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Nuevos integrantes del CODICEN

19/10/2012 Sin Comentarios

Francisco Gallinal

A lo largo del relacionamiento que hemos tenido con el Gobierno en todos estos años, con las idas y venidas propias de partidos políticos que piensan diferente e integran un régimen democrático, hemos tenido oportunidad de escuchar muchas cosas. No hace mucho tiempo, precisamente en uno de esos momentos álgidos, escuchamos declaraciones de legisladores representantes –e integrantes– del Gobierno en el sentido de que, debido a la ofensiva que el Partido Nacional había llevado adelante en algunas áreas –en este momento recuerdo, particularmente, el tema de Pluna–, se le iba a exigir a los Partidos de la oposición que devolvieran los cargos en los Entes Autónomos y Servicios Descentralizados. Esa fue una expresión, por cierto, muy infeliz, porque quien así opina manifiesta la convicción de que los cargos le pertenecen, olvidando que ellos no pertenecen a nadie. Los cargos electivos son cargos a término, designados por la ciudadanía, en los que el mandato se renovará, o no, en función de lo que la propia ciudadanía disponga en la siguiente elección; y los que no son electivos –como ocurre en el caso que nos ocupa–, son producto del cumplimiento de normas constitucionales que regulan específicamente la forma en que se designan los integrantes del Poder Ejecutivo, de los Entes Autónomos y de los Servicios Descentralizados.

Cuando en aquella circunstancia que mencionaba se preguntó al Partido Nacional qué opinión le merecía el tema y si iba a devolver los cargos que pertenecían al Gobierno, señalamos que el Presidente de Ancap, Raúl Sendic, llegó a su cargo con los mismos votos que el representante propuesto por el Partido Nacional, Carlos Daniel Camy; la votación se produjo el mismo día en el que también ambos asumieron. Si no hubieran estado los votos del Partido Nacional, ninguno de los dos habría asumido; y este es solo uno de los múltiples ejemplos que demuestran que los cargos –lo digo una vez más– no son del Gobierno ni de nadie. Los cargos forman parte del sistema institucional; es la Constitución la que define y rige los pasos que hay que dar para su designación. Eso es, pues, lo que estamos haciendo hoy cuando votamos las nuevas autoridades del Codicen.

En consecuencia, reitero lo siguiente: quienes en los próximos días asumirán como integrantes del Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública, no podrían hacerlo si no estuvieran los votos de la oposición. Y si esos cargos han estado vacantes hasta hoy, ha sido porque el Poder Ejecutivo se tomó su tiempo para seleccionar los nombres, luego de lo cual vino a requerir la venia parlamentaria. ¿Para qué? Para que –dada la composición del Parlamento– el Frente Amplio, el Partido Nacional y el Partido Colorado decidan si corresponde o no que las personas propuestas asuman esas responsabilidades.

A mi juicio, hay que tener un poco más de cuidado cuando se hacen declaraciones de la naturaleza a la que me he referido, primero, porque muestran una falta de visión democrática –cuando creo que todos necesitamos permanentemente de ella para cuidar el buen funcionamiento de las instituciones– y segundo, porque a nadie se le debe quitar su mérito y mucho menos cuando se trata de la enseñanza. Lo decimos no solo por el contenido y la importancia que esta tiene, sino también por una discrepancia muy fuerte que tenemos con el Gobierno actual y con el que lo precedió. En lo que respecta a este último, una de las gotas que derramó el vaso e impidió que se concretara un encuentro de voluntades para integrar los Entes Autónomos y los Servicios Descentralizados con representación de todos los Partidos, fue que a último momento la oposición se enteró de que en la Enseñanza no iba a estar representada en su totalidad, sino que solamente había un lugar para ella. En esta Administración no solamente se repitió ese hecho –con la diferencia de que esta vez se anunció de antemano–, sino que además sucedió algo que para nosotros no debió ocurrir ni plantearse en la forma en que se lo hizo. Me refiero al hecho de que en los Consejos Desconcentrados no existe representación de la oposición. Si el Codicén es importante, también lo son estos Consejos; sin embargo, en ellos no tenemos voz, no tenemos voto, no tenemos oídos ni ojos; en suma, no tenemos posibilidades. Pero a pesar de esto, señor Presidente, una vez más ayudamos con nuestros votos a llenar estos cargos que no son de nadie, conformando las mayorías constitucionales necesarias y deseando –por supuesto– a los nuevos Administradores el mejor de los éxitos en el ejercicio de sus responsabilidades.

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