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El ejemplo de Mandela y el Uruguay del Hoy

20/07/2012 Sin Comentarios

La labor humanitaria en la resolución de conflictos, la Promoción y protección de los derechos humanos, la Promoción de la reconciliación y solución de los conflictos interraciales, la Defensa de los derechos de la infancia y otros grupos vulnerados, la Contribución a la lucha por la Democracia, La Promoción de una cultura de Paz, en lo nacional y en lo internacional, han sido los justificativos invocados por las Naciones Unidas para instituir el reconocimiento, y sin duda el ejemplo de Nelson Mandela en estos temas merece una reflexión.

En estas horas se desarrolla la jornada de compromiso que instituyera la Asamblea General de las Naciones Unidas, en reconocimiento a las inestimables contribuciones de Nelson Mandela en su País Sudáfrica y en otros rincones del universo a la cultura de la paz y la libertad.

La curiosa coincidencia de la fecha de nacimiento de Mandela con la del nacimiento de nuestra Constitución, nos acompaña a algunos razonamientos que mucho pueden servir para la convivencia entre orientales. Nuestra tierra, poblada desde distintos orígenes, étnicos, raciales, culturales, es un teatro en el cual las relaciones entre los individuos y los colectivos que la integran necesitó de armonía para desarrollarse. El desarrollo de nuestro pacto constitucional con el trayecto del tiempo, desde sus inicios hasta nuestros días, en las sucesivas reformas que recibió, fue adaptando el contrato cívico a realidades mutantes. Puede afirmarse que en la República Oriental y a lo largo de su historia no se identifican rasgos de “apartheid” ni segregación como las que muestran inclusive realidades en nuestra región respecto de algunos colectivos, negros, indígenas, u otros. El proceso de inclusión, fue parte del carácter de la composición de nuestra sociedad. Puede reprocharse que no haya habido políticas activas dirigidas a ciertos colectivos, pero es que la realidad reconocía con naturalidad las diferencias y las asumía como una riqueza complementaria y no como una condición disminuida.

Creo, sinceramente que el Uruguay, reconoce en todos quienes lo han formado, a lo largo de su peripecia, una contribución determinante; el carácter de nuestra nación resulta del crisol en el que se han fundido razas y orígenes, que encontraron paulatinamente un rol en la construcción nacional.

Por ello creo que, mirar nuestra realidad desde la perspectiva del mensaje de Mandela, puede ayudarnos a encontrar las fallas y proponernos corregirlas, pero también a identificar los aciertos. El mensaje de paz y tolerancia, de compromiso con el diálogo y la complementariedad, el ejemplo del estoicismo frente a la búsqueda de solución a los problemas, debe operar como un mecanismo de ajuste en las actitudes y comportamientos, especialmente de quienes tienen responsabilidades de liderazgo. La paciencia por oposición a la impaciencia, que permitió a Mandela superar y derrotar el tiempo y descontarle los veinticinco años que sufrió presidio en Robben, también debemos reconocerla como una virtud y un ejemplo.

Hoy se analiza una experiencia vital maravillosa, la de un hombre que supo identificar claramente el “pro” respecto del “contra”, el objeto de su lucha en un valor positivo, de construcción, y no sólo de “destrucción” del adversario o la adversidad. Mandela tuvo tiempo para construir, porque quiso construir, y la tolerancia que reclamaba debió practicarla primero como ejemplo, tarea difícil, mucho más difícil porque supuso sobreponerse a la seducción del deseo de triunfo individual o de su colectivo, para perseguir el éxito de “todos”. El poema sobre las actitudes y la decisión en su gran proyecto, que relata la película Invictus, es elocuente en la intensidad de los sentimientos y la decisión de un gran hombre, para unir, para soldar, para persistir en el propósito de integrar. Solo es posible su actitud desde una visión elevada como la que tuvo y tiene.

Los orientales de buena fe, estamos preocupados por tensiones que se están desarrollando en nuestra sociedad, que pueden derivar en la incomprensión entre compatriotas y sobre las que es necesario actuar para moderar. La voluntad para trabajar en la moderación de estas tensiones y corregir sus peligrosas consecuencias, debe apoyarse en ese espíritu que reconocemos como virtud en Mandela, y que lo constituyó en un ejemplo. Seguramente los 67 minutos, que conmemoran los 67 años de lucha de Mandela, que los uruguayos debamos dedicar en estos tiempos a acciones de promoción de la tolerancia, la paz y el apoyo a quienes más necesitan, puedan orientarse a ayudar a nuestro país, a nuestra sociedad a volver a soldar, a mitigar los enfrentamiento y a reconocer las diferencias como virtudes.

Mandela también nos orienta a prestar atención a la contribución de los afro a nuestra sociedad. Uruguay transita, en estos días, por un debate esclarecedor y renovador de la realidad de los afro-uruguayos, y en el deben caber todas las visiones, todos los análisis y tenerse en cuenta todas las propuestas. Para esta etapa, que consideramos de suma importancia para nuestra sociedad debemos iluminarnos con los valores que en esta fecha reconocemos en Mandela. En estas circunstancias, siendo como somos parte de una sociedad pluriétnica en la que se comparten responsabilidades, el reconocimiento a la diversidad debe conducirnos a construir unidad, y hacerlo a partir de las diferencias, celebrando la pluralidad racial, cultural, política cada día y en cada ocasión. En palabras de Mandela, estamos en tiempos de Masakhana, “construirnos los unos a los otros”.

Mandela no pidió dádivas, lucho por sus derechos, y comprendió e hizo comprender que estos eran los mismos que los de los demás; ese es el carácter de su gran lucha y hoy disfruta del éxito al final del camino más largo, pero más fructífero, el de la tolerancia, la educación y el compromiso con la paz y la libertad del hombre.

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