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Frivolidad y engaño

12/10/2012 Sin Comentarios

Pablo Da Silveira, diario El País – 09.10.2012

El 20 de setiembre pasado, el presidente Mujica se reunió en el edificio Libertad con una treintena de liceales que integran el Consejo Nacional de Estudiantes (uno de los múltiples órganos participativos promovidos por la última Ley de Educación). Los estudiantes presentaron una serie de reclamos que incluían, entre otras cosas, el uso de uniformes en los liceos, la participación estudiantil en la elaboración de los planes de estudio, la creación de materias electivas y la evaluación de sus propios docentes. Al finalizar el encuentro, el presidente Mujica respaldó todas esas propuestas y declaró que de ahora en más constituirían su propio programa educativo.

Esa declaración del presidente pudo ser interpretada por muchos como una nueva muestra de ingenuidad e improvisación. Que alguien que supuestamente se ha preparado para gobernar adopte como política un conjunto de propuestas muy generales que acaba de escuchar, y que lo haga casi exactamente en la mitad de su mandato, se parece mucho a confesar que hasta ahora no hubo ninguna política y que, dado que no se tiene ningún rumbo, cualquier camino puede ser bueno.

Pero esta impresión inicial perdió sustento en los días siguientes. Apenas iniciado octubre, una organización gremial llamada Coordinadora de Estudiantes de la Enseñanza Media cuestionó públicamente la representatividad del grupo de estudiantes que asistió al edificio Libertad. Poco más tarde, algunos dirigentes de la Coordinadora proporcionaron datos llamativos sobre el joven que lideraba a quienes se reunieron con Mujica. Se trata de un chico de 19 años de edad que está inscripto en el liceo Zorrilla, pero casi no asiste a clase y trabaja como contratado en… ¡el Ministerio de Educación y Cultura!

Otros datos conocidos en los últimos días sugieren que la reunión ocurrida en el edificio Libertad no tuvo nada de espontáneo ni de ingenuo. No se trataría de una simple charla con estudiantes, ni siquiera con simples militantes gremiales, sino de un operativo político impulsado por algunos grupos del Frente Amplio que intentan contrabalancear el excesivo peso de los gremios de la enseñanza. También está claro que las voces que se escuchan desde los gremios (incluyendo la del dirigente estudiantil que trató de “traidores” a quienes se reunieron con Mujica) tampoco son las de simples estudiantes ni gremialistas, sino de militantes políticos identificados con otras corrientes de izquierda.

Parecería que, mientras la enseñanza pública se cae a pedazos, los dirigentes de la izquierda gobernante se dedican a actuar como Napoleones de escritorio, conspirando y complotando entre sí para disputarse el poder. Al fin de cuentas en eso consiste la tan mentada participación. Lo que sale a la luz pública es apenas un falso reflejo de luchas intestinas.

El doble discurso campea y nadie es exactamente lo que dice ser. Lo más grave es que en ese juego frívolo e irresponsable aparece implicado el propio Presidente de la República, ya sea porque lo confundieron o porque la vieja vena conspirativa sigue muy activa en él.

No hay aquí nada de democrático, ni tampoco ninguna preocupación genuina por la educación. Solo hay maniobras y obsesión por el poder. Mientras tanto, seguimos hipotecando el futuro personal de miles de uruguayos y seguimos poniendo una lápida sobre nuestra propia viabilidad como país.

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