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La violencia en la TV uruguaya

05/10/2012 Sin Comentarios

Antonio Mercader, editorial diario El País – 30.09.2012

Violencia o no violencia? Parece una antigua discusión entre guerrilleros sesentistas, pero no lo es. Se trata de algo menos amenazante aunque igualmente complicado como es definir qué grados de violencia pueden exhibirse en nuestras pantallas de TV. A esa tarea está consagrado un grupo de expertos públicos y privados que prepara un proyecto de ley de comunicación para el gobierno.

Hace unos meses, el asesinato a sangre fría de un empleado de La Pasiva emitido 102 veces a lo largo de cinco días en la Tv nacional, irritó al gobierno. Fue una exageración, sin duda, y a la vez un buen argumento para los gobernantes que culpan a los medios de darle demasiado espacio a las noticias policiales. Ellos sostienen que tanta difusión sobre los crímenes genera una sensación de inseguridad que no condice con la realidad.

Sobre esa creencia, el noticiero del Sodre, el canal oficial, eliminó de sus contenidos la crónica roja, lo que significó irse al otro extremo. Quien lo mire puede creer que vive en el país más seguro del orbe, sin malhechores a la vista. Un mundo feliz que no existe.

Asimismo, esa denunciada desproporción de las noticias policiales indujo al gobierno a ampliar por decreto el horario de protección al menor hasta las 21 y 30 horas; y ahora se habla de extenderlo hasta las 22. El INAU, encargado de controlar los excesos que pueden perjudicar a los menores, no tiene claros los criterios a emplear. Tan es así que hace más de un lustro que no sanciona a nadie.

En este punto, el grupo que estudia la nueva ley cree que debe empezarse por buscar, según explicó uno de sus miembros, “un nivel de especificación mayor para definir exactamente qué es violencia”. O mejor dicho qué tipo de violencia es aceptable en un programa de TV. ¡Complicada tarea si la hay!

Por ejemplo, si analizamos los noticieros, cuesta determinar en dónde se traza la línea. Volvamos al episodio que colmó el vaso, el del asesinato del empleado de La Pasiva. Esas imágenes terribles ¿debieron emitirse una vez, varias o ninguna? ¿Quién y con qué criterio lo define? En el caso de La Pasiva se argumentó que aquella exhibición masiva del crimen afectó a la familia y amigos de la víctima.

Si es así, eso llevaría a aplicar un criterio distinto según la nacionalidad de la víctima. Más restrictivo si se trata de uruguayos, menos si son extranjeros. Si así fuera, habría vía libre para mostrar -como se hace habitualmente sin que nadie proteste- a los decapitados por los narcos mexicanos o a los muertos cotidianos de la guerra civil en Siria. Con los compatriotas, en cambio, se impondría la mayor contención posible.

¿No suena un poco ridículo todo esto? Sí.

El ejemplo anterior demuestra cuán peliagudo es ponerse a regular los contenidos de la comunicación. Máxime cuando entre el grupo de expertos que estudia la nueva ley se habla también de controlar los abusos de la Tv en materias tales como sexo, uso de malas palabras o asuntos de drogas. Las posibilidades de desbarrar son infinitas.

Todo lo cual indica que estamos ante una tarea delicada como es pretender regular la libertad de expresión. Una tarea sobre la que siempre aleteará el fantasma de la censura y que quizás no requiera de la intervención del gobierno ni de una ley sino de la acción de los propios comunicadores capaces de crear un código de autorregulación y hacerlo cumplir. Ese debería ser el camino.

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