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Anunciando el fracaso

13/07/2012 Sin Comentarios

Pablo Da Silveira, diario El País – 10.07.12

Las autoridades del Ministerio de Educación y Cultura acaban de hacer algo muy raro: en un clima de sobrio festejo, anunciaron su propio fracaso.

El viernes pasado el MEC presentó un informe que, se suponía, iba a traer buenas noticias. Pero no fue así. Los datos divulgados revelan que, entre los jóvenes de entre 15 y 18 años, la proporción de quienes no estudian ni trabajan sigue creciendo. También muestran que apenas uno de cada 10 alumnos de bajos ingresos llega a la universidad. Nuestra enseñanza sigue siendo una fábrica de desigualdad.

Las buenas noticias resultaron ser dos. La primera es que hubo una leve caída del analfabetismo. Pero esto no es gran cosa porque, dado que los analfabetos se concentran en los grupos de más edad, alcanza con que todo lo demás siga igual para que el tiempo se encargue.

La otra buena noticia es una mejora en la proporción de jóvenes de entre 21 y 22 años que concluyeron la enseñanza media (se pasó del 31,2 por ciento en 2010 al 37,5 en 2011). El Director de Educación se apuró a afirmar que esto es un “resultado de las políticas educativas implementadas”, pero eso es insostenible. En primer lugar, una variación interanual no marca una tendencia (y los datos sobre el aumento de los “ni-ni” no auguran nada bueno). En segundo lugar, el dato solo incluye a una parte de la población joven. En tercer lugar, las cifras no permiten saber si esa mejora se logró sin perder calidad.

Pero lo peor del documento es el anuncio de que la exclusión y las diferencias de logro no cambiarán “en el mediano plazo ya que no se trata de un atributo flexible de la estructura social”. O sea, las autoridades educativas pronostican su propio fracaso, con lo que aspiran a convertirse en una excepción.

Hace años que América del Sur está mejorando en materia educativa. Casi todos los países están logrando enseñar a más gente y consiguen que aprendan más.

En el Brasil de 1990, apenas el 21 por ciento de los jóvenes de entre 20 y 24 años terminaba la educación media. En 2006 ya lo hacía el 51 por ciento, y desde entonces mejoró. En Chile, la tasa de graduación pasó en el mismo lapso del 51 al 80 por ciento. En Colombia, del 35 al 60 y en México del 23 al 41 por ciento. Se trata de países con mucha población y altas tasas de crecimiento demográfico, por lo que enfrentan desafíos mayores que los nuestros.

Al tiempo que elevaban la tasa de graduación, todos esos países tuvieron avances en las pruebas PISA. En las pruebas de lectura, Chile pasó de un promedio de 410 puntos en el año 2000, a 449 en 2009. Brasil pasó de 396 a 412 puntos y Perú de 327 a 370 puntos en el mismo lapso. México pasó de 400 puntos en 2003 a 425 en 2009 y Colombia de 385 a 413 puntos, solo entre 2006 y 2009. Todos incluyeron sin perder calidad.

Uruguay no solo mantuvo su tasa de egreso de la educación media por debajo del 40 por ciento (es decir, la mitad que Chile) sino que no ha conseguido mejorar los aprendizajes. En la prueba de lectura de PISA, cayó de 434 puntos en 2003 a 426 en 2009. La evolución es parecida en ciencias y solo un poco mejor en matemática. O sea: no solo somos más expulsivos que nuestros vecinos, sino que no mejoramos como ellos.

Que esto haya ocurrido es muy grave. Que las autoridades declaren que va a seguir ocurriendo, pese a la evidencia de que otra evolución es posible, es inaceptable.

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