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Polémica entre Maiztegui y abdala

14/09/2012 1 Comentario

El diario Observador, presentó un interesante debate a seguir entre el historiador Lincoln Maitegui y el coordinar del PitCnt Marcelo Abdala.

18.08.12 Miente Marcelo Abdala

LINCOLN R. MAIZTEGUI CASAS

El presidente del Directorio del Partido Nacional, senador Luis Alberto Heber, ha hecho un llamado a los trabajadores de filiación política blanca instándolos a que se afilien al PIT-CNT. “Quiero que los compañeros den la pelea dentro de los sindicatos -ha señalado Heber-. No tienen que estar por fuera. Si no están de acuerdo con las medidas que se toman, que lo indiquen, pero dentro de la central sindical. (&) Es imprescindible que lo hagan para darles seguridad, tanto a los trabajadores como a los empresarios, de que las cosas sucedan de la mejor forma”. Era de esperar que desde filas de la central sindical proviniesen palabras de celebración; uno de los líderes del sistema político del país está pidiendo a quienes lo siguen que aumenten el caudal de afiliaciones de la señalada institución. No ha sido así, sin embargo. A Heber le ha respondido, en un tono áspero y confrontativo (no sea cosa de que los “compañeros” lo acusen de blando y de “reformista”) el coordinador del PIT-CNT, Marcelo Abdala: “El movimiento sindical viene de hondas trayectorias de independencia de clase y no es la polea de transmisión de ningún partido político” -dijo, curándose en salud, porque nadie lo había acusado de serlo. Pero de inmediato, por aquello de que la cabra al monte tira, agregó: “Y nosotros tenemos memoria. Nosotros nunca olvidamos que el último gobierno del Partido Nacional se basó en la apertura comercial indiscriminada, la desregulación del mercado laboral y que se perdieron miles de trabajos. Todos vimos como se deterioraba nuestra calidad de vida y se empezó a gestar una crisis que estalló en el 2002″. Curiosa independencia política la de Abdala, que consiste en criticar los gobiernos de todos los partidos menos los del Frente Amplio; parece olvidarse de que los demás, los que no integramos la institución que él representa pese a ser trabajadores asalariados, también tenemos memoria; y no solo eso, sino que sabemos distinguir las opiniones de las simples mentiras. Muy pocas razones valederas tendrá este señor para sostener sus pareceres cuando se ve obligado a distorsionar los hechos de forma tan grosera. Se podrá discrepar con la línea económica escogida por el gobierno que presidió Luis Alberto Lacalle, pero estos son algunos de sus números; una reducción vertical de la inflación (120% en 1990, 44% en 1995), crecimiento sostenido de la economía (a un ritmo del 4% anual), incremento notable del salario real (del orden del 20% en los cinco años), descenso de la desocupación al índice del 8%, caída vertical de la deuda externa (por aprovechamiento del plan Brady), etcétera. Estas cifras no son discutibles, porque las cifras nunca lo son, salvo que se las esté falseando, que no es el caso. Pero sin duda el logro social más espectacular del gobierno blanco fue la reducción de la población que vivía bajo la línea de pobreza; según cifras del Instituto Nacional de Estadística, en 1990 el 12% de personas estaban en esa condición; según la Cepal, el número era del 18%. Ambos organismos coinciden en que en 1995 esos índices habían bajado a 6%. ¿Dónde está, entonces, el “deterioro de nuestra calidad de vida?”, o la tan cacareada ampliación de la brecha social? ¿Qué tiene que hacer aquí la crisis del 2002, que vino de afuera (devaluación de Brasil, corrida bancaria en Argentina) y después de que habían pasado dos gobiernos? Una cosa queda clara como el agua cristalina: Abdala, que debe creer que todos los que lo escuchan son idiotas, ha mentido con toda la boca, y queda emplazado desde aquí a dar razón de sus dichos, lo que equivale a pedirle peras al olmo. En resumen; no estoy de acuerdo con mi amigo Heber en su llamado a incrementar las huestes del PIT-CNT, que no es otra cosa que una polea de transmisión de los sectores marxistas del Frente Amplio. Y no pienso callarme ante las mentiras del primer pelafustán que pretende tapar el mundo con un harnero para sacar alguna miserable ventajita. A diferencia del doctor Goebbels, estoy convencido de que, a la larga o a la corta, la verdad termina por abrirse paso.

23.08.12

Respuesta a la Columna de Lincoln R. Maiztegui Casas

La clase obrera y la crisis del 2002

En un artículo fechado el sábado 18/8, bajo el titular “Miente Marcelo Abdala”, el señor Lincoln. R. Maiztegui Casas pretende polemizar conmigo, pero llevando la discusión al nivel del zócalo, a través de insultos y agravios a mi persona. No voy a descender a ese nivel (no es mi estilo) y sí voy a establecer con claridad mis razones.

Creo que la polémica principal es si la crisis del 2002 se debió a razones exógenas (devaluación de Brasil y crisis financiera en Argentina) o había profundas causas internas que en su génesis determinaron el desarrollo de la misma.

Y a esta disyuntiva yo respondo sin dudas que sí. Que las políticas económicas y sociales desarrolladas (desde décadas) fueron potenciando las vulnerabilidades de nuestro país a los shocks externos.

Podríamos referirnos al proceso que permitió el peso cada vez mayor del capital financiero en la escena nacional. Reforma cambiaria y monetaria de Juan Eduardo Azzini, acuerdos con el FMI desde 1958, la política de Alejandro Végh Villegas en la dictadura, etcétera.

Pero nos vamos a referir a la combinación de una serie de medidas de política económica y social en el período 1988-2004 (la larga noche neoliberal) de consecuencias nefastas para el pueblo y la nación.

1) Apertura comercial unilateral e indiscriminada: esta política implicó una aceleración de la desgravación arancelaria prevista en el naciente Mercosur en forma unilateral.

2) La política de control de la inflación a través de la llamada ancla cambiaria, que generó el atraso cambiario que -como sabemos- funciona como un poderoso estímulo a la libre importación y un desestímulo a la producción nacional. Ambas medidas contribuyeron al “exceso de desindustrialización”, o lo que los economistas llaman “enfermedad holandesa”. En efecto, en el año 1990 la participación de la industria en el PIB era de aproximadamente 23% mientras que en el año 1996 su participación se había reducido a 16%. Por supuesto que esto influyo en la pérdida de más de 70 mil puestos de trabajo en la industria, que fueron trasladados a sectores peor remunerados, cuando no directamente al desempleo abierto, al subempleo y la informalidad. (Ver Bértola en Foro Estrategia Nacional de Desarrollo Productivo. Parlamento 2011.) Sin duda alguna a la clase obrera industrial le fue muy mal en el período señalado.

3) Desregulación de la economía: fue un período de impulso a la desregulación generalizada y de retiro del Estado de la economía. Por suerte no pudo prosperar la Ley de Empresas Públicas de 1992, el pueblo y su acumulación de fuerzas, la frenó. No sucedió lo mismo con el pasaje fraudulento de trabajadores permanentes a empresas unipersonales, las empresas suministradoras de mano de obra temporal y las formas de tercerización espurias. En virtud de estos procesos, investigaciones de nuestro Instituto Cuesta Duarte demuestran que a fines de los 90 la friolera de 60% de la población trabajadora sufría alguna limitación en el empleo.

4) El proyecto de Uruguay “Plaza Financiera” significó, por su desconexión con la economía real, una burbuja que terminó de estallar en el año 2002.

5) Liquidación de la negociación colectiva laboral y los Consejos de Salarios para la inmensa mayoría de los trabajadores.

Esta política supone la primacía absoluta del capital financiero transnacional. Una economía dependiente, con pies cada vez más raquíticos (los de su aparato productivo) con crecientes sectores marginalizados (segregados de todo trabajo y de toda vida digna), sin dudas tenía menos oportunidades de atenuar las consecuencias de los efectos externos del año 2002. En realidad la forma de manifestación de la crisis fue financiera, pero su fondo fue una crisis de base productiva y de inserción internacional, generada por estas políticas del Dr. Sanguinetti, el Dr. Lacalle y el Dr. Jorge Batlle.

Aún hoy, falta mucho por hacer. Hay que desmontar el conjunto de consecuencias de estas políticas, presentes de muchas formas en la sociedad y que tienden a perpetuar nuestra dependencia a través de una base productiva cada vez más primarizada, centralizada en pocas manos y de carácter transnacional, para pasar a una estrategia de desarrollo industrial de nuevo tipo, de más igualdad y más democracia.

Por otra parte, conviene aclarar dos últimas cuestiones.

La primera es que no nos faltó independencia de criterio cuando tuvimos que movilizarnos para frenar un TLC con EEUU, que hubiera sido un golpe mortal a las perspectivas de integración latinoamericana, que hoy florecen con la integración de Venezuela en el Mercosur, aunque dicha alternativa haya sido impulsada por sectores de un gobierno del FA, para mencionar solo un ejemplo. La segunda es que consideramos bienvenidos a los trabajadores pertenecientes al Partido Nacional y de todos los partidos a la herramienta de todos los trabajadores: nuestro PIT-CNT y todas sus filiales. Ensanchan la acumulación de fuerzas.

Desde un potencial (“Dynamey”) bloque político y social de las transformaciones profundas, nuestra clase seguirá bregando (a pesar del Sr. Maiztegui y los intereses que representa) por un programa adecuado a los intereses de las grandes mayorías nacionales y populares.

Marcelo Abdala

Coordinador del PIT-CNT

 

27.08.12

Respuesta a Marcelo Abdala

Reafirmación

Cuando emplacé a Marcelo Abdala, coordinador del PIT-CNT, a que respondiera a los datos que incluí en mi columna sobre los resultados del gobierno que presidió el Dr. Lacalle, estaba seguro de que me iba a dar la callada por respuesta, ya que no podía tener nada razonable que decir. Y bien, me equivoqué; Abdala, en términos correctos que agradezco, me ha contestado en una larga misiva en la que expone sus puntos de vista.

Comienza con dos falacias; primera, dice que pretendo polemizar con él. No es así; y tan no es así, que, en cualquier circunstancia, esto será lo último que escriba sobre el tema. Le dejo la última palabra, para que diga lo que se le de la gana. Segunda falacia: dice que lo insulto y lo agravio. Lo de sentirse agraviado tiene un fuerte componente subjetivo, pero es falso que lo haya insultado, salvo que se entienda como un insulto el afirmar que había mentido. Sostener que lo que alguien dice es mentira, podrá no ser una expresión amable, pero no es un insulto. Aclarado esto, compruebo que Abdala dedica la práctica totalidad de su respuesta a objetar un solo punto de mi columna: aquel en el que yo sostuve que la crisis del 2002 se debió a factores exógenos.

Lo hace a través de un discurso manido, cargado de contradicciones y frases hechas, de concepciones históricas largamente superadas (todas las economías del mundo son hoy interdependientes, Sr. Abdala; se acabó el tiempo de las fronteras económicas nacionales), manejando cifras cuya veracidad no justifica (“pérdida de más de 70 mil puestos de trabajo en la industria, que fueron trasladados a sectores peor remunerados, cuando no directamente al desempleo abierto”; de haber sido así, ¿cómo se explica el descenso vertical de la desocupación en esos años que van de 1990 a 1996?) y ocasionales toques melodramáticos (“la larga noche neoliberal”), con el cual pretende probar que la catástrofe financiera (y, según él, económica) del 2002 se remonta a la reforma monetaria y cambiaria de Juan Eduardo Azzini.

En fin, todo eso me parece un horror, pero es su opinión y debe ser respetada desde la discrepancia. Lo que no estoy dispuesto a respetar son las mentiras, y sobre las mismas, el coordinador del PIT-CNT guarda un cuidadoso silencio.

Transcribo, de sus declaraciones originales: “Nosotros nunca olvidamos que el último gobierno del Partido Nacional se basó en la apertura comercial indiscriminada, la desregulación del mercado laboral y que se perdieron miles de trabajos. Todos vimos cómo se deterioraba nuestra calidad de vida y se empezó a gestar una crisis que estalló en el 2002″. Intenté responder a esas falsedades con cifras ampliamente reconocidas, entre otros, por el propio Luis Bértola.

Y sobre estas, no dice usted una palabra, Sr. Abdala. Una de dos: o esas cifras, que hablan de un descenso vertical de la desocupación, del crecimiento sostenido de la economía, del aumento de los salarios en términos reales y de la espectacular reducción del número de personas que vivía bajo los niveles de pobreza, son reales o son falsas.

Si son falsas, debió usted señalarlo e indicar las verdaderas; y si no lo son, lo que usted sostuvo livianamente sobre “pérdida de miles de trabajos” y “deterioro de nuestra calidad de vida” es una solemne mentira. O, si lo prefiere, es una información incorrecta.

Me reafirmo, luego de leída su carta, en que tergiversa usted la realidad de una manera grotesca. Y lo vuelve a hacer cuando pretende que nos traguemos la especie de que el PIT-CNT no es lo que es (una mera correa de transmisión de los sectores marxistas) poniendo como ejemplo el hecho de que se haya opuesto a un eventual TLC con los EEUU.

Vamos, señor Abdala; creo que todos nos merecemos un poco más de seriedad. ¿Así que ahora son “bienvenidos los trabajadores pertenecientes al Partido Nacional”, porque “ensanchan la acumulación de fuerzas”? Y si es así, ¿Por qué no lo dijo antes? ¿A qué vinieron, entonces, sus anatemas a los gobiernos blancos expresados precisamente -vaya casualidad- cuando el presidente del Directorio del Partido Nacional insta a la gente a incorporarse al PIT-CNT?

Perdone si soy suspicaz, pero me viene a la mente el viejo dicho criollo de que “el miedo no es zonzo”. En fin, no puedo negarle que un párrafo de su carta me hizo desternillar de risa: el que se refiere “al Sr. Maiztegui y los intereses que representa”.

No sé cuáles pueden ser esos “intereses”, como no sean los de haber trabajado dentro y fuera de este país (porque me comí un largo exilio por combatir la dictadura) hasta cumplir 70 años y no tener literalmente dónde caerme muerto. Lo que, si por un lado me tranquiliza la conciencia, por el otro hace que me sienta como un tarambana.

Es propio de cierta pseudoizquierda el creer que todo el mundo se mueve en la vida al servicio de ciertos “intereses”, descomunal distorsión de óptica que lleva a que no se entienda nada, y que se crea que se está bregando en pro de la Justicia y la libertad al tiempo que se defienden dictaduras vetustas y corrompidas como la de Cuba, o caudillos golpistas y reaccionarios como Hugo Chávez.

En resumen, que Marcelo Abdala no ha refutado uno solo de los datos que incluí en mi columna anterior y que, por lo tanto, la acusación que le hice de haber mentido se mantiene en todos sus términos.

Por mi parte, punto final.

Lincoln R. Maiztegui Casas

4/09/12

Respuesta

Al periodista Lincoln Maiztegui

Sr. Periodista de El Observador

Lincoln Maiztegui

Presente

Por segunda vez soy insultado y agraviado en textos que llevan su firma, a pesar de algunas “cortesías” que pretende dispensarme. Quiero destacar que en su carta, Sr. Maiztegui, usted escribe que yo le contesté “en términos correctos que agradezco”. En esa frase creo percibir un profundo desconocimiento o desprecio hacia los trabajadores como yo, a los que, según usted, hay que agradecer que escriban en términos correctos. Ahí se expone su pensamiento profundo, con un innegable sentido de clase… Ya debería haberse enterado del altísimo nivel cultural que tiene nuestra clase obrera organizada.

Insulto es tratar de “mentiroso con toda la boca” y “pelafustán cualquiera” a un ciudadano por sus opiniones, aunque usted diga lo contrario. Esto ofende mi honor y estoy dispuesto a seguir esta correspondencia hasta las últimas instancias aunque usted haya pretendido ponerle arbitrariamente punto final, que por mi parte no corre.

Estamos en un régimen democrático y el derecho al honor debe respetarse. Su texto del 27 de agosto se llama precisamente “Reafirmación”, de forma que ha mantenido todos los insultos y agravios del anterior.

Con respecto a las cuestiones de fondo, señor periodista, usted puede leer en los buenos libros de historia, que el gobierno del Dr. Luis Alberto Lacalle se caracterizó por profundizar una línea económica que a través de diferentes herramientas de política, es responsable de uno de los mayores procesos de pauperización relativa y absoluta de nuestro pueblo. Hay literatura abundante que avala esta afirmación y no solo literatura, lamentablemente está la vida de miles de compatriotas que lo sufrieron con consecuencias graves para la sociedad, alguna de las cuales aún hoy se manifiestan.

Con respecto a la Crisis de 2002, la mejor prueba de que se debió a factores internos (malas decisiones de los gobiernos de los partidos tradicionales), lo constituye la constatación de que hubo crisis en Argentina y Uruguay, pero no en el resto de América Latina. Las crisis de Argentina y Uruguay tuvieron las mismas causas: apertura comercial unilateral e indiscriminada -que destruyó decenas de miles de puestos de trabajo, y provocó marginación y violencia- sobrevaluación de la moneda nacional o atraso cambiario, que disminuyó nuestras exportaciones y aumentó las importaciones, el privilegio absoluto al sistema financiero por sobre el sistema productivo y la desregulación laboral. Puede ver las cifras en los buenos libros de historia, como los reconocidos por la Universidad de la República Oriental del Uruguay (Udelar).

Con respecto a los intereses que usted representa, todos los conocemos: los hay políticos, empresariales y religiosos. Han quedado estampados en sus artículos como tantas otras cosas.

Con respecto a la posible afiliación de trabajadores del Partido Nacional nuevamente bienvenidos. El hecho de que nuestro PIT-CNT es una central clasista democrática y de masas, sin definición partidaria aunque sí con definiciones políticas de clase, lo avala el propio proceso de crecimiento de (120 mil a 300 mil afiliados).

Sr. Maiztegui: no necesitamos que el Partido Nacional exhorte a sus afiliados a entrar al PIT-CNT, ya que cuando organizamos trabajadores no les preguntamos de qué partido político son ni qué orientación filosófica o religiosa pregonan.

Finalizo: me ha tratado nuevamente de mentiroso con las siguientes expresiones: “Lo que no estoy dispuesto a respetar son sus mentiras”, “es una solemne mentira”, me ha tratado de cobarde “el miedo no es zonzo”, “por lo tanto la acusación de haber mentido se mantiene en todos sus términos”.

Ahora yo nuevamente lo emplazo, como ya lo hice en Brecha del viernes 24 de agosto, a que retire sus insultos y agravios.

Lo saluda:

Marcelo Abdala

Coordinador del PIT-CNT.

1 Comentario »

  • Lonjazo :

    Don Lincoln, por internet circula una frase que merece ser difundida por mostrar una gigantesca verdad. “… nunca discutas con un imbécil, porque te bajará a su nivel y te ganará por experiencia…”. Un comunista como este que lo insulta, no merece su respuesta. Pólvora en chimango.

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