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Cual Pluna al vento

13/07/2012 Sin Comentarios

Carlos Maggi, diario El País – 08.07.12

Oscar Chaves, un mejicano talentoso, escribió sin querer el himno de los entes autónomos del Uruguay:

Un tren que corría/ por una ancha vía/ de pronto se fue a estrellar/ contra un aeroplano/ que andaba en el llano/ volando sin descansar. Todo esto sucedía/ sin saber cómo ni cuándo / y la máquina seguía/ quita guita y subsidiando.

Emociona el destino fraterno, AFE y Pluna; tierra y aire, se abrazan en un mismo crack, de “quiebra”.

Es tan perfecta la simetría que cada gobierno de turno hizo lo mismo: le otorgó una beca de por vida, a los meritorios funcionarios que participaron en el hundimiento de su empresa.

La Constitución sollozaba, dolida en su artículo 59, al cual nadie escucha: “El funcionario existe para la función y no la función para el funcionario.” Y sucedía lo contrario: la función dejaba de existir y el funcionario seguía quita guita y disfrutando.

Pero los huelguistas del cielo despreciaron el budín ofrecido; prefirieron patear el tablero: acción directa; lo cual provocó una pérdida de millones de dólares a la empresa y un desprestigio insalvable; quedó herida de muerte.

Una empresa es un conjunto de habilidades; o de falta de habilidades. Pluna volaba habilidosamente…, para el sindicato. ¿Qué socio auténtico va a aceptar ahora la inamovilidad de hecho de un personal irremediablemente perdedor y además rebelde? Los entes autónomos fueron inventados para contribuir con sus utilidades, al Tesoro Nacional; y Pluna es especialista en chuparle plata a ese Tesoro.

Pienso en las 300 escuelas de tiempo completo que pudimos construir, si no hubiera existido Pluna.

La empresa Jazz (que tenía una opción de compra para quedarse con la voladora uruguaya) huyó despavorida. Pero el Ministro Pintado que seguía teniendo fe, dijo:

- “Si Pluna se readecua, el negocio creo que puede ser muy rentable” -eso hace pensar que estamos salvados,… si Dios lo oye; y si no mira… lo que hacen los funcionarios.

Felizmente, el Presidente Mujica intervino a tiempo y dijo de manera maestra:

- No quiero que el Estado siga perdiendo plata.

COMENTO: No habrá más negocios en el aire. Se acabó la empresa que volaba tan bajito, que golpeaba contra el cordón de la vereda. Yace.

Con todo, pensándolo bien, el accidente aéreo no fue tan grave, si uno compara con la historia de UTE. Yendo a los números que nunca mienten, el caso UTE es diez veces peor que el caso Pluna. En vez de perder 300 millones, UTE camina rumbo a perder 3.000 millones de dólares (mil en 2006, mil en 2009 y seguramente, mil en 2012).

Cuando no llueve seguido, UTE paga 7,5 millones de dólares por día, para comprar en 450 dólares, cada megavatio brasileño o argentino, que Argentina o Brasil producen con 20 dólares de combustible. Nuestros socios del Mercosur multiplican su dinero por veintidós veces y media. Esa ganancia descomunal, da la medida de lo que pierde el Uruguay.

Pero esto no es todo, a la sangría apuntada se debe sumar el costo de los equipos alquilados a precio de oro, traídos en aviones gigantes; y hay que sumar a eso el gasto brutal del gasoil importado o refinado (a medias) por Ancap, que consumen las usinas normales trabajando a full.

Frente a una salida de semejante porte, UTE cobra entre 2 y 2.5 millones de dólares por día; vale decir: nadie sabe a cuánto llegará esta vez el buco que no cesa de crecer.

UTE es la única empresa que paga millones para que no le compren. UTE ignora el A B C de su oficio, su obligación primera es: producir electricidad Abundante, Barata y Constante.

Pero los responsables, hace años que dejaron de estudiar cómo se hace para producir la electricidad que se necesita.

La pregunta nacional dice: un país que no tiene petróleo, ni gas, ni carbón ¿cómo puede alumbrarse y mover su transporte y sus industrias?

Los entendidos del mundo contestan: basta con instalar una máquina que dura sesenta años y que produce un megavatio con 20 dólares de combustible. Pero los entendidos uruguayos se indignan y replican: “Ese animal no existe”; y corren a comprar megavatios producidos por los reactores argentinos o brasileños.

Es un espectáculo patético, contemplar a los técnicos locales cuando reciben los resultados de una consulta internacional. La niegan antes de entender.

En la obra de Bertold Brecht, “Galileo Galilei”, un grupo de doctores en filosofía y matemática se niegan a mirar por el telescopio, no quieren ver los astros que giran en el espacio, la realidad contradice lo que ellos creen y lo que dijo el divino Aristóteles. Es un momento que mueve a la risa; o al llanto, si uno piensa que por esa idiotez, hubo gente quemada viva, como sucedió con Giordano Bruno, víctima de la Inquisición.

Aquí y ahora, los mismos sabios que mostró Brecht, llevan siete años filosofando sin saber qué hacer; y cuando tienen una consulta que vale, la echan a la papelera.

Parecería que el ideal para UTE (una empresa altamente especializada en dejar de vender) es fundirse; así sus empleados cobrarán sin el peligroso esfuerzo de tener que pensar.

El Uruguay es un caso extraordinario: arqueólogos sutiles encontraron funcionarios excedentarios que cobran hasta sesenta mil pesos por mes; y existen en esa situación desde hace veinte años; quietos en su casa, descansando. Es una solución mucho más barata que dejar a Pluna o a UTE en pleno ejercicio de sus cometidos. ¡Qué peligro, un ente volador que no respeta la ley de la gravedad contable! Pero es peor dejar actuar al otro, el que paga por no vender y busca a tientas entre las tinieblas del Palacio de la luz.

Ancap, que se hace notar tanto menos que sus hermanos autónomos, también tiene lo suyo. Vende combustibles al precio más caro del continente y la calidad de esos productos es tan mala que los motores de las últimas usinas de UTE (que no son nada novedosas) no pueden funcionar con el gasoil que refina Ancap.

Ancap tiene un hobby, ALUR, que traga fortunas, mientras el ente no halla manera de pagar los setecientos millones de dólares que le debe a la petrolera venezolana Pdvsa; una deuda equivalente al 100% del capital de la empresa carburante.

OSE (que tiene en la Constitución una chacra de uso particular, horriblemente mal redactada), pierde entre cantegriles y caños rotos, el 40% del agua que trata y bombea.

Por supuesto, en este desfile de Carnaval (donde cada empresa se disfraza de defensor de los uruguayos, mientras explota a sus clientes sin piedad) el primer lugar corresponde a la Administración Nacional de Telecomunicaciones, también conocida como Ántel con tilde en la Á, como dice su publicidad, no se sabe porqué. Este ha de ser el ente mas prepotente y el más solapado; hace más de veinte años que viene engañando a la gente.

Uruguay es el único país de Sudamérica con costas oceánicas y sin conexión directa a un cable internacional.

Antel bloquea la fibra óptica; hizo anular la licitación para instalarla: después pretendió prohibir su uso, mediante una resolución de Directorio, luego por resolución de la Ursec, en tercer término por decreto del Poder Ejecutivo y cuando por fin, se enteró que debía adecuarse a derecho; se resignó y pidió una medida inicua: una ley que prohibiera el uso de la mejor tecnología, la que supera sus obsoletos cables de cobre, correspondientes a la telefonía fija del viejo siglo XX

¿Hasta cuándo debemos sufrir entes autónomos que arrojan pérdidas brutales? ¿Hasta cuándo, habrá monopolios que abusen de sus clientes? ¿Hasta dónde atrasará al país el interés corporativo?

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