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¡Despilfarro!

23/11/2012 Sin Comentarios

Ricardo Puglia

El déficit fiscal de la Administración Mujica al cierre de 2011 alcanzó a $ 24.328.063.000 equivalentes aproximadamente a us$ 1.100.000.000 o al 2.70% del PIB estimado para 2011. Con suma alegría el Poder Ejecutivo promulgó la ley 18.996 el siete del corriente con la firma de todos los integrantes del Consejo de Ministros aprobando la gestión económica-financiera 2011 luego de haber despilfarrado los recursos pagados a través de los impuestos por todos los uruguayos y gastado en demasía.

El déficit fiscal es el resultado de restar a los ingresos públicos los gastos públicos incurridos durante el año civil. O sea, la Administración Mujica, solamente en 2011 gastó en demasía – por encima de lo recaudado – casi la misma cantidad de dinero que en la crisis financiera del año 2002 le permitió al Uruguay restablecer la quebrada cadena de pagos con los fondos obtenidos del Tesoro de los EEUU.

El déficit 2011 se financió con más endeudamiento externo, interno y con más inflación que los uruguayos pagamos a través de mayores impuestos para atender más cantidad de intereses y menor poder adquisitivo de los bienes y servicios que día a día consumimos. Se agregan los déficits de las intendencias municipales que mayoritariamente se encuentran financiados con créditos de proveedores que exceden los tiempos contratados para su pago hasta en seis meses o más.

Desde el año 2005 hasta el año 2011 los uruguayos gastaron promedialmente en consumo casi el 84% de sus ingresos y ahorraron sólo el 16% en el contexto del PIB. Obviamente, no todos los uruguayos poseen capacidad de ahorro, sólo lo tienen aquellos uruguayos con altos ingresos que en cantidad son menos que los que no pueden ahorrar. Por esta razón los créditos al consumo no hacen más que crecer y crecer a altas tasas en perjuicio de los más bajos ingresos.

¿Quiénes pueden ahorrar? Los salarios que pagamos a los altos cargos públicos, los propietarios de empresas que generan anualmente utilidades en sus negocios y todos aquellos que ocupan altos cargos en empresas privadas o profesionales independientes.

El ahorro es fundamental en toda familia y el ejemplo debería darlo la Administración Pública de turno que nos gobierna. Ahorrar significa privarse hoy de un consumo para realizarlo en el futuro sin necesidad de recurrir al endeudamiento.

Es fácil imaginar que si en momentos en que la economía crece, el gobierno despilfarra 1.100 millones de dólares y desde el 2005 la población gasta más del 84% de sus ingresos en consumo, esto es, los uruguayos están estancados y necesitan urgentemente elevar sus fuentes de ingresos para incrementar su capacidad de ahorro en al menos un 35%.

No se trata de consumir menos sino de producir más para alcanzar el prometido país de primera.

Si los 1.100 millones de dólares que el gobierno gastó por encima de sus ingresos se hubieran invertidos, digamos us$ 300 millones en reparar todas las vías de trenes existentes, nueva señalización, nuevas locomotoras y nuevos vagones de carga junto a us$ 300 millones en mantenimiento y reparación de la infraestructura vial del país y el resto, o sea, us$ 500 millones de dólares en reparación, mantenimiento y construcción de hospitales, escuelas, liceos, campos deportivos y seguridad ciudadana, seguramente el Uruguay hubiera comenzado a transitar a ganarse un lugar en la liga de primera.

Mientras la Presidencia de la República dispuso gastar adicionalmente a su presupuesto una partida anual de $ 10.000.000 (equiv. a us$ 500.000 anuales) con destino a financiar los gastos de funcionamiento de la Torre Ejecutiva, los precios promedio de exportación comenzaron a bajar, los trabajadores en el Seguro de Paro ascendieron a 31.440, la inflación se sitúa en el 9,11% – en aumento-, y el Estado durante 2012 despilfarrará los recursos que no tiene en el llamado gasto social (pan para hoy y hambre para mañana) intentando convertir el progresismo de izquierda en el Robin Hood de la comarca.

Tiempos de vacas flacas en el horizonte deberían hacer recapacitar a este gobierno de pocas ideas. Transformar al Uruguay en un país abierto al comercio exterior con la generación de más de 150 Tratados de Comercio Exterior, mejorar 1000% la calidad de la Educación Pública, erradicar los monopolios estatales permitiendo la libre competencia, tercerizar todo aquello que por décadas se ha sido incapaz de hacerlo bien, reducir los impuestos a la Renta y al Valor Agregado de las tarifas públicas, procurar incentivar un mejor sistema judicial más independiente y profesionalizado, invertir recursos disponibles del BROU en actividades productivas como programas de aumento de captura y procesamiento en la actividad pesquera, nueva fábricas que utilicen la celulosa que producimos como materias primas para la producción de papel, libros, etc., replicar la crianza del esturión, fomentar la incorporación de buques y naves para la navegación fluvial y oceánica, promover a Uruguay como un centro de distribución regional para los productos importados desde el resto del mundo para Brasil, Argentina, Paraguay, Chile y Bolivia con costes de manipuleo y espacios de almacenamiento muy bajos, atender a las flotas pesqueras del Atlántico Sur en un nuevo puerto en las costas atlánticas, etc., etc., etc., y no continuar con el derroche de gastos excesivos e innecesarios.

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