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Colapso financiero

17/08/2012 Sin Comentarios

Ricardo Puglia

Los grandes bancos y los inversionistas profesionales se anticipan al colapso financiero de EEUU y Europa. Los activos limpios se refugian en el hemisferio sur, mientras las economías del ex primer mundo están contaminadas con activos tóxicos. El dinero se invierte en propiedades urbanas y campos en Argentina, Brasil y el resto de Latino América y África.

El gobierno de Estados Unidos con la escusa del peligro de una crisis con Irán, ha desarrollado un plan de emergencia social que triplico el almacenamiento de alimentos y llevo su deuda a 55 billones de dólares en la actualidad.

El banco mundial ha hecho declaraciones preocupantes advirtiendo que nuestra civilización no podría sobrevivir a un desastre financiero como el que se avecina. Nouriel Roubini, economista, dice que la próxima crisis será peor que la del 2008, hoy en día, los problemas son de solvencia y no de liquidez, los gobiernos están cercanos a la quiebra y ni siquiera pueden rescatarse a sí mismos.

En Europa cada medida es un nuevo grave error, los políticos ya no saben qué nuevas medidas tomar y cuando parece que encontraron la respuesta los mercados los castigan con más presión. Los gobiernos siguen las instrucciones de los sistemas financieros y al mínimo gesto de rebelión, caen como hemos visto en Grecia e Italia. La eurozona alcanza altísimos niveles de endeudamiento soberano y un desempleo del 11,2%.

España, Italia, Portugal y Chipre están hundidos en una recesión mientras la economía alemana, crece algo más de lo previsto. Ante esta profunda volatilidad, variables como el PIB o la inflación se estiman con un margen de error mucho mayor que lo habitual.

El sector bancario español pidió al Banco Central Europeo un préstamo por 375.500 millones de euros (463.000 millones de dólares) mientras España sopesa la posibilidad de pedir un rescate soberano a sus socios de la eurozona. Los bancos españoles han quedado excluidos de los mercados financieros mientras la tasa de desempleo (24,6%) y un elevado déficit fiscal llevan al país a niveles que orillan la insolvencia.

En Uruguay las transacciones inmobiliarias cayeron un 44% por las trabas cambiarias argentinas, el acuerdo de intercambio de información tributaria (DGI_AFIP) y la desaceleración económica de la Argentina que prevé un crecimiento de un escaso 2% durante el año 2012.

El control de cambios argentino está afectando al turismo y a las inversiones inmobiliarias en Uruguay. Muchos potenciales compradores de propiedades prefieren esperar y ver cuales serán los pasos siguientes de la AFIP luego que entre en vigencia el tratado de transparencia fiscal.

Es probable que una baja de los valores de los inmuebles en Argentina se traslade al Uruguay dada la formidable oferta de propiedades en Punta del Este y el resto de la costa. El sector inmobiliario, consciente de la situación, está exhortando a los propietarios a conceder una baja en el precio de los alquileres de un 10% respecto a la temporada 2011/2012.

La rendición de cuentas del ejercicio 2011, en trámite parlamentario, incrementa el gasto público en 140 millones de dólares para 2012 con el ilusorio argumento de que el déficit fiscal del año pasado fue menor al previsto (1% del PIB).

El déficit esperado para el año 2012 es del 1,7% del PIB y el Ministro de Economía lo justifica en el hecho de que el gobierno actúa responsablemente al mantener una estrategia de holgura financiera ante situaciones imprevistas, cuyo costo alcanzaría al 0,5% del PIB. Esto significa que como no se siguió una política fiscal responsable y austera se deberán asumir costos financieros elevados por si la situación económica se deteriora.

El gobierno del Frente Amplio está siguiendo el mismo camino que las economías europeas y es sabedor de los errores y consecuencias del mismo. La inversión pública es escasa y los proyectos de participación público-privada están estancados en dilemas existencialistas. No hay ninguna reforma que asegure el crecimiento y la pésima gestión de la administración Mujica ya no asombra a nadie. Cada uno de los uruguayos recibe menos educación, menos servicios de salud, más inseguridad y cada día entre el IRPF y la inflación reducen los magros ingresos de los ciudadanos que los verán aún más bajos ante el colapso financiero mundial que nos acecha y del cual este gobierno no ha querido actuar responsablemente como un buen padre de familia.

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