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Martín García: la historia de una inconclusa infamia

07/12/2012 Sin Comentarios

Adolfo Castells, El Diario – 05.12.2012

El nombre de “Martín García”, hasta la firma del Tratado del Río de la Plata y su frente Marítimo, en 1973, fue un nombre que evocaba una isla y esa isla un litigio, que por su soberanía mantenían Argentina y Uruguay. Arreglada la controversia, el enclave argentino rodeado de aguas uruguayas, fue exclusivamente destinado a “reserva natural para la conservación y preservación de la fauna y flora autóctonas” y sede de la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP).

Pero a partir del retorno de la democracia a nuestro país, el “Canal de Martín García”— en realidad conjunto de 9 canales que van desde el km. 37 al km. 132 del Río de la Plata (o 0 del Río Uruguay) — se convirtió en un nombre mágico, que evocaba un muy caro anhelo uruguayo de profundización y navegabilidad, de ambos Partidos Tradicionales.

Tan temprano como en el mes de mayo de 1985, los Presidentes Raúl Alfonsín y Julio María Sanguinetti suscriben el “Acta de Colonia” por la cual se prevé —entre otras cosas— la profundización de dicho canal. Posteriormente en la presidencia de Luis Alberto Lacalle, se firman en 1991, las Notas Reversales llamando a licitación para el dragado, balizamiento y mantenimiento de los canales del área de Martín García, encomendando la administración de la obra a la CARP.

En el segundo período del Dr. Sanguinetti, se empieza y se termina la obra del MartínGarcía a32 pierde profundidad. En la administración del Dr. Tabaré Vázquez, vence el contrato de mantenimiento, se prorroga y luego se vuelve a prolongar en la presidencia de José Mujica.

Por otra parte, muy poco después de asumir sus funciones, el Presidente Mujica se reunió en San Juan de Anchorena con su par, la Dra. Cristina Fernández de Kirchner y emitieron una declaración conjunta por la cual acordaban: “Avanzar decididamente para la profundización del Canal Martín García, conforme al

contenido de las notas reversales del 8 de julio de 1991, armonizando todo lo necesario para definir su implementación”.

Poco después, el 2 de agosto de 1011, se vuelven a reunir los Presidentes de Argentina y Uruguay y acordaron que en 45 días se hiciera un llamado público a precalificación de empresas para el dragado del canal Martín García. Lo cual hace afirmar al Presidente uruguayo: “dentro de 6 meses estamos canalizando”.

Han pasado 16 meses desde la afirmación de Mujica y, por supuesto, no se ha empezado a dragar a34 pies. Y peor que eso, de acuerdo a lo establecido en las Notas Reversales de 1991, el canal Martín García debe seguir la profundidad del canal Mitre, que está en jurisdicción argentina.

No se mencionó en ningún documento la pretensión uruguaya de que se cumpla lo acordado y se drague a 36 pies cuando el Mitre los alcance y según informaciones de publicaciones especializadas, ya está en esos 36 pies, aunque oficialmente Argentina no lo haya notificado.

Lo más inaudito, son las mentiras que se han dicho para tratar de no dejar mal a los argentinos, mientras estos se han reído de nosotros. Hay que ver los juegos malabares que hizo nuestro inefable Canciller en el Parlamento, para no confesar que había fundadas sospechas de un ofrecimiento de “coima” argentina y hasta prefiere quedar mal o dejar mal a sus funcionarios, antes que rozar a los vecinos.

Sin ir más lejos, el 9 de mayo de 2012, Almagro declaró a Radio Sarandí: “No digo el 30 de mayo pero por ahí, tendremos el pliego de la licitación pronto”, que aún hoy en día no lo está. Es como lo califica Gabriel Pereyra: “Un profesional de la mentira”.

Y a todo esto surge la última novedad que mucho huele a otra cortina de humo, por las declaraciones del Ministro Fernando Lorenzo como indagado, en el caso del aval de Pluna: la destitución del delegado blanco en la CARP, Juan Gabito Zóboli. Gabito —según tuvo acceso El Observador— opinó que “las decisiones estratégicas de tono conciliador adoptadas por la Cancillería, no rindieron los frutos esperados ya que no fueron correspondidas por Argentina”.

También denunció que el gobierno uruguayo toleró en silencio una serie de cambios en la licitación del canal, introducidos por la administración de Cristina Fernández de Kirchner, que no hicieron más que favorecer la posición del vecino país, bloqueando y dilatando el proceso para profundizar el Martín García.

Y fue más lejos, recalcando lo que veníamos diciendo arriba, en el sentido que la licitación se encuentra detenida y no ha podido hacerse el llamado, porque la delegación argentina aún no ha dado aprobación, siquiera al pliego de condiciones presentado por ella misma.

En realidad, todo lo que dice Gabito lo sabíamos, lo intuíamos o lo sospechábamos: las genuflexiones uruguayas no tienen límite y ni siquiera pueden pretender haber sido efectivas. Han sido indignidades completamente gratuitas. O masoquismo, si se prefiere.

Y lo extraño que cuanto más se someten a los argentinos, cuanto más se humillan, el rencor se lo sacan con los opositores que —particularmente en este caso— estaban cumpliendo con su estricto deber de control e informe a las autoridades partidarias.

Y esa actitud vergonzante con las agachadas, lo hace a Almagro endurecerse y calificar como inadmisible la conducta del representante del Partido Nacional en la CARP, agregando: “Acá somos profesionales haciendo un trabajo, debemos comportarnos como profesionales, si no damos esa medida entonces se toman las medidas que se deben tomar”.

Lo de “profesionales” es para reírse a carcajadas y vuelve el Canciller con el mismo verso que ya había utilizado con el ex Vicepresidente Luis Hierro en la CARU, en el sentido que hacen declaraciones cuando los asuntos se están por arreglar. Otra falacia más de Almagro.

Hierro denunció que era la delegación argentina que impedía que se conociesen los resultados de los informes realizados por un laboratorio canadiense con muestras tomadas en el río Uruguay y hasta el día de hoy la situación, no sólo sigue igual, sino que fue admitida por la presidencia uruguaya en la CARU y por la Cancillería.

Realmente el asunto es preocupante y más lo es este nuevo engendro de organismo que se quiere crear —según Almagro idea de Mujica— un ente binacional que de acuerdo a La Nación, ya estaría muy adelantado.

En efecto, Uruguay y  Argentina avanzarían en la redacción de un acuerdo para destrabar el conflicto del dragado de Martín García y el borrador que se elaboró tiene dos ejes para instrumentar un plan de acción: 1) anular el actual llamado a licitación y 2) crear una empresa binacional privada y estatal destinada a operar en las futuras obras de profundización de calado en el Río de la Plata.

No se puede entender el fin de ese esperpento, existiendo el Tratado del Río de la Plata y un organismo competente que es la CARP, a los cuales el Uruguay debe defender con uñas y dientes.

Hay dos muy buenos artículos de Juan Oribe Stemmer sobre el particular, en el primero, afirma:

“El Uruguay también tiene un interés en asegurar la transparencia y la responsabilidad (“accountability”) en los proyectos de dragado binacionales. La creación de esa empresa dificultará, o directamente, eliminará, la posibilidad de controlar, especialmente por el Poder Legislativo uruguayo. ¿Acaso, el gobierno no ha aprendido nada de lo sucedido en los últimos meses?”

Y en el segundo:

“¿Alguien puede pensar que esos problemas se arreglarán creando una empresa binacional? Más bien se acentuarán, surgirán nuevas causas de fricción y aumentarán la burocracia y los costos”.

Esto es tan evidente que no necesitaría argumentación. Pero la prepotencia argentina, sumada a la más absoluta incompetencia uruguaya para negociar en pie de igualdad, va a terminar con soluciones improvisadas y nefastas para nuestro país.

Se incrementaran los costos para los usuarios y los exportadores, no da ninguna garantía de mayor transparencia, y cosa gravísima, estamos dejando a un lado un  instrumento como el Tratado del Río de la Plata que es lo único que —más o menos— aún nos preserva de males mayores, de costas secas y de doctrinas Zeballos.

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