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Esta, nuestra izquierda mitrista

13/07/2012 Sin Comentarios

Mauricio di Lorenzo Lapido

“Tal vez los orientales hemos descuidado demasiado el examen de las cuestiones ligadas a nuestro interés permanente. Porque para nosotros siempre figurarán en primera categoría los asuntos de orden exterior. Así lo impone su condición precaria a los pequeños núcleos sociales. Ellos no tienen derecho a dormitar, mucho menos cuando la historia manda estar alerta.” (de Herrera, Luis A. El Uruguay Internacional., Serie Teorización Política. Edic. Cámara de Representantes de la Rep. O. del Uruguay. Año 1988. Pág. 389).

Si no estuvieran investidos de la representación nacional, cabría decir que da pena verlos tambalear aturdidos, ante el hábil manejo que de ellos hacen tanto los jerarcas brasileros como argentinos de turno. Aunque no debe sorprendernos, viniendo de nuestros gobernantes de izquierda. No solo su concepción universalista de los problemas uruguayos condiciona su accionar. También su profunda ignorancia sobre el sentido último de la existencia de nuestro País.

Para el ignorante, en política, todo empieza hoy. Debe necesariamente empezar hoy, pues al pasado no lo conoce o lo interpreta bajo rígidas concepciones apriorísticas que le impiden su comprensión. De ahí su desmedido afán fundacional.

El curso de vida de los pueblos importa. Su pasado, importa. Pasado útil, al decir de T. S. Elliot. Pasado inteligente, capaz de sustentar, de dar sentido, a una faena histórica y nacional proyectada hacia delante, como lo entendía Real de Azúa.

Quienes ocasionalmente son depositarios del mandato del soberano no pueden ni deben desconocer con quienes están interactuando cuando de relaciones internacionales se trata. No me refiero a personas. Ni siquiera a Partidos Políticos. Se trata de Estados. Y concretamente de nuestros dos grandes vecinos. Poderosos ambos. Bien diferentes. Pero linderos. Y junto a ellos, geográficamente, inmersos en la Cuenca del Plata, estamos. Hay que conocer a aquel con quien se convive. Hay que conocer su querer institucional, inteligentemente elaborado, más allá de individuos y partidos políticos.

“No hay presente ni futuro –solo el pasado que acontece una y otra vez, ahora”. (Eugene O’Neill. Una Luna para los bastardos).

Es muy riesgoso en pos de una presunta ventaja episódica, abandonar el rumbo histórico que nos ha permitido existir como estado independiente, a pesar de la Argentina y del Brasil. No se trata además de un rumbo caprichoso, reñido con la realidad, fruto de inspiraciones mesiánicas.

Se trata de la síntesis de la experiencia y del pensamiento de nuestros más destacados hombres públicos, a lo largo de nuestra vida como nación.

¿Que es el Paraguay sino nuestro socio geopolítico por excelencia? Aquel con el que hacemos balance. Aquel que otorga a la región, con su presencia, el anclaje ancestral y originario de nuestra profunda raíz americana, y con el que juntos –paraguayos y orientales- intentamos soportar la sistemática presión, política, económica y comercial de los herederos del Imperio de los Braganza y del porteño Virreinato.

Nada ha cambiado. Una vez más, nuestras ocasionales autoridades abandonan al Paraguay, a su suerte. Y suman a nuestro país, como cola de león, a los dos poderosos vecinos. Una vez más, los mitristas de turno abandonan al débil y hacen yunta con los poderosos.

Parafraseando a Herrera: Venancio Flores retoña en Mujica y el ministro De Castro en el doctor Almagro.

No es de extrañar. Ya en su momento, el prestigioso historiador argentino Jorge Abelardo Ramos, denunció la visión coincidente de desarraigo de la izquierda rioplatense con el liberalismo mitrista, respecto de la apreciación y valoración de la historia, y concretamente de los hechos que culminaron con la destrucción del Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza.

De parte del progresista, juticialista, kirchnerista gobierno argentino, nada puede sorprender. Dignos seguidores de Bartolomé Mitre y de Domingo Faustino Sarmiento, en el maquiavélico manejo de las relaciones internacionales con sus vecinos.

Y que decir del Brasil. Este de hoy, también gobernado por la Izquierda, que aún mantiene en su poder los trofeos de guerra arrancados al Paraguay, al final de la guerra de la Triple Alianza.

Pero, ¿nosotros? ¿Los orientales? ¿El Uruguay? Cómplice de esta artera maniobra contra el Paraguay, al solo efecto de habilitar el antijurídico ingreso al MERCOSUR, de la Venezuela Chavista.

Hoy, el gobierno del Frente Amplio, la izquierda uruguaya, cumple el triste e indigno papel, de dejar nuevamente solo al Paraguay. Y de esta manera, por si fuera poco, entrega a los poderosos de la región, envuelto para regalo, un invalorable antecedente de intervencionismo sobre los pequeños países vecinos. La historia los juzgará.

No todo es papel de cambio.

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