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Paraguay: la pérdida de nuestra dignidad nacional en política exterior

20/07/2012 Sin Comentarios

Luis Alberto Heber

Un largo proceso de entendimiento nacional, que llevó décadas construir, había hecho del Uruguay un ejemplo en medio de la comunidad internacional y su voz y doctrina era escuchada en todos los foros con respeto y adhesión. De más está decir que el pensamiento y obra de Luis Alberto de Herrera pusieron gran parte de los cimientos de lo que se transformó en una “política de Estado” que nuestra cancillería aplicaba a rajatabla en su relacionamiento con los países de América y del resto del mundo.

Los principios de “no intervención” y “libre autodeterminación de los pueblos”, por los cuales tanto tiempo luchamos solos, llegaron a ser el emblema que distinguía a nuestro país como puntos cardinales de esa política exterior de Estado.

Lamentablemente, aquel galardón del que todo uruguayo podía sentirse orgulloso, ha sido hecho trizas, sustituido por el concepto de “afinidades ideológicas”, siempre pasajeras, y “amiguismos” de turno, efímeros como todo mandato popular.

Nos hemos tenido que acostumbrar a que, en política exterior, la norma es el desconcierto, la improvisación y el entreguismo, casi al borde de dejar por el camino una cuota parte de nuestra soberanía.

No hay una idea clara del gobierno de cómo proyectar a nuestro país en el mundo y ha terminado transformando el Mercosur en una cárcel y no en una oportunidad.

El reciente ejemplo de la “cumbre” de Mendoza, donde se suspendió preventivamente a Paraguay y se le dio entrada a Venezuela por la puerta de atrás, es un ejemplo paradigmático.

Resulta ahora que este gobierno reedita la Triple Alianza que en el siglo 19 pergeñara Mitre para abusar de una patria chica y corajuda – como la nuestra – que resolvió, de acuerdo a lo que indica su Constitución, destituir a quien fuera su Presidente, sin que se alterara un ápice la tranquilidad de la república y siguieran funcionando normalmente sus instituciones.

La OEA ha tomado distancia de esta actitud prepotente de los países “grandes” de América del Sur y, en nuestro país, acaba de conocerse una encuesta en que la mayoría de los consultados opinan que la decisión de los paraguayos fue “legal”.

O sea que, una vez más, el gobierno erra el camino, se deja avasallar, explica el episodio de manera confusa y, lo que es peor, al abandonar las tradiciones políticas del país, continúa haciendo jirones nuestra dignidad nacional.

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