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Democracias debilitadas, libertad amenazada

20/07/2012 Sin Comentarios

Michael S. Castleton- Bridger

La democracia en manos populistas de debilita. De esto no puede haber duda.

En todos los países gobernados por la horda de neo-populistas que hoy padece nuestro continente la democracia se erosiona.

Lo que parecería ser el denominador común de este proceso es la falta de honestidad intelectual o si se quiere la permanente aplicación de chicanas o de la ‘viveza criolla’, que no es viveza ni por cierto patrimonio sólo de los criollos pero, en fin…

La esencia de la democracia es el respeto a sus normas , a sus formas y a su espíritu en el sentido del pensamiento de sus creadores demasiado numerosos para nombrar.

La democracia es producto del pensamiento de miles de años de preclaros hombres. Desde los griegos pasando por todas las épocas hasta Burke, Montesquieu e incluso aún mas modernos.

Se puede decir incluso que ese sistema de gobierno aún se perfecciona y que justamente esa capacidad de adaptarse del sistema es una de sus mayores virtudes.

Lo que es indudable sin embargo que la democracia por sobre todas las cosas es una estructura social que implica el manejo responsable de derechos y libertades buscando una coexistencia razonablemente pacífica en sociedad para los humanos.

Esto implica un acrisolado respeto a las instituciones del sistema tal cual los enumeró Montesquieu, un casi atávico respeto a los derechos del individuo frente al colectivo y fundamentalmente una gran dosis de honestidad intelectual a todos los involucrados en el sistema. Desde los más humildes hasta los más encumbrados.

Justamente en este aspecto es donde fallan los neo-populistas latinoamericanos por la sencilla razón de que para ellos la democracia es solamente un medio para llegar a sus fines totalitarios , mientras que , para los demócratas la democracia, es un fin en si mismo.

De ahí vemos los manejos deshonestos, las tergiversaciones al espíritu del sistema que son moneda corriente en Argentina, Venezuela, Nicaragua Ecuador y en menor grado hoy por hoy en nuestro país.

Básicamente porque los que han llegado por medios democráticos al poder en esos países no son demócratas. Son todos, sin excepción, totalitarios en sus formas de proceder y ver al mundo en aquella concepción tan difundida de haz lo que yo digo y no lo que yo hago. Son la nueva generación de auto proclamados iluminados que saben lo que es bueno para todos nosotros mucho mejor incluso que nosotros mismos.

La democracia exige el respeto de poderes, el respeto de pesos y contrapesos y la permanencia de sistemas. Ni Chávez Frias, ni la viuda Kirchner ni el propio Mujica Cordano son afines a ninguna de estas cosas. De ahí que esta gente pueda firmar que la política es más importante que el derecho. Lo que no aclaran que la política sin el respeto a las normas de convivencia codificadas en el derecho es la LEY DE LA SELVA.

Una democracia solamente es tan fuerte como la voluntad de sus integrantes para defenderla y es el peor de los sistemas hasta que consideramos la alternativas.

No debemos olvidarnos que algunos de los regímenes más salvajemente represivos y liberticidas de la historia se auto denominaban democracias en un alarde de hipocresía que asombraba.

¿Esto será lo que pretenden estos gobernantes latino americanos del tercer milenio?

Todo parece indicar que es así con sus neo-populismos autoritarios y sus ataques erosivos permanentes a las libertades y a las instituciones.

El vergonzoso episodio con Paraguay es un buen ejemplo de ese mal disimulado autoritarismo del que hablamos. También es una muestra del mal uso de las normas y por ende del abuso del espíritu, aceptado por todos, del tratado de Asunción.

La democracia es solamente tan fuerte como sea la voluntad de los demócratas en defenderla. Los que nos consideramos demócratas deberemos estar atentos y deberemos defender este sistema imperfecto quizás, pero el mejor que haya inventado la humanidad para regir sus destinos, ahora, más antes que después. De lo contrario pueda ser tarde.

El precio de la libertad duradera es la vigilancia permanente. El precio de la democracia es defenderla siempre y cuando la circunstancias lo requieran.

Rechazar o ignorar esta responsabilidad implica la derrota del sistema.

No podemos, no debemos, ni siquiera considerar esta alternativa, por nosotros y por los que nos siguen.

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