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Pluna y la impunidad política que exhibió el gobierno

09/11/2012 Sin Comentarios

Gabriel Pereyra, El Observador, 09.11.2012

En medio del escándalo, el vicepresidente viajó a Vietnam y Calloia se reúne con López Mena y con Calvo.

No pensemos en la foto del ministro Fernando Lorenzo en el restaurante Lindolfo comiendo con el empresario López Mena y con el delegado de Cosmo, Hernán Calvo, a pocas horas de la subasta de los siete aviones por US$ 137 millones. Ya no nos hagamos preguntas de por qué no fueron a una oficina privada, por qué no lo demoraron, etc, etc. Tomémoslo como un ícono sin explicación, como el pecado original: no sabían que había que cuidarse un poco.

Dejemos eso atrás y veamos cómo, a la luz del escándalo que catapultó esa foto (seguramente mayor por lo que reflejaba que por lo que contenía), el gobierno siguió manejando la liturgia del poder en torno a Pluna.

En momentos que la oposición golpeaba sobre el aval presentado por Cosmo y las cada vez más firmes sospechas de que todos estaban complotados para un negocio que salió mal, la semana pasada el presidente del Banco República, Fernando Calloia, hizo una visita a las oficinas de Buquebus. Allí pasó por delante de decenas de personas que lo vieron entrar en una oficina en la que minutos antes había entrado Hernán Calvo, el delegado de Cosmo.

O sea, esta vez en lugar de Lorenzo, el que se juntó con López Mena y con Calvo fue Calloia, ya no en un restaurante, pero sí en las oficinas de Buquebus, que a esa altura, supuestamente, ya no tenía que ver con el fracasado negocio.

¿Tiene derecho Calloia a reunirse cuándo, cómo y con quién quiera? Tiene. Pero a la salida, cuando un periodista lo abordó, él guardó silencio, con lo que, quiéralo o no, alentó las suspicacias. Y no se pueden quejar cuando al día siguiente en vez de declaraciones de Calloia transparentando qué fue a hacer allí, publiquen hipótesis y conclusiones de todo tipo.

Los periodistas no son solo meros espectadores de lo que ocurre para contárselo a la gente así, sin contexto, sin una base mínima de cuestionamiento que ayude a pensar y, si es necesario, a dudar. Después de todo, si los protagonistas de esta obra no se cuidan de generar suspicacias, ¿por qué habría de hacerlo el resto de los mortales?

En estas horas el gobierno ratificó que la liturgia del poder que eligió transitar en torno a este asunto es el de la displicencia respecto al sentir popular, por erróneo que este sea. Otras veces actuó distinto. En el gobierno son legión los que piensan que la gente tiene una percepción equivocada de la seguridad pública, pero sus medidas están dirigidas muchas veces a calmar esa sensación que reclama soluciones.

Con Pluna no parece ser el caso. En medio del incendio que no se aplaca por el manejo desprolijo del tema Pluna, el vicepresidente de la República, el que estuvo en primer plano cuando se le concedió Pluna a Leadgate, el que lidera a quienes estuvieron al frente de la subasta, el referente del grupo político al que pertenecen Lorenzo y Calloia –dos de los jerarcas más cuestionados en el asunto-, el que propuso sin éxito que el gobierno comprara el boleto de reserva, se fue a Vietnam.

Estos viajes son importantes para el país pero hay decenas de jerarcas que seguro estarían dispuestos a ir, técnicos de la Cancillería expertos en negocios, en fin, cualquiera de los cientos de miembros del gobierno. Que sea Astori el elegido es como decir que el gobierno y el Frente Amplio se sienten tan poderosos, tan impunes -no judicialmente sino políticamente- que se pueden dar ese lujo.

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