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Las reelecciones, Venezuela, y la esperanza de cambio

31/08/2012 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

Si la alternancia en el poder es una prueba de salud democrática, los procesos impulsados en muchos países de America Latina para las reelecciones indefinidas de Presidentes, son a contrario sensu una muestra de una afección incipiente, la progresiva incapacidad de algunos sistemas de producir liderazgos renovadores y alternativas viables. Esto es sin duda una enfermedad de la democracia que la anquilosa, la reduce al ejercicio del voto para juzgar la gestión de un gobernante, que ha ido concentrando poder en abundancia y no para aspirar a elegir a quien pueda mejorar su mandato e identificar proyectos renovadores.

Es habitual que las reelecciones, que comienzan siendo una aspiración iniciada en el cenáculo del poder, se conviertan en una droga para el gobernante, que invierte todas sus energías, capacidades y poderes para prolongarse en el mando, y no escapa a esta lógica, la necesidad desesperada de aspirar a asumir cada días mas poderes, que luego se ejercen para ganar elecciones.

Cualquiera que cuente con información sumaria sobre la realidad de algunos países de la región, encontrará sobrados ejemplos de procesos en los cuales el virus de las reelecciones han causado sus efectos. Argentina, desde el proceso reeleccionista iniciado por Menem, puso en manos de los Kirchner un instrumento de prolongación en el poder, que hoy sufre la democracia Argentina. Venezuela en manos de la retórica confortativa de Hugo Chávez, puso en marcha un mecanismo perverso de ejercicio indefinido del poder mas parecido a las monarquías absolutas que a las democracias republicanas. Ecuador y Bolivia también son muestras de la triste realidad de una región que se orienta a la esperanza en un Mesías político insustituible, cuando debería hacerlo al debate enriquecedor, la alternancia de partidos y líderes en el poder.

En el próximo octubre, los ojos de las esperanzas de cambio y alternancia se posarán sobre Venezuela. Tras catorce años de mandato de Hugo Chavez, acumulando poderes y ejerciendo el mando con un estilo que apuesta a la confrontación de su propio pueblo, quienes aspiran a sustituirlo han lanzado un desafío que no propone la derrota en clave de guerra, sino el triunfo electoral para apelar a la unidad del pueblo venezolano para enfrentar su destino con un proyecto renovado y de avanzada.

Hemos escuchado de boca de los dirigentes y militantes de la Mesa de la Unidad que nuclea la totalidad de los partidos que apoyan la candidatura de Enrique Capriles, un convencido discurso constructivo, que pasa por alto las ofensas proferidas por la campaña del continuismo de Chavez, para apostar a una renovación de las instituciones y una apuesta a reconstruir un compromiso nacional alejado hoy día de la realidad venezolana. Y sinceramente, aspiramos a que puedan lograr su objetivo, porque será saludable para Venezuela, para su democracia, y también lo será para nuestra región. Es muy importante que América Latina sea vista y respetada como una región de estabilidad política, de calidad democrática y que sea capaz como ocurre en las grandes democracias renovar sus liderazgos, adaptar los partidos a los desafíos, y confiar en la riqueza de la alternancia y no en los liderazgos mesiánicos que quieren detener el reloj eternizándose en el poder, y administrándolo a su capricho.

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