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Pensar con plazos

14/09/2012 Sin Comentarios

Pablo Da Silveira, diario El País, 11.09.2012

La educación uruguaya se hunde en una crisis terminal y ya nadie espera que se haga algo serio en lo que queda del quinquenio. La receta para el desastre incluye altas dosis de incompetencia, improvisación, ideología, burocracia y prepotencia sindical. También un presidente que oscila entre declarar su impotencia y proponer iniciativas descarriadas. La última consiste en retroceder cuarenta años en la historia del país para volver a tener consejos por rama sin un Codicen. El resultado previsible será la creación de varias chacras donde volverán a campear los males de la centralización y la burocracia, agravados por una mayor vulnerabilidad a la presión corporativa. Revolucionarios eran los de antes.

Frente a este derrumbe, hay que planear desde ya un plan de salvataje a aplicar durante el próximo quinquenio, cuando se pueda contar con mayorías legislativas más reflexivas y con una actitud menos genuflexa ante el poder sindical. Y el primer paso para lograrlo consiste en modificar la manera de pensar.

En lugar de obsesionarnos con organigramas o con planes de estudio, lo primero es acordar algunos grandes objetivos que queramos alcanzar como sociedad. Por ejemplo: fijar una meta de mejora en las pruebas PISA. Para ser operativos, esos objetivos tienen que estar precisamente formulados y cuantificados. Además hay que fijar plazos para alcanzar las metas finales y también para cumplir las etapas intermedias. La manera de asegurar el cumplimiento de esos plazos consiste en fijar condicionalidades que afecten la liberación de recursos.

Un ejemplo puede ayudar. Existe un amplio consenso entre los especialistas sobre la necesidad de dar más estabilidad a los planteles docentes de Secundaria. En la jerga burocrática eso se conoce como crear “Profesores Cargo”, esto es, paquetes de horas a ser asumidos por un solo docente en un único establecimiento. El artículo 41 de la Ley de Educación votada en 2008 ya encomendaba a las autoridades “la concentración horaria de los docentes en un centro educativo”, así como fomentar “su permanencia”. En el acuerdo político de mayo de 2011, todos los partidos se comprometieron a “asegurar la concentración de los docentes en un único centro educativo”. La agenda de trabajo presentada por la Comisión Coordinadora de la Educación en diciembre de 2011 hacía un anuncio modesto pero verificable: “Tomando como base el 75% de las horas docentes de 2011, se procurará convertir en Profesor Cargo el 25% de esta base”. El acuerdo educativo de febrero de 2012 incluyó un documento titulado “Fortalecimiento de los Centros Educativos” donde se propone incorporar cada año un 25% de horas al régimen de Profesor Cargo, “llegándose al fin del presente período a un 75%”.

Lo peor no es que nada de esto tuviera efecto, sino que el Parlamento haya votado la última Rendición de Cuentas como si estos compromisos no existieran y Anep haya pedido plata como si no tuviera nada que explicar. Todas las promesas quedaron en nada, pero igual estuvo el dinero.

Las condicionalidades existen para evitar este riesgo. La idea básica es condicionar la entrega de recursos suplementarios al cumplimiento de metas previamente fijadas. Si no hay cumplimiento de metas, no hay plata. Esa es la forma en la que los ciudadanos podemos defendernos de las presiones corporativas y los bloqueos burocráticos.

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