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El cambio de escenario económico

30/11/2012 Sin Comentarios

Diario El País – 26.11.2012

El crecimiento de la economía nacional presenta signos claros de desacelerarse. Incluso más, hay sectores que se estancan. Evidentemente, estamos ante un cambio de escenario que tendrá consecuencias en las políticas económicas que planteen los partidos políticos de cara al próximo ciclo electoral.

Si se analiza la evolución de la industria nacional sin la fuerte incidencia de la actividad de la refinería de la Teja, los datos muestran un estancamiento de la producción con relación a 2011. Más grave, entre enero y octubre de este año, la actividad del puerto de Montevideo decayó un 11% con respecto a 2011. En otro orden, en el trimestre julio-septiembre de 2012 se corroboró un enlentecimiento del crecimiento de las ventas comerciales, según la encuesta trimestral de la Cámara de Comercio y Servicios. Aquí pesa la incidencia de una menor demanda doméstica, algo que también se verifica cuando se constata la baja en el crecimiento de los préstamos al consumo en el circuito financiero con relación al año pasado. Una evolución en el mismo sentido ocurrió con la comercialización de electrodomésticos en casas especializadas, que cayó un 13% entre julio y septiembre con respecto a 2011; con el retroceso en la facturación hotelera, que fue de 11%; y con la venta de repuestos automotores que se contrajo un 3%, siempre con respecto a 2011. En el mercado laboral también se acaba de conocer un leve deterioro. Ya no se mantienen las cifras récords de bajo desempleo de este último bienio.

En teoría, todos estos signos de fatiga del crecimiento económico favorecen la perspectiva de contener la presión inflacionaria que ya ha roto el techo de expectativas fijado por el Banco Central para 2012. Sin embargo, el panorama en este frente macroeconómico es más complejo y delicado.

Por un lado, el sector de la bebida hizo un acuerdo de incremento salarial calculando una inflación del 7% para 2013, lo que fue interpretado por técnicos del Banco Central como una evidente pérdida de credibilidad de las metas inflacionarias fijadas por la conducción económica. Hubo una rápida disposición del gobierno para revisar el acuerdo. Pero lo cierto es que está latente la amenaza de una reacción en cadena que genere una espiral de aumentos de salarios y de precios por encima del 10%.

Por otro lado, el gobierno no da señal alguna de moderación en sus gastos. Ya 2012 plantea un escenario de déficit fiscal primario (previo pago de intereses de deuda), sin que el gobierno haya decidido por ello aplacar el gran crecimiento del gasto público definido en la última rendición de cuentas. Aprovechando una buena coyuntura, el gobierno encaró con éxito en estas semanas un reperfilamiento de vencimientos de deuda que dará más holgura a su manejo financiero. Además, logró que el Banco Mundial aprobara importantes préstamos por un total de más de 320 millones de dólares para invertir en políticas de desarrollo -como la mejora de la red vial por ejemplo. Se trata de importantes recursos que estarán a disposición de la caja del gobierno. Como claramente expresó el ministro Lorenzo, “son dineros que no se van a desembolsar, sino que van a quedar a disposición en caso de que los necesitemos”. En este esquema, la merma de la demanda privada que enfríe la economía habrá de ser suplantada sin inconveniente por la inversión pública, de forma de asegurarse un escenario favorable de cara a las próximas elecciones.

Así, con un contexto de menor crecimiento, mayor gasto público y fuertes presiones inflacionarias, el problema de la competitividad de nuestra economía gana en protagonismo nuevamente. No solamente por tener un dólar planchado que ni siquiera sigue la evolución de lo que ocurre en Brasil, sino que las presiones sindicales que se vienen en la ronda de ajustes salariales, azuzadas por el discurso de la “mejora en la distribución de la riqueza” y del “mayor giro a la izquierda”, no permiten avizorar que se vaya a tener en cuenta el criterio de la mejora de la productividad para definir los futuros aumentos en los costos del factor trabajo.

Todos estos signos de cambios en el escenario económico van definiendo un panorama difícil. Para enfrentarlo, el gobierno se está blindando hasta el 2014. Pero está claro que, al mismo tiempo, está dejando una pesada herencia a la próxima administración.

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