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Los seis millones y medio de votos

12/10/2012 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

Venezuela vivió días pasados una nueva experiencia electoral. Un País enfrentado como resultado del propósito político de un gobernante radicalizado como Chávez, que ha hecho de la descalificación de quienes no comparten sus ideas en su país y en el exterior una costumbre enervante, resolvió mediante la competencia electoral quien será su Presidente en los próximos años.

No hay duda que la campaña previa, lo que nosotros vimos, apreciamos, y lo que escuchamos de voceros autorizados y con credenciales democráticas innegables, mostró una clara desproporción entre Chávez, el estado a su servicio, los medios de comunicación estatizados o sometidos, la hesitación de la amenaza sobre las consecuencias de un eventual triunfo de la oposición, y el candidato de la Mesa de la Unidad Democrática, Capriles. Esa fue una forma de fraude, frente a la cual los demócratas opositores opusieron toda su voluntad, trabajando, convenciendo, invitando a los ciudadanos no solo a votar sino a participar activamente en la campaña.

Este panorama, fácilmente comprobable si se miden los tiempos de utilización de la televisión, se completó con los indecorosos anuncios de Presidentes de la región como la de Argentina, el de Uruguay, el del ex presidente Lula, entre otros de sus apoyos al candidato oficialista Hugo Chávez. Las apelaciones del oficialismo a una catástrofe, inclusive a una reacción armada para defender la revolución chavista ante un eventual triunfo de la oposición, ofrecieron un panorama, al que Latinoamérica se está enfrentando lamentablemente en los últimos tiempos en instancias electorales en algunos países.

A pesar de ello se conformó una gran corriente ciudadana que no se amedrentó y dio una lucha cívica franca y decidida. Y esa lucha ha resultado exitosa. Quizás algunos ubicaban el éxito exclusivamente en la eventualidad del logro de la Presidencia para Henrique Capriles, y es lógico que este fuera el gran objetivo. Pero lo que no hay duda, que no habiendo logrado ese objetivo, se alcanzó uno muy apreciado que es la consolidación de un espacio de opinión pública alternativo; a la política exclusivista que Chávez diseño desde hace años para Venezuela hoy la desafían seis millones y medio de votos que representan casi la mitad de la población.

Ahora viene para la oposición un tiempo de grandes desafíos; primero sostener los acuerdos programáticos alcanzados uno de cuyos principales capítulos será persistir en la democratización y la vuelta al respeto por los DDHH en Venezuela. Luego también afirmar las vinculaciones de variadas corrientes políticas democráticas que conforman la Mesa de la Unidad, constituyéndose en un frente político que ofrezca a Venezuela y a Latinoamérica la presencia positiva de un compromiso liberal y democrático que restituya los valores humanistas con los que muchos en estas tierras nos sentimos comprometidos.

Venezuela es determinante en nuestra región, pero debe serlo en lo bueno, no en lo malo.

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