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El perfume del país de Pepe

07/12/2012 Sin Comentarios

Francisco Faig, diario El País, 01.12.12

En estos días pululan las noticias que cuentan que somos vistos con atención por una parte del lejano primer mundo. Esta vez no por causa de la selección celeste, sino por el perfil de nuestro presidente: veterano adalid de la libertad en el continente; hombre probo y frugal; solidario hasta el tuétano; impar conductor lleno de sabiduría democrática. Fascina su estrella, su discurso, su “parfum solidaire” y su austeridad envidiada.

El cuadro seguramente llene de orgullo chovinista a la mayoría de los uruguayos. Con la ansiedad propia del petiso que aspira a ser reconocido algún día como esbelto y altivo, nuestro espíritu autocomplaciente resplandece cuando, desde fuera, se nos asegura que contamos con tan magnánimo presidente. Es que, agobiados por nuestros problemas cotidianos, la verdad, no nos habíamos dado cuenta.

Con tamaño reconocimiento internacional, quienes perseveren en marcar la responsabilidad del Frente Amplio en las enormes oportunidades perdidas de estos años de bonanza y en las tremendas deudas que hipotecan el futuro nacional, ganarán su lugar en el círculo reservado a los quejosos desacreditados del purgatorio patrio. Siempre es mejor batir el parche del bombo narcisista nacional -como en los cincuenta de Maracaná- que fruncir el ceño porque la realidad se empeña en ignorar el camino de la excelencia. Sin embargo, mientras la estima nacional se envilece con la autocomplacencia, se acumulan las noticias que dan cuenta del mal camino emprendido por el pequeño país del presidente abstinente.

La mugre urbana, el caos del tránsito, el ruido y la violencia son el pan nuestro de cada día. Solo se aprobaron un par de las medidas anunciadas en junio pasado por la seguridad pública. Nuestro capitalismo- clientelista- cooperativista- compañero, ha encontrado en los dineros del Banco República (Fondes) un nuevo ajuar para engalanar a las viejas Metzen, Pluna y Paylana, que están llamadas a re-fundirse prontamente (por causa, cuando ocurra, del pérfido “neoliberalismo internacional”). La otrora certeza de las cifras oficiales dejó lugar a las presiones sobre el IPC para bajar la inflación y a los disimulos de Interior para esconder homicidios. Las estrictas tareas de las empresas públicas se multiplican en una maraña de nuevas sociedades anónimas sobre las que no hay control político de los partidos de oposición. Las tantas veces anunciadas pulseras contra la violencia doméstica no llegan. La prudencia internacional de país pequeño se avergüenza por la consigna que califica de genocidio a un enfrentamiento bélico por puro afán anti-israelí. La esperanza de tener una mejor educación se frustra con el conocido despilfarro de dineros públicos que ahora tendrá un nuevo, consensuado y altisonante destino: la universidad tecnológica del interior (localidad relativamente amplia ubicada, como se sabe, en los confines exteriores a Montevideo).

Frente a tales noticias la cultura hegemónica responde, altanera, que habrá de reconocerse que en general, estamos mejor que en 2005; y que, la verdad, eso se debe a que gobierna el Frente Amplio. Como un niño con los reyes magos, los focos de la atención internacional nos alientan a creer que alcanza con insistir en nuestras cotidianas y estatistas rutinas para alcanzar el país de primera prometido. ¡Qué lindo que es que se fijen en uno y gracias al Pepe!

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