lo que me haya puesto en duda varias veces. El nombre no hace a la cosa de fondo y no me quiero quedar en la discusión de la denominación.

¿Esto es clave?, ¿es primordial?, ¿hace a algo esencial, en nuestro contemporáneo existir, tan diferente al de nuestros abuelos y también al de nuestros padres? Estas preguntas transformadas en reflexiones, me hicieron cambiar la opinión que había forjado al principio, pero también hace que reafirme mi juicio sobre la “institución familia”.

En los últimos años hemos legislado en desmedro de la familia, base de cualquier comunidad. En la medida que no se pueda solidificar la “institución familia”, poco futuro de desarrollo puede tener cualquier sociedad, por más desarrollo económico que se tenga.

Pero la unión de dos personas del mismo sexo afecta la “institución familia”? Yo creo que no, por el contrario la solidifica; todo aquello que se construya con amor, con afecto, y además quiera legitimarse, acrecienta los vínculos positivos de toda relación humana.

No son estos los obstáculos para solidificar la institución familia, por lo menos de lo que yo entiendo – como cristiano- que es la familia. Donde para plasmar una sociedad más humana, más digna, es necesario revalorizar el amor en la vida social.

Son los anti-valores que no entran en los parámetros de la familia, como la violencia, la mezquindad, el egoísmo, la soberbia, la perversión, el resentimiento, etc.

Lo que aquí estamos analizando es la posibilidad de formalizar ante la ley el amor de dos personas que se comprometen a una vida en común, es un compromiso de vida ante la ley, eso que felizmente muchos pudimos concretar. De eso se trata, darle la misma posibilidad que tenemos los heterosexuales.

La segunda fundamentación – no menor- me la dieron las estadísticas, que realmente nos pone en la cruz de camino sobre lo que la sociedad contemporánea piensa sobre el matrimonio. En el mes de febrero, salió publicado en la prensa que en los últimos veinte años, disminuyeron en un 50% los matrimonios en nuestro país.

Cuando en la sociedad en que vivimos, el matrimonio ha venido en franco deterioro ¿por qué me tengo que negar a que personas de igual sexo quieran comprometerse con esta institución que viene cayendo en desuso?.

Lo que falta es compromiso, vemos como a las personas cada vez más les cuesta asumir compromisos y cuando se trata de legitimar la unión de una vida en común, las estadísticas se nos caen. Reconstruir esto es parte de los desafíos que tenemos y no lo podemos hacer creando disparidades que en nada ayuda a construir compromisos, y consolidar afectos ante la ley es una señal de responsabilidad social.

Yo soy católico y el evangelio es guía permanente de mis acciones, como cristiano nada me impide votar a favor, por el contrario, los cristianos debemos ser testigos profundamente convencidos y saber mostrar, en sus vidas, que el amor es la única fuerza para conducir la perfección personal y social y mover la historia hacia el bien.

Para plasmar una sociedad más humana, más digna, es necesario revalorizar el amor en la vida social, ese amor es la forma más alta y más noble de la relación de los seres humanos.

La finalidad de la doctrina social es de orden religioso y moral. Moral, porque la Iglesia mira hacia un “humanismo pleno”, es decir, a la liberación de todo lo que oprime al hombre.

En el contexto social en el que vivimos, todos los días somos testigos de hechos aberrantes, incalificables, donde la intolerancia forma parte de nuestro diario existir. Comprendemos que parte de la sociedad les colisiona sus costumbres porque no integra su forma de vida, pero tenemos que mirar el futuro con amplitud y no es esto que nos tiene que molestar. En lo que no tenemos que bajar los brazos, es en la lucha contra la falta de compromiso, la intolerancia, la fractura social, que reproduce un círculo vicioso de violencia, miedo, resentimiento y frustración.

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