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Pensando tarde

16/11/2012 Sin Comentarios

Pablo Da Silveira, diario El País – 13.11.2012

El presidente Mujica dijo hace unos días que las políticas sociales deben incluir algún tipo de contrapartida y en cuestión de horas el tema se instaló en la agenda. Varios voceros del gobierno reconocieron que hace falta superar el asistencialismo y diversos técnicos señalaron que la práctica de subsidiar la pobreza sin exigir nada a cambio genera dependencia y otros efectos contraproducentes.

Lo curioso es que esto mismo se le ha venido diciendo a este gobierno y al anterior desde hace más de siete años. El Plan de Emergencia primero, el Plan de Equidad después, y más recientemente la estrategia general del Mides, ha recibido precisamente esta crítica desde tiendas opositoras y desde diversos ámbitos técnicos. Pero hasta que el presidente Mujica no lo dijo, esas objeciones fueron descalificadas como muestras de insensibilidad de “la derecha” o como resabios de neoliberalismo.

Algo muy similar ocurrió con la política educativa, incluyendo la Ley de Educación de la administración Váquez y el absurdo Debate Educativo que la precedió. Y algo parecido ocurrió también con la política de seguridad: durante largo tiempo los gobiernos frentistas dijeron que la solución estaba en la prevención y en la contención social. Sólo recientemente se ha escuchado al ministro Bonomi decir que, después de todo, puede que haga falta algún componente de represión.

Ninguno de estos cambios de óptica se produjo porque hayan surgido elementos nuevos. En el momento en que empezaron a aplicarse, las políticas sociales de los gobiernos frentistas tenían quince años de atraso respecto de las mejores prácticas internacionales. Las ideas que se impulsaron en el terreno de la enseñanza iban contra lo que decían todos los especialistas serios desde hacía muchos años. El enfoque dado a la seguridad era ingenuo y decimonónico desde los tiempos del ministro Díaz.

Pero la izquierda uruguaya prefirió no escuchar las advertencias que se le hacían. Su camino consistió en descalificar las críticas ajenas y cumplir un largo proceso interno (mucho más afectivo que intelectual) antes de admitir que debe revisar sus ideas. Ahora empiezan a sacar algunas conclusiones, y las presentan como si nadie las hubiera sostenido antes.

Cambiar de opinión es siempre un proceso arduo, y todos necesitamos encontrar el camino para hacerlo, No hay nada de criticable en esto. Lo criticable es la extrema lentitud y la ausencia de disposición a escuchar objeciones. La izquierda uruguaya se viene tomando un tiempo tan largo que se ha hecho sospechosa de pereza o de cobardía. Y lo que es peor, se ha hecho culpable de castigar a los más débiles con su demora. Aun si mañana cambiaran radicalmente las políticas sociales, ya hay decenas de miles de uruguayos que han generado dependencia y han cortado lazos con el mundo del trabajo. Aun si mañana se inaugurara una política educativa radicalmente distinta, decenas de miles de alumnos perdieron años preciosos de aprendizaje. Aun si mañana se diera un gran viraje en materia de seguridad, nadie resucitará a los muertos ni podrá borrar el dolor y la angustia de tantas víctimas.

La izquierda uruguaya no piensa diferente. Piensa despacito. Lo hace así porque le resulta confortable, y también porque los costos los pagan otros. Esa es su mayor responsabilidad histórica. Por ella y por el país, sería bueno que reaccionara de una vez.

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