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Observamos atónitos los pasos del gobierno

09/11/2012 Sin Comentarios

Francisco Gallinal

Los desaciertos reiterados del gobierno con el tema Pluna nos están haciendo perder de vista otro tema esencial. A tal punto es así que se ha hecho una suerte de costumbre enterarnos cada día por los medios de difusión, que aparecen nuevos interesados en los aviones, que esos interesados se reúnen con el Presidente de la República, el Secretario de la Presidencia o el Ministro de Economía y que, prontamente, el gobierno evaluará quien ofrece las mejores condiciones.

¿Para qué? No se sabe, no se sabe si se trata de venderle los aviones, alquilárselos, poner una nueva línea aérea de bandera nacional, arreglar una solución con el sindicato de trabajadores de la ex Pluna. ¿Qué es lo que ofrecen los interesados? Tampoco se sabe. Son de distinto origen, algunos vinculados al tema aviación, otros ajenos a él; vienen del exterior o son compatriotas, pero en ningún caso se dijo que es lo que ofrecen, ni que es lo que pretenden.

Estas cosas no pueden suceder, ni han sucedido antes. El Uruguay tiene todo un sistema jurídico, toda una legislación vigente que regula claramente este tipo de negociaciones. Cada vez que el Estado decide otorgar una concesión, adjudicar una obra, vender un bien, están establecidas en las leyes correspondientes las formas en que lo puede hacer.

El principio general que regula todo este sistema parta de la base de la competencia entre los posibles oferentes, en igualdad de condiciones para todos ellos. Para que ello sea posible se debe elaborar un pliego de condiciones en el que se establezca que es lo que se pretende, en qué términos, con qué exigencias, y qué es lo que, como contrapartida se ofrece como beneficio para la persona jurídica a la que finalmente se le otorgue el mejor derecho.

Todo eso pasa por un procedimiento, repito, competitivo, que bien puede ser una licitación, una subasta, una recepción de ofertas, en fin, son varios los caminos y todos signados por un conjunto de garantías muy claras. Que pasan, repito, por la igualdad de posibilidades para todos, por la publicidad de las actuaciones, por la reserva en lo que corresponda, por la recepción simultánea de ofertas y por una adjudicación con los mecanismos de contralor pertinentes.

El gobierno uruguayo, olímpicamente, ignora todas estas premisas, todas estas obligaciones, y maneja todo a su antojo. Lo que no parece advertir es que se está desprestigiando a pasos agigantados, y que además está desvalorizando y quitándole jerarquía a lo mucho que tiene para ofrecer. Porque a ésta altura lo que se perdió, se perdió. Campiani –por suerte- ya fue, y los aviones más tarde o más temprano habrá que pagárselos al banco acreedor.

Pero el tema hay que terminar de resolverlo. Nosotros, ya lo hemos expresado en más de una oportunidad, somos partidarios de intentar que el Uruguay tenga una línea aérea con nuestra bandera. Estamos totalmente de acuerdo en ponernos ese objetivo y trabajar para lograrlo. También creemos que el país puede contribuir a la gestación de esa línea aérea aportando muchas cosas que hoy, a la luz de lo ocurrido, puede hacer y que ayer no. Por ejemplo puede arrendar sus aviones, pactar un subsidio o un precio especial para el combustible, en fin, puede hacer mucha cosa. Pero puede hacerlo solamente, respetando las leyes. Como dijo el Gobierno en un escueto comunicado que lo iba a hacer, pero lamentablemente no lo ha hecho.

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