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Los simuladores

09/11/2012 Sin Comentarios

Jorge AZAR-GOMEZ

El hombre de traje azul llegó inusualmente rápido al remate de los aviones de PLUNA en la Rural del Prado, la soleada tarde del 1 de octubre. El presidente del BROU un rato antes autorizó el aval para presentarse al remate, ya que venía recomendado por las más altas jerarquías de la Presidencia de la República.

La gestión para su ingreso como oferente fue muy sencilla y hasta torpe, como para que solo gente torpe pueda creerlo: una carta hecha en un colage y una llamada concretada de un celular en la cual se presionaba para que se le concediera el aval sin mas trámites, recepcionada en la presidencia del BROU, que atinó mantenerla a resguardo ante cualquier traición, avisaban de la llegada a ese directorio de uno de los “simuladores”, a quien se le debía prestar especial atención y listo.

Fue así que se le concedió el aval por casi 14 millones de dólares, como acostumbra hacer esta banda de simuladores con sus cómplices.

El nuevo simulador, ingresó al banco el mismo día se le adjudicó el aval, lógicamente si era “amigazo” del “mimado ” del presidente como le iban a pedir documentación que avalara su representación de la empresa “COSMO” o carta de referencia,además el “simulador” actuaba “con total responsabilidad e idoneidad”.

Pasado siete minutos del remate , el “hombre de la derecha” levantó el cartelito con el N° 1, que le habían reservado y ahí nomas bajaron el martillo y le adjudicaron los 7 aviones de PLUNA , un avión por minuto.

En una semana en que el “simulador” había ofertado una suma exorbitante por los aviones lo que parecía un hecho cotidiano se transformó en desesperación para el gobierno y sus promotores.

Una sucesión de hechos extraños, ocurridos en los últimos días, pasó por la mente de la Presidencia de la República y del resto del gabinete responsable del “simulacro de remate” , como una película de terror.

Esos hechos, no era que no se había verificado su representación ni su capacidad de pago en su momento, no era que a Calloia le habían metido “el perro”, no era que ni la identificación se le había pedido al “simulador”, no era que el pueblo podía pensar que en el Gobierno de Mujica había clientelismo y corrupción, no era que un oferente aparecía como por arte de magia, sospechosas llamadas a la central española de COSMO que ignoraban lo que pasaba en nombre de ellos en Uruguay , solo hubo un dato llamativo: el “simulador” solicito modestamente una semana para pagar la comisión a los rematadores , comisión que al lado del monto del negocio era algo así como una “propina” y para el presidente y sus ministros , eso no se ajustaba a los “estrictos controles” que el BROU practicaba en todos sus procedimientos y por lo tanto debería actuarse con prudencia, no sea cosa que después fueran acusados de abuso de funciones y mala administración de la “cosa pública”.

Fue entonces que con la mayor delicadeza, se le solicito al “amigazo” toda la documentación de este para concretar la adjudicación, la cual luego de recorrer la misma los distintos “controles” administrativos, se le adjudicó.

Este hecho fue comunicado a presidencia , a efectos de que estén tranquilo que el “amigazo” contaba con todos los elementos para concretar el negocio de la mejor manera.

Todo sincronizado a la perfección.

El director y guionista del exitoso unitario “Los simuladores”, Damián Szifrón, no podría haberlo recreado mejor. Una trama llena de suspenso, bandas organizadas e inteligencia y creatividad a la hora de urdir mecanismos de estafas dentro de los esquemas del gobierno. Sólo que la escena descripta no aparece en ningún guión cinematográfico sino en varios expedientes judiciales.

Los “malos” no están interpretados por actores como Diego Peretti o Martín Seefeld sino por un grupo gubernamental de “simuladores” reales y muchos más manejando los hilos de este guión gubernamental donde los propósitos están lejos de ser nobles, como aquellos que perseguía el cuarteto de justicieros vestidos con impermeables.

Esta banda de verdad en los años 70 se dedicaba a obtener dinero de secuestros, cuentas bancarias, de financieras ,de bancos públicos y privados, casinos, etc. , con una operatoria simple: a través de la intimidación, la amenaza o el secuestro.

Nada de mecanismos sofisticados de hackers informáticos u otras yerbas. El éxito de la operación estaba garantizado cuando lograban infiltrarse en la entidad bancaria y disponer de un cómplice en su interior, comprado o amenazado.

El resto lo hizo una buena dosis de imaginación y audacia. Algunos intentos salieron bien. Otros, no.

Lo que llama la atención en todo esto es que la Justicia, que la sabemos experta y seria, no decretara que se le practicara pericia psiquiátrica al Presidente y al resto del gabinete y jerarcas que participaron en este “simulacro” .

“Los simuladores” de la ficción trabajaban para concretar sueños, castigar a los culpables o ayudar al débil. Y en cada capítulo asombraban con su inventiva para resolver problemas ajenos.

Esta banda de simuladores, en cambio, intentó resolver sus propios problemas económicos. Lo habrían logrado, a no ser porque nunca existe el crimen perfecto.

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