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Infame Presión

06/07/2012 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

A medida que pasan las horas se van conociendo pormenores de los episodios que ocurrieron en medio de la crisis paraguaya, que desencadenó uno de los fiascos históricos del Mercosur, la sanción a Paraguay y el premio a Venezuela.

Del cúmulo de información que hemos recogido, las relacionadas con la visita de cancilleres de países de la región a Asunción, tiene episodios inefables, que si no fuera por su dramatismo o gravedad podrían integrar capítulos de una novela de intriga. De estos ya se conocen los que protagonizó el canciller Venezolano, que hizo gala de su habitual desfachatez y prepotencia, advirtiendo a quien lo quisiera escuchar, que si en el Paraguay la situación no tomaba el curso que era de interés de Chávez y su equipo, este país iba a “sufrir graves consecuencias”. Lo penoso, y grave para nuestro País, es que en alguna de las ocasiones en los que se configuró presión e intervención en asuntos internos del Paraguay en las prácticas de Maduro el canciller de Chávez, lo acompañaba nuestro canciller Luis Almagro.

Hay al menos dos episodios que han sido denunciados como de grosera intervención, el de la reunión con los jerarcas de las FFAA Paraguayas, a quien les reclamó que desoyeran la voz del Senado y proclamaran en un comunicado público el apoyo incondicional al ex Presidente Lugo como jefe de las fuerzas paraguayas aún cuando éste fuera destituido. El otro, en el Senado Paraguayo, ante el Presidente de ese Cuerpo y varios parlamentarios, ocasión en la cual Maduro además de Almagro estaba acompañado de otros cancilleres, y allí advirtió sin temor ni prejuicios a los legisladores sobre las “graves consecuencias que tendría la decisión política del Senado, en caso de aprobar la destitución de Lugo”.

En torno a la crisis paraguaya hay cantidad de episodios, a la luz de los cuales podemos realizar varios enfoques y análisis. Hemos elegido éstos, porque nos parecen claramente demostrativos del talante que dominó la actitud de funcionarios extranjeros, que visitaron Paraguay en esas horas bajo el título de una misión de buenos oficios para acompañar el buen juego de las instituciones. Sin embargo la misión, en la que también estaba nuestro canciller Almagro, cometió imperdonables actos de intervención en asuntos internos como los que han tomado estado público.

Sólo el estoicismo de los paraguayos, y su responsabilidad para transitar la crisis sin responder a provocaciones exteriores, les resguardó de no haber sido echados a patadas en el trasero, que es lo que correspondería a los que en actitud infame quisieron imponer sus criterios e intereses a una nación independiente y soberana.

Lo que nos apena profundamente, es enterarnos que nuestro canciller formó parte de la excursión infame encabezada por Maduro, el canciller de Chávez, y de los pasos que dieron y las actitudes que tuvieron en el correr de su estadía asunceña. Almagro debe explicar con precisión los términos de las reuniones en las que participo en esos días, y revelar hasta que punto nuestro país se comprometió silenciosamente con una estrategia intervencionista que desprecia las mejores tradiciones de nuestra política exterior.

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