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El año del espacio fiscal

07/12/2012 Sin Comentarios

Luis Alberto Lacalle, diario El País – 02.12.12

Es esta la última columna del año 2012 y por lo tanto es natural que dediquemos la misma a analizar los sucesos principales del periodo que cerramos. Año lleno de acontecimientos señalados, importantes, este 2012 nos ofrecía muchos temas, todos ellos merecedores de atención. Dentro de las opciones era posible escribir sobre “La gran PLUNA”, el drama-comedia -sainete- escándalo que ha ganado por lejos los espacios, mezclando negocios, política, macaneo y oscuridades de todo tipo.

No menor era la tentación de abordar “Sí, Kristina” como centro de la política exterior del gobierno, o “El año de la Falopa” ante la universal excepción de legalizar la marihuana. Pero nos parecía que hacerlo implicaba invadir el campo del gran Kid Gragea, por lo que optamos por lo del título, que resultó también un momento estelar en las finanzas de nuestro país.

Como recordaran los lectores, seguramente que luego de repasar los meses transcurridos, el concepto de eventual fama, fue acuñado por el Ministro Lorenzo al inicio de las tareas relativas a la Rendición de Cuentas. Todos creímos que se transmitía la idea de que había un sobrante de recursos, sobre todo los Ministros de todas las carteras que se abalanzaron a lograr alguna parte de la torta que se cocinaba en Colonia y Paraguay. Luego nos enteramos, por propia boca el Ministro de Economía, que lo que el quería decir era que podía aumentarse el gasto en una cifra de ese calibre, sin comprometer demasiado los grandes números fiscales. Así fue y de los 140 millones de aumento llegamos, luego de tironeos varios y no menos abundantes reculadas en el campo de la prudencia, a una cifra de muchos más millones. Pero el tiempo pasa y no es piadoso con las liberalidades en tiempo de déficit….

Seis meses después, otro gallo es el que canta. Culmina el año con noticias económicas que no son gratas para nadie. El déficit se ha agrandado, alejándose de los cálculos oficiales y aun de los previstos por los expertos. En plena época de bonanza, con una recaudación nunca vista, las cuentas quedan cortas, es más lo que se gasta que lo que ingresa. La inflación, domada desde hace años por políticas virtuosas, ubicada debajo de las dos cifras, ha comenzado a crecer, la luz de alerta está encendida ante la inminencia de que se sobrepase el fatídico 10%. Ante ello, el primitivísimo método de apretar la tapa de la olla, que no logra que la carestía constatada todas las mañanas en las compras del hogar, ceda. Fueron pues por el dólar, también fácil expediente olvidando que es en esa moneda que exportamos y que se castiga a ese sector que ve sus costos subir y sus ingresos enflaquecer. Se ha roto el límite razonable en el aumento de algunos salarios, con el aliento o la indiferencia del Ministerio de Trabajo. Bueno es que se haya recuperado el valor del trabajo pero, en el ámbito privado, esto tiene un límite: el de la rentabilidad de las empresas que no son instituciones de beneficencia, ni arriesgan para meramente equilibrar los presupuestos. Solo el Estado puede, y de hecho lo hace, aumentar sin límite los salarios pues del contribuyente salen los recursos con más impuestos y vaya si este año ha sido pródigo en ellos. Los combustibles pagan las aventuras de una ANCAP convertida en un estado por dentro del Estado, con decenas de satélites ajenos a los controles y lanzados a las más extravagantes aventuras, sin medir los costos, claro. La soja y la carne valen, pero también sus costos. No pueden con la pesada carga de financiar al resto de la economía.

Desde la mitad sindical de este gobierno cívico-sindical parece no haberse percibido las señales de la realidad. Los más interesados en evitar la inflación son quienes reciben ingresos fijos. Es a trabajadores y jubilados que se les licuan las mensualidades si seguimos a este ritmo. Pero si ingresamos en la indexación, es mejor no imaginar nuestro futuro, con un gasto público muy poco flexible y las elecciones a la vuelta de la esquina. Con este panorama, ni el Dr. Vázquez se va a animar a pagar a cuenta…

La soberbia, el creerse fuera del alcance de las responsabilidades porque una muralla de votos los custodia, son veneno para este tipo de gobiernos de mano abierta y despilfarro. La mala gestión de las liberalidades fiscales las ha vuelto ineficaces para sus fines específicos, y malas para las cuentas generales. No hay mejor ejemplo que el de la educación, a la que se le han asignado todos los recursos por los que se clamaba, sin que ni padres ni alumnos hayan notado una diferencia. No hay noción del hacer, solo del deliberar, nombrar comisiones o lanzar ideas al voleo. No hay plan de obras públicas ni inversión significativa en rutas y puentes aunque el diagnóstico al respecto sea alarmante. No se puede seguir regalando exoneraciones impositivas totales para atraer inversiones, alguna de las cuales son realmente una befa. Los cargos de confianza se llevan millones por año, el descontrol de los necesarios auxilios a los que los necesitan generan las injusticias que se han denunciado.

Todo esto queda en la cuenta del Ministro que ahora se alarma pero que avisó que se podían gastar más millones a pesar de que no los teníamos…

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