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Sobre episodio en Paraguay y la acción de nuestro gobierno

06/07/2012 Sin Comentarios

Jaime Trobo

La historia en este tema no tiene una ni dos semanas. Es larga como la propia peripecia oriental, como la propia peripecia paraguaya y como la propia peripecia rioplatense.

Este tema no se puede excluir de un breve análisis histórico porque entonces no comprenderíamos la gravedad que han tenido los hechos de estas horas y, por sobre todo y lo que importa al Partido Nacional la gravedad que ha tenido la actitud del Gobierno de la República Oriental del Uruguay. Hace apenas dos horas recibimos en la Comisión de Asuntos Internacionales con la dignidad que corresponde y señalo que todos los sectores políticos que la integramos tomamos la determinación la semana pasada a delegados de la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Diputados de Paraguay, quienes nos explicaron y nos dieron su visión, la visión de los paraguayos y del Parlamento paraguayo sobre la realidad institucional de ese país. Creo que ha tenido mucho valor recibir estos testimonios. Seguramente, a partir de la lectura de la versión taquigráfica vamos a tener una visión directa de lo que ocurrió días pasados.

Nosotros, que recogimos las impresiones en esta instancia no nos vamos a referir a los procesos internos del Paraguay desde la perspectiva paraguaya porque eso es algo que deben analizar ellos dentro de su país. Nos vamos a referir a los sucesos de Paraguay desde la perspectiva oriental, desde la nuestra y, precisamente por ello, tenemos que analizar cada uno de los pasos que ha dado nuestra Cancillería desde el momento que el señor Canciller Almagro salió de Río de Janeiro y llegó a Uruguay, pasando por Paraguay, Montevideo y Mendoza, y cada uno de los momentos y decisiones que tomó el Gobierno de Uruguay, que todavía no sabemos muy bien quién las adoptó: si la Cancillería, si el partido político del Gobierno o el Presidente, porque aún de ese culebrón no apareció el último capítulo.

Paraguay vivió una situación institucional compleja y puso en marcha un procedimiento previsto en su Constitución, y en el ámbito natural en el que se debían adoptar esas decisiones resolvió sustituir al Presidente de la República, instancia que fue admitida por el ex Presidente, quien se denominó como tal en el momento en que conoció la resolución del Senado.

¡Esos son los hechos! Lo demás, las consecuencias externas a esos hechos y la forma en que los países de la región los interpretaron es algo subjetivo, y tiene que ver con la visión que cada uno tiene sobre esa realidad. Esos son los hechos de la vida de Paraguay.

Hubo episodios como la llegada de los Cancilleres. Nuestro Canciller, el doctor Almagro, integró la delegación de Cancilleres que estuvo presente en Asunción de Paraguay. También participó en reuniones que se realizaron allí.

De acuerdo con las informaciones que manejamos me remito a las versiones taquigráficas de la Comisión de Asuntos Internacionales del día de hoy, en esa instancia institucional de Paraguay hubo dos episodios, y si bien no hubo una intervención directa de nuestro Canciller, sí existió una instancia en la que participó nuestro Canciller, sobre la que algún día aquí deberemos conocer la verdad y su testimonio. Será en la instancia de interpelación en el Senado o en una Comisión Investigadora, cuya creación solicitaremos, a fin de conocer cuáles fueron los pasos que dio, cuáles fueron las decisiones que adoptó, y qué escuchó y de parte de quién.

Hoy nos informaron que en una reunión en la que estaba el Canciller de la República en la Presidencia del Senado de Paraguay, el Canciller de Venezuela advirtió a los legisladores de Paraguay que las consecuencias de una decisión como la que el Senado de Paraguay se aprestaba a adoptar en ese momento cuando la decisión política estaba tomada, iba a causar graves perjuicios en el futuro a la República de Paraguay. Hoy escuchamos del Presidente d la Comisión de Relaciones Exteriores de la Camara de Diputados de Paraguay lo siguiente, “…nos llevamos una gran sorpresa cuando se paró el Canciller Maduro —realmente nos sorprendió su estilo para dirigirnos la palabra y nos dijo: “Vinimos a tenderle una mano de ayuda. Hubiéramos querido llevar un mensaje diferente al señor Presidente de la República. Por lo visto, no tuvimos la capacidad de cambiar la decisión adoptada por este Congreso. Asuman ustedes las consecuencias de los hechos”. Luego se retiran él y la comitiva. La verdad es que no pudimos reaccionar. Perdimos la capacidad de reacción porque fue un hecho que salió del tenor de la conversación. Estábamos conversando de manera muy tranquila, diplomática y pacífica, y esto nos sorprendió. Nadie atinó a decir nada. Nadie reaccionó y estábamos en hora de dar inicio a la primera sesión de la Cámara de Senadores, la Cámara juzgadora. Es así que la reunión finalizó con ese hecho”.

Si el Canciller de Uruguay, doctor Almagro, fue testigo de una conversación de estas características y si admitió que eso ocurriera en una entrevista de esas características, no tuvo la dignidad que cualquier oriental debe tener por el solo hecho de la práctica del principio de respeto a la soberanía y a la independencia de una patria independiente. Es un hecho muy grave. Es la construcción de la decisión que Uruguay fue tomando en el correr de esas horas, que tiene dos hitos fundamentales. Una instancia como las que estoy relatando ocurrió en presencia de nuestro Canciller.

Digo esto porque quiero que se sitúen en el despacho del actual Presidente de la Asamblea General, en la otra ala de este edificio, y nos digan si en una circunstancia en la que aquí se esté deliberando sobre una decisión política tan trascendente como un juicio político al Presidente de la República, se admite que algún Canciller, de cualquier país el que sea, se crea con el derecho de decirnos que la decisión política que se va a tomar va a tener tal o cual consecuencia. Es absolutamente impresentable. Solamente podría surgir de una mente autoritaria que se cree que se lleva por delante a cualquiera, en cualquier lugar y circunstancia.

El primer aspecto que constatamos es que en el proceso de toma de decisiones que la Cancillería o el Gobierno de Uruguay tuvo respecto de estos temas hay un hito que habrá que aclarar muy bien, porque si eso efectivamente ocurrió, es una vergüenza para nuestro país.

A partir de eso se construye una decisión en la cual se actúa ilegítimamente, violando las normas jurídicas que nos atan a la asociación que tenemos con Paraguay, Brasil y Argentina. No debe ser suficiente la vocinglería para tener que admitir la verdad. No se debe tratar de justificar una medida porque también la admitió otro gobernante, el Presidente de Chile o el de Colombia. Las medidas son justas o injustas, son buenas o malas, son legales o ilegales, las apoye quien las apoye.

Por eso, para nosotros, el interés nacional, el interés de la República Oriental del Uruguay, es el que debe primar en estos aspectos de la vida política del país. Por supuesto que alguien me dirá que el Presidente, concluyendo todo este largo episodio, declaró que realmente para los intereses nacionales había un beneficio. ¡Ya vamos a estudiar el beneficio! ¿Un beneficio a costa de qué? Los beneficios hay que saber medirlos. Beneficios a costa de la dignidad no son beneficios sino perjuicios. Beneficios económicos o comerciales a costa de la violación del derecho internacional son una patraña y, además, una traición.

Al principio de mi exposición me referí a la historia; Uruguay, con relación a Paraguay, tiene una larga historia. No voy a poner sobre la mesa temas que eventualmente puedan dividirnos, sino que voy a referirme a tiempos un poco más cercanos en la historia.

Hace algunos años, cuando se fundó, cuando se construyó el MERCOSUR que hoy todos, desde alguna perspectiva, defendemos, porque no se trata de decir que es hijo del neoliberalismo, ese mismo MERCOSUR que quiso y quiere profundizar el Partido de Gobierno en la anterior y en la actual Administración, ese MERCOSUR de digno nacimiento, fue el resultado de una magnífica gestión de la Cancillería oriental dirigida por el doctor Héctor Gros Espiell durante la Presidencia del doctor Luis Alberto Lacalle; no fue otra cosa que la demostración de lógica nacionalista de lo que debe ser la defensa del interés nacional. Ustedes saben que el proyecto del MERCOSUR era originariamente una idea argentino-brasileña de exclusión comercial y económica de Uruguay y también del Paraguay mediterráneo, que ha sufrido tanto durante tanto tiempo desde su mediterraneidad.

Quien analiza la historia del MERCOSUR, que surge desde el interés decidido de Argentina y Brasil de crear un mercado mutuo, cerrado, comprueba la persistencia con la que el gobierno nacionalista se incluyó en la discusión del Mercado Común del Sur y que la meticulosa redacción del Tratado estableció garantías plenas para los socios pequeños. La invitación a Paraguay por parte del Gobierno de nuestra República para integrar el MERCOSUR y construir ese proyecto económico común en lo económico y comercial es la rica historia que hoy se echa por la baranda en estas circunstancias. Si se hubiese tenido el mismo sentido de grandeza, la misma visión de apertura, la misma necesidad de trabajar hacia el futuro y comprender los fenómenos históricos en ciclos largos como deben ser comprendidos, la actitud de la Cancillería oriental en esta circunstancia hubiese sido muy diferente, y Uruguay hubiera usado su historia, sus antecedentes, su genética y su visión nacional para torcer la voluntad de los mayores que lo que han querido con esto ha sido señalar quiénes mandan en cualquier circunstancia. “Te cambio la dignidad a cambio de la posibilidad de que negocies con algún otro país de Latinoamérica”.

Si uno tuviera que calificarlo, sin llegar a la ofensa, hay un término que perfectamente encuadra en lo que ha pasado: vergüenza. Vergüenza nos tiene que dar formar parte de una corriente de incomprensión de la realidad política de un país hermano como el Paraguay y mucho más nos da vergüenza que todos los días aparezca una noticia, una declaración o un agravio hiriente a la situación del Paraguay, poniendo cada día más lejos la meta de acercarnos en lo posible y comprendernos más, cosa que tenemos que hacer.

Esto no terminó el día que culminó la cumbre de Mendoza. Si analizamos esa cumbre de Mendoza y sus resultados, advertiremos qué poca sustancia ha tenido. Por eso es difícil explicarla. Por eso, en la explicación, el Presidente ha quedado contra la pared y dice: “Yo soy el único responsable”. Y por eso lo que tiene que hacer hoy día el Presidente así como hace algunos días, el día de Artigas, pidió que los orientales nos toleráramos, es decir en una cadena de televisión a todo el pueblo uruguayo, a cambio de qué esa “realpolitik” de la que se habla cambió la posición de Uruguay en algo que, complementariamente a lo que ocurrió en este episodio, es también muy lamentable. Lo digo porque no solamente se condenó al Paraguay sin comprenderlo, sin considerar las circunstancias en la que esto había ocurrido, sin reparar en que la presión internacional se ejerció en forma grosera, irrespetuosa, irreverente al Parlamento paraguayo y a las autoridades paraguayas, sino que además, como consecuencia de esto, se suspende al Paraguay, se le desconoce. Porque el Paraguay no está suspendido; está desconocido, porque no se espera una resolución del Paraguay para una decisión que merece y necesita la resolución de ese país.

La política de los hechos consumados, la práctica del concepto imperial “yo hago lo que me parece y una vez que hago las cosas, después no se pueden reparar” es lo que ha ocurrido en estas horas. El ingreso de Venezuela al MERCOSUR nos guste o no el régimen que tiene hoy ese país es una transgresión que resulta de la violación de la independencia del Paraguay y de su soberanía. Se trata de dos hechos concatenados que hablan muy mal del proceso de la crisis en la región y hablan peor de la actitud que ha tenido el Gobierno de la República.

Y nosotros, como nacionalistas, con un sentimiento de responsabilidad de lo que debe ser el ejercicio de la práctica política y, sobre todo, la conducción de la política exterior, que hemos ofrecido al Gobierno tantas veces como fuera necesario una mano, una ayuda, un apoyo, un consejo, una opinión para los temas de política exterior, hoy nos encontramos frente a una fase terminal de una lógica política, de “realpolitik” pragmatismo que no ha llevado a otra cosa que a la vergüenza nacional.

Fuente: Actas de Cámara de Diputados

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