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Uruguay en Londres. Y hacia adelante?

17/08/2012 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

Días pasados concluyeron los juegos de Londres 2012, y comienza el nuevo Ciclo Olímpico que culminará en Río 2016. La representación de Uruguay, discreta en su número, si dejamos de incluir al equipo de futbol, se integró con dedicados deportistas, que con las dificultades que supone practicar en el alto rendimiento en nuestros países y especialmente en el nuestro, procuraron la mejor performance para ofrecernos alegrías y el orgullo que genera un éxito deportivo.

Que debemos expresar públicamente a esos deportistas que nos representaron?, un enorme Gracias. Gracias por su decisión y por el tiempo dedicado al entrenamiento y al propósito de superarse. Gracias por el rigor y el método practicado en la preparación que no ofreció lugar a la queja o la justificación. Gracias por la ambición y por el deseo de competir en nombre del Uruguay.

Ahora bien, ahora que hay tiempo, recién comienza un ciclo olímpico y por tanto debe montarse nuevamente el escenario de objetivos, metas y quizás sueños, es preciso un riguroso análisis de las competencias, el ejercicio de las responsabilidades y el cumplimiento responsable de los roles que en el sistema del deporte y especialmente en el mundo del deporte de alto rendimiento deben existir.

Bajo ningún concepto es exclusivo de un deportista o un entrenador, un resultado adverso en la competencia. En una cuestión tan compleja y competitiva como el alto rendimiento influyen infinidad de factores, que deben operar en un marco virtuoso de proyección a mediano y largo plazo y de cooperación entre agentes privados, públicos, institucionales e individuales. A veces los resultados adversos se refieren a una medalla o un campeonato, como es el caso del futbol, o a superar una marca o hacer un camino, como es en el de otras disciplinas que nos han representado. Pero en todo caso dependen de un objetivo que no puede ni debe ser ocasional, no puede ser individual por más que la voluntad del deportista importa, debe resultar de un proyecto.

Muchas veces escuchamos al ex Ministro de la materia, señalar enfáticamente que los temas del Deporte, en los que el alto rendimiento es un capítulo trascendente entre otros tan importantes también, deberían ser tratados por Ministerio autónomo, no subsumidos debajo de los del Turismo, en una unidad de gestión cuya conducción le diera la debida importancia. También que esta materia es necesario un gran proyecto, de largo plazo, que genere compromisos nacionales. Compartimos sus expresiones y siempre esperamos o la recreación del Ministerio que había existido desde 2000 hasta 2004 diseñando un gran programa para el alto rendimiento, o mientras tanto una jerarquización del tema al mas alto nivel para proyectarlo como corresponde.

Lo cierto es que ello no ocurrió, y un capítulo de ello es el tenue resultado de nuestra presentación olímpica. Esto último, notoriamente es la consecuencia de una tenue política de diseño en el largo plazo de un proyecto para el alto rendimiento deportivo del Uruguay, cuyos resultados deberían empezarse a ver en estos días, pero como todo gran proyecto debe fundarse en un propósito ambicioso. Los próximos cinco o seis ciclos olímpicos, en el término de los próximos 20 o 25 años.

El Gobierno, que así como se encontró con un éxito deportivo envidiable como el resultado del Mundial de futbol, al que supo explotar de buena forma, no encontró lo mismo en otros deportes, como es el caso de los que compitieron en Londres, porque sencillamente no era posible, para ello no se diseñó un proyecto consistente, la urgencia y la atención de las chacras, fueron un obstáculo insalvable.

Once deportistas integrantes de la delegación, que merecen todo nuestro reconocimiento, estímulo y agradecimiento llegaron a Londres. Cinco de ellos habiendo conseguido registros para clasificar, otros cinco por invitación y otro por una Wild Card cargaron sus mochilas con sus sueños y los de muchos compatriotas que los admiramos.

A ellos no es a quienes debemos pedirles cuentas ni directa, ni indirectamente, deslizando que son los responsables de la frustración de un “sueño” imaginario, irrealizable.

Quienes debemos hacer el análisis sobre nuestras propias actuaciones y decisiones somos quienes, con responsabilidades políticas en el campo publico o privado del deporte influimos para que pasen cosas, o simplemente como ocurrió, para que no pasen. Asumo lo que puede corresponderme, pero reclamo que también el gobierno asuma lo de él.

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