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L’etat n’est pas lui

03/08/2012 Sin Comentarios

Michael S. Castleton- Bridger

El Sr. Mujica Cordano con unas declaraciones de alguna manera despectivas ha revuelto el avispero con la oposición en estos días.

Básicamente el ex-tupamaro que ocupa la presidencia de la república afirmó de manera bastante infeliz que los miembros de la oposición que ocupan cargos en este gobierno están atornillados a sus puestos. Además, afirmó que en definitiva ocupan esos puestos en alguna medida por los beneficios que estos acarrean.

Esto puede ser cierto en algunos casos. Desgraciadamente, en muchos casos en el pasado y hasta hoy, los cargos en empresas del estado y otros organismos fueron usados como premio consuelo para legisladores que no eran re-electos o candidatos que no llegaban a un escaño parlamentario.

En términos sencillos y claros, los cargos no se ocupaban ni en realidad se ocupan con gente particularmente idónea sino con quienes los partidos sienten algún tipo de compromiso.

Hay excepciones como en todas las cosas. Hay gente que, si bien no formada específicamente para determinado cargo, por su propia capacidad cumple roles destacadísimos estén donde estén. Sin ir más lejos el representante actual del partido colorado en Ancap es uno de esas personas sin ninguna duda.

Ahora bien el Sen. Bordaberry ha resuelto que todos los cargos ocupados por personas de su sector sean abandonados ante las declaraciones del Sr. Mujica Cordano y su Sra. esposa Lucía Topolansky Saavedra.

¿Principios o bronca? Parece un poco de ambas cosas. La relativa juventud de Bordaberry y su acrisolada honestidad en todos los sentidos lo habrían llevado a esta decisión.

No parece que sea la correcta. Desde que Luis XIV en 1755 dijera que ‘l’etat c’est moi’ hemos visto que los estados no son patrimonio de nadie. Hemos visto que los estados permanecen y los hombres pasan. Esto obviamente es el caso del matrimonio Mujica Cordano- Topolansky Saavedra. Los partidos se deben a sus votantes. Especialmente en el caso uruguayo han demostrado trascender largamente a sus líderes.

Es deber entonces de los partidos, sean del pelo que sean, ocupar todos los espacios sean en el gobierno o en la oposición, que la constitución les otorga. Es su deber para con sus electores.

Ni el estado, ni por cierto la constitución, tienen dueño. El poder final reside en la ciudadanía ejerciendo su voto en forma ordenada y periódica. Entre las votaciones el gobierno gobierna y la oposición se opone. Esas son las reglas y es como funciona nuestro sistema de gobierno.

Los cargos que ocupa la oposición en órganos ejecutivos de la nación son en última instancia de los electores que deciden por medio de sus representantes quienes los ocupan.

Por cierto que no son del presidente de turno ni únicamente del partido de gobierno.

El Senador Bordaberry quizá en forma entendible no piensa lo mismo.

Pensamos, con todo respeto, que está equivocado.

Tanto como que las palabras del Luis XIV sobre que el estado era él eran inexactas,tampoco el estado puede ni debe ser del presidente de turno ni del partido de gobierno.

‘Létat c’est nous.’ El estado somos nosotros, todos los orientales. Mientras vivamos en democracia deberá ser así y los partidos de oposición deberán ser garantía del funcionamiento correcto de ese estado, ocupando todas las posiciones, espacios y cargos que les corresponden.

Parecería que el Dr. Bordaberry se apuró.

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